CULTURA

No me arrepiento de este amor: a 25 años de la muerte de Gilda 

El siete de septiembre se cumplió un nuevo aniversario del accidente en el que murió la cantante argentina. ¿Por qué su música sigue vigente? ¿Qué hay detrás del mito que la inmortalizó?

Gilda, cantante argentina
Gilda, cantante argentina. Foto: La Nación / GDA

"Bueno, les cuento”, dice Sandra Smith mirando a cámara. “Ella es una verdadera diosa, es un talento de la música tropical. Se nos está por ir a Entre Ríos y a Corrientes. ¿La presentamos? Gilda”. Entonces suenan los primeros acordes de Fuiste, que son los primeros acordes de una oda al desamor, que son los primeros acordes de un himno tropical. Entran en plano seis músicos. Se escucha la ovación del público amontonado en los estudios de televisión de Estrellas Producciones y, desde el fondo, con un vestido blanco que no le llega a las rodillas, una remera negra por debajo, unas botas igual de blancas y el pelo suelto cayendo pesado sobre la espalda, aparece ella: etérea, delicada, sutil, sonriente, fina, angelada. Ella dispuesta a desparramar su encanto, a conquistar a cada persona que esté mirándola. Ella, Gilda, que es Miriam Alejandra Bianchi, una mujer de Buenos Aires de 34 años que llegó a la movida tropical para revolucionarlo todo, para cambiar las normas, para cumplir un sueño: que la gente la conozca, que cante sus canciones, que grite Gilda, Gilda, Gilda.

Es 7 de septiembre de 1996 y después de Fuiste Gilda canta Paisaje, una versión cumbiera de esa canción de Franco Simone que dice “tú no podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededor”, baila como se baila la cumbia pero nunca se sale de sus líneas, no pierde la sutileza ni la elegancia, mueve la cabeza, mira a cámara y, en un primer plano de su cara, dice: “Tú me das la fuerza que se necesita para no marchar, tú me das amor”.

Lo que sigue es una historia conocida: horas después de presentarse con sus músicos allí, en el programa Todo ritmo, Gilda, parte de su familia y su banda iban camino a Entre Ríos -provincia argentina- por la ruta número 12 cuando en el kilómetro 129 un camión embistió de frente al micro en el que viajaban.

Lo que sigue es, quizás, otro comienzo, otra historia: la muerte de Gilda: el nacimiento del mito: la creación de la santa: la argentinidad al máximo: la expansión de la pasión a todas partes, que cruzó un río y llegó para que acá, de este lado, también cantáramos, con la boca exageradamente abierta, con el cuerpo entero, esa canción imbatible que dice: “No me arrepiento de este amor aunque me cueste el corazón”.

El pasado 7 de septiembre se cumplieron 25 años de ese día, el día de la muerte de Gilda. En Argentina -cuándo no- lo celebraron. El sello Leader Entertainmet sacó el disco #Gilda25años, en el que artistas como Soledad Pastorutti o Natalie Pérez reversionan los clásicos de la artista. Los fanáticos de todas partes la llenaron de homenajes. La cuenta de Instagram Adorable Gilda, por ejemplo, le pidió a Sandra Smith que reconstruyera aquella presentación en Todo ritmo -su último show-. También hizo un posteo con una foto de su cara que dice “Dejale un mensaje”. Los comentarios a esa foto son, más o menos, así: “Siempre en mi corazón. Te amo como el primer día que escuché tu voz en la radio”; “Te amo mi Gilda. Siempre serás mi ángel protectora y te llevaré hasta que me vaya con vos”; “Nos dejó muy temprano pero se hizo inmortal con su música”.

Se hizo inmortal con su música. Seis palabras: esa es la clave, el otro comienzo, la otra historia. ¿Por qué se hizo inmortal? ¿Por qué los argentinos le rezan? ¿Por qué pasan estos fenómenos en Argentina? ¿De qué está hecho el mito de Gilda, la leyenda de Gilda, la eternidad de Gilda?

El triunfo cultural de la cumbia 

Si se escribe en YouTube Cumbieros vs aliens aparece un video que muestra esto: un hombre de traje negro le dice a unos aliens que los necesitan para parar el fenómeno de la música tropical. Ya lleva 10 años, dice el hombre y está creciendo de forma preocupante. Contamos con ustedes, sigue, para frenar esta movida aquí en la Tierra. Y entonces bajan del cielo cinco aliens y se enfrentan a un ejército de cumbieros que avanza con carteles y pancartas, liderado por Ricky Maravilla, uno de los primeros referentes de la movida tropical en Argentina. Ricky dice: “Ya sabemos que a ustedes los enviaron para alejarnos de nuestra música (...) pero no van a poder. Aunque ustedes tengan armas y tecnología, nosotros tenemos el corazón de un pueblo y un ángel en el cielo que nos protege”. El video es de 1999 y el ángel es Gilda. Al final, todos, cumbieros y aliens, terminan bailado Corazón valiente.

El video funciona como una representación perfecta del avance de la cumbia, a partir de 1990, desde la periferia hacia el centro. Porque la cumbia, como el tango, se desarrolló en las orillas: en sus comienzos era la música de los márgenes. En sus comienzos era la música “grasa”.

“Gilda no se explica sin el triunfo cultural de la cumbia en Argentina”, dice Alejandro Seselovsky, periodista argentino. “Hasta el menemismo, en la década del 90, la cumbia no se escuchaba en las clases medias, era despreciada por las clases medias. Se escuchaba en el interior pobre y negro y se escuchaba como una música desprestigiada. Entonces, en 1990 se produce una reconversión social muy grande y la cumbia cruza la frontera de clase y empieza a ocupar el centro”.

La cumbia en los salones, la cumbia en los casamientos, la cumbia en las discotecas, la cumbia en la ciudad, la cumbia mientras el rock pierde rebeldía, la cumbia como revolución. Y en el medio, ella, que no se parece en nada a la cumbia pero que la hace suya y la realza, la amplía.

Ella, Miriam Alejandra Bianchi, una chica de la clase media porteña que escucha Sui Generis y es maestra de jardinera, un día decide que lo va a dejar todo por la música. Y el lugar que encuentra para ponerle cuerpo al sueño es uno que no le pertenece pero no le importa: tiene 30 años y escribe unas canciones de amor que dice con voz suave y a base trabajo y sobre todo de insistencia, logra entrar y hacerse conocida en un ámbito que, hasta entones y salvo excepciones - Gladys la Bomba Tucumana o Lía Crucet- era de varones.

Gilda “le da anchura a la cumbia, porque en ese momento era más angosta. Eran artistas del interior los que la hacían. Gilda le da una porteñidad, una especie de blancura de clase media. Es una porteña cantando cumbia y eso era raro”, dice el periodista.

Después todo pasó demasiado rápido: Gilda cantando en Buenos Aires, Gilda viajando al interior del país, Gilda de gira en Perú y en Bolivia, Gilda sacando discos, Gilda dando entrevistas, Gilda abrazando a los fanáticos, Gilda explicándole a una señora que ella, en realidad, no hace milagros, Gilda cantando canciones de amor, Gilda escribiendo canciones perfectas, Gilda sin perder la dulzura, Gilda rompiendo estructuras, Gilda aclamada, Gilda consagrada.

Y entonces, sin que nadie lo espere, a cuatro años de haber empezado a cantar: Gilda muerta.

“La muerte de Gilda, así como la de Eva Perón, son muertes tempranas, traumáticas, son hachazos, cuchillazos sobre el lienzo de la historia, que vienen a dejar inmortalizada a la persona que muere. Porque muere y nace el mito. Si Gilda hubiera vivido 70 años, por ahí ese mito no tendría la fuerza que tiene hoy”, sostiene el periodista.

“La muerte joven congela, galvaniza, te fija, como quien fija un tuit. Porque es una muerte abrupta, inesperada, es un accidente. De hecho Gilda muere en un accidente. Ese accidente es la metáfora perfecta del accidente de su obra. Porque Gilda es un accidente dentro de la cumbia argentina y eso es lo que la transforma en mito”.

Desde entonces, en el lugar donde murió, hay un santuario. Lo construyó un hombre que vive allí, Carlos Maza, herrero. "Yo no hice un santuario, ese nombre se lo pusieron los medios, la gente. Mi objetivo era hacerle un monolito, un lugar donde poder recordarla", dijo a la agencia Télam en 2016. "Después entendí que era algo personal. Mi segundo hijo nació con cáncer y pocos días antes de la cuarta operación, veo en la tele a una nena llorando que contaba que su madre se había curado con Gilda. En ese momento pensé: ¿Por qué no a mí?". 

Si hoy uno busca fotos del santuario se ve un galpón repleto de flores, fotos de la cantante, velas, rosarios, cuadros, pinturas, banderas de Argentina y una de Uruguay, ropa, zapatos, vírgenes, imágenes de Jesús, cartas, pedidos, agradecimientos, rezos.

Gilda: la Santa de la Bailanta. Gilda como la fe argentina y popular. 

Ustedes, dice Seselovsky hablando de los uruguayos, no tienen esto. Quizás se explica porque Argentina es un país de fuerte tradición católica y Uruguay no. Quizás Uruguay es menos místico. Quizás por eso en Argentina los mitos, la fe, los santos y los milagros florece con tanta fuerza, con tanta facilidad. “Es como si creyéramos en la magia. Tenemos ganas de creer en la magia más que otros países”, explica el periodista.  Quizás por eso Gilda y siempre Gilda, la argentina, la de las canciones de amor, la santa, la milagrosa.

Natalia Oreiro y la película
Oreiro es una fanática de Gilda que concretó su sueño de homenajearla, ahora con un show. foto: Difusión

En septiembre de 2016 se estrenó la película Gilda, no me arrepiento de este amor. Dirigida por Lorena Muñoz, Natalia Oreiro se pone en la piel de la actriz con una similitud física que es asombrosa. Hay quienes dicen que el de Gilda es el mejor trabajo de la uruguaya en actuación.

“Yo soy fanática de Gilda desde muy chica. Cuando admirás a alguien a ese nivel, no existe una explicación. En principio me impactó su forma de cantar, su voz súper dulce, sus letras que eran propias, con las cuales yo me identificaba. Pero claramente hay algo que tiene que ver con su energía y su luz y que trasciende cualquier momento y que a mí me pegó de una manera muy especial. Estuve muchos años queriendo interpretarla, era como un sueño”, contó Oreiro en una entrevista. Para componer al personaje, la actriz se reunió con conocidos de Gilda que, entre otras cosas, le prestaron vestuario original de la cantante.

A partir de la película, estrenada a los 20 años de su muerte, Gilda volvió a estar en la conversación y en la portada de todos los medios.

El elenco lo completan Ángela Torres, Lautaro Delgado y Roly Serrano, entre otros.

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