La Kingda Ka

MARTÍN FABLET

Por lo que pude averiguar, la primera montaña rusa de la que se tiene noticia se instaló en 1815 en el parque de atracciones parisino conocido como Tívoli. Desde entonces, este tipo de atracción ha cautivado al público temerario, superándose continuamente en velocidad, altura y giros encadenados.

El leit motiv de estas torturas mecánicas se centra en colocar un coche o tren de coches a una altura determinada. A partir de ese momento, su movimiento se basa en la conversión de la energía potencial acumulada en energía cinética, nuevamente en potencial al subir y nuevamente en cinética al bajar, hasta que el rozamiento acaba disipando esa energía y el carrito se detiene (A veces necesita la ayuda de frenos activados por el señor que recolecta los boletos).

Aquí, en Uruguay, la montaña rusa del Parque Rodó, no es muy vertiginosa, aunque algunos sostienen que fue la responsable de aparatosos accidentes. También un tornado supo voltearla, allá por la década del `60. Todo ello resulta un buen incentivo para aquellos que gusten de disfrutar el sabor de lo aparentemente peligroso.

Los accidentes mortales en verdaderas Roller Coasters están a la orden del día. No solo debido a desperfectos mecánicos, sino también coronarios.

En el 2003 una persona murió y diez resultaron heridas al descarrilar un vagón de la montaña rusa Big Thunder Mountain en Disneylandia. En el 2005, sesenta personas resultaron heridas a causa de un choque entre dos carritos del circuito de la montaña rusa California Screaming. El año pasado, una persona falleció y otras 19 resultaron heridas al registrarse un accidente entre carros de una montaña rusa en el parque de atracciones de Suita, Japón. Todo este folklore trágico, detrás de las Roller Coaster, no hace más que generar curiosidad y adicción.

Los aficionados gustan de ranquear este tipo de atracciones por cantidad de gravedades o fuerzas G que generan. (Tanto sean positivas, como las horrorosas negativas). Personalmente, las ranqueo por la cantidad de gritos que generan.

Hace un par de años, tuve la triste idea de montarme en la Kingda Ka: la más monstruosa de todas las montañas rusas. Se encuentra en el parque de atracciones Six Flags Great Adventure en Jackson, New Jersey. Fue inaugurada en el 2005, como parte de una nueva área del parque llamada The Golden Kingdom.

Cuánto arrepentimiento y congoja sentí estando sentado en el carro, al ver que ya no podía bajarme y que me esperaban 59 segundos del más absoluto terror. La montaña tiene una altura de 139 metros y para alcanzarla, el carrito debe acelerar a unos 240 km/h, y lo peor es que los hace en 3,5 segundos (más de lo que acelera un Fórmula 1). No podía creer lo que estaba sintiendo. Durante el paseo, si es que así se puede llamar, es imposible distinguir objetos, solo se ven colores. Ni gritar pude, todo es desesperación. Realmente, parece que vas a morir, y así algunos lo hacen. Les recomiendo ver videos de esta montaña rusa en Youtube.

Si usted es como yo y le gustan las emociones moderadas, a lo mejor le convenga instalarse una montaña rusa en el jardín de su casa. Un ingeniero de nombre John Ivers pretende comercializar su Blue Flash. Es una montaña rusa doméstica, sólidamente construida que cuenta con un recorrido de 30 segundos y hasta tiene un loop de 360 grados. Su precio aún es desconocido, pero seguramente lo amortice con los chiquilines del barrio.

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