TANIA ARAYA Y DANIELA MOHOR *
Sucede de manera recurrente: una mujer se siente cansada, le cuesta dormir, come con voracidad y se le aprieta el pecho o el estómago. Esta mujer, en principio, no padece ninguna enfermedad ni un trastorno mental o físico. Simplemente es presa del estrés. Un estrés cotidiano, que muchas veces ella ha incorporado a su día a día como algo normal, como parte de la vida.
"El estrés tiene un valor adaptativo, pero cuando es excesivo o se prolonga en el tiempo se convierte en estrés crónico y puede favorecer la aparición de enfermedades", explica el psiquiatra chileno Enrique Jadresic, de la Clínica Las Condes.
Y eso es lo que tiene a especialistas de todo el mundo en alerta. Las demandas de la globalización y, en las mujeres, la presión por la multitud de roles, está convirtiendo el estrés crónico en una especie de epidemia que de manera solapada causa patologías que hace algunas décadas no se relacionaban con él.
El estrés crónico no es producto de un suceso en particular, una pelea, un despido, una tarea difícil; es un estilo de vida que mantiene a la persona en un permanente nivel de alta exigencia y provoca así cambios fisiológicos que a la larga enferman: depresión, trastornos de ansiedad, problemas alimenticios, osteoporosis, envejecimiento, autoinmunidad, diabetes, aumento de la presión arterial, disminución del crecimiento, de la capacidad reproductiva y de la memoria, son algunos de los males a los que puede llevar. En las mujeres en etapa de gestación, además, puede provocar abortos espontáneos, trastornos en el embarazo, parto prematuro, bajo peso del niño al nacer, alteraciones en el desarrollo y predisposición del niño a enfermar y a sufrir trastornos neurológicos y psiquiátricos.
ELLAS SON MÁS SENSIBLES. El estrés afecta más a las mujeres que a los hombres. Jadresic explica que ellas suelen ser más reactivas a los estímulos negativos y eso las hace más vulnerables a trastornos emocionales. También son más sensibles a los cambios hormonales y tanto su sistema nervioso autónomo como sus ejes neuroendócrinos son más delicados.
Bruce McEwen, profesor de neurociencia y director de un destacado laboratorio de neuroendocrinología en la Universidad Rockefeller, en Estados Unidos, es uno de los pioneros en la investigación del efecto de las hormonas del estrés sobre el cerebro. Explica que hombres y mujeres no enfrentan la presión de la misma manera. "La diferencia principal está en la estrategia que utilizan. Con el estrés, las mujeres tienden a estar más dispuestas a buscar interacciones sociales, mientras que los hombres tienden a ponerse metas específicas. Con el estrés severo, las mujeres tienen más trastornos ansiosos y depresión que los hombres, mientras que ellos muestran más abuso de sustancias y conductas antisociales".
Jorge Santiago, médico de la Universidad de Buenos Aires y especialista en psiconeuroinmunología, dirigirá el simposio dedicado al estrés crónico en el Congreso Mundial de la Salud Mental de la Mujer, que se realiza este mes. Él dice que las mujeres, sin embargo, poseen mayor cantidad de recursos para afrontar al estrés que los hombres, ya que tienen más facilidad para formar redes de solidaridad, que constituyen un apoyo antiestresor. "Las hormonas femeninas, como los estrógenos, son protectoras. Asimismo la oxitocina, que contribuye a regular el sistema fisiológico del estrés desde los niveles de la corteza prefrontal", explica.
Una encuesta de la Organización Mundial de la Salud, realizada en 15 países, indicó que las diferencias de género en el estrés tienen que ver con los roles. Y en todo el mundo las mujeres sufren más de depresión que ellos, comenta Anita Riecher-Rössler, psiquiatra y directora del Centro de Investigación y Detección Temprana de Psiquiatría, de la University Clinics, en Basilea, Suiza.
A su vez, las tasas de depresión en la mujer aumentan en los países con roles de género más tradicionales. En algunos sitios la violencia en contra de la mujer también es un factor de estrés crónico. "Hay tantas mujeres maltratadas por sus parejas o en su trabajo, que sufren de discriminación, no reciben el mismo sueldo o las mismas oportunidades de carrera que los hombres. Muchas veces están en una posición de dependencia en la casa o en el trabajo, sin poder determinar su propio futuro, y esto es un factor de estrés crónico", agrega Riecher-Rössler.
REAL O IMAGINARIO. El estrés, explican los especialistas, es una reacción del ser humano frente a estímulos ambientales y es esencial para la vida y el proceso de adaptación al entorno, en un mundo de cambios permanentes. Siempre ha existido, pero han cambiado los factores que lo generan. "En la actualidad, se relaciona menos con el riesgo vital y más con la obligación de cumplir metas en un período corto de tiempo, alcanzar una posición económica, adquirir alguna forma de poder o estatus y, especialmente en el caso de la mujer, con la necesidad de desempeñar múltiples roles simultáneamente", explica Jadresic.
El médico Santiago asegura que las circunstancias aceleradas de la vida moderna hacen que cada vez haya más estresores, reales o imaginarios. Esto lleva a que el estrés sea actualmente el mayor causante de patologías. Por ejemplo, para un oficinista, el temor a ser despedido es un estresor (imaginario) que produce los mismos cambios fisiológicos del hombre de la Edad de Piedra. "Pero el hombre moderno tiende a mantener la situación estresante día a día, entonces sus sistemas fisiológicos se sobrecargan predisponiendo a la enfermedad".
Bruce McEwen, de la Universidad Rockfeller, ha demostrado que regiones cerebrales como el hipocampo, la amígdala y el cortex prefrontal responden al estrés agudo y crónico remodelando su estructura, lo que altera las respuestas fisiológicas y de comportamiento.
Estas alteraciones pueden tomar diversas formas. Estudios han revelado que el volumen del hipocampo es menor en las personas que están en condiciones de estrés. Las investigaciones también han identificado una leve deficiencia cognitiva en el envejecimiento, importantes y prolongadas enfermedades depresivas, así como una baja autoestima en las personas estresadas. Uno de los efectos más comunes del estrés, explica McEwen, es la falta de sueño, que tiene efectos serios sobre la salud.
EDADES DE ALTO RIESGO. Es en los períodos transicionales de la vida cuando el riesgo de estresarse (y eventualmente de enfermar) de la mujer es mayor, asegura Jadresic. El impacto es distinto según la fase del ciclo vital femenino de que se trate. No es lo mismo enfrentar el estrés en la pubertad o la adultez, con o sin hijos. "La mujer es más vulnerable cuando los cambios son de mayor envergadura, y, sobre todo, si se suceden unos a otros muy rápido, sin que el organismo tenga posibilidad de recuperarse. Por eso, se estresan menos las que se preocupan de espaciar el nacimiento de sus hijos".
Un período transicional difícil para ellas es la llegada del primer hijo. Tanto desde el punto de vista psicológico como biológico es un hito que, a veces, desestabiliza no sólo la salud materna sino también el funcionamiento y el bienestar familiar, dice el psiquiatra. El retorno al trabajo después de la maternidad es otro difícil período, por la diversidad de requerimientos que enfrenta la mujer.
También la transición perimenopáusica es una época de alto riesgo. Al déficit de estrógenos durante este período, se suman experiencias asociadas a la pérdida -hijos que se van, belleza física que se desvanece, salud que se deteriora, padres que fallecen-, lo que produce el riesgo de cuadros depresivos.
Para prevenir el estrés crónico, los expertos concuerdan en que es necesario reducir el nivel de exigencias, un descanso adecuado, comer saludable, hacer ejercicio de manera regular, rutinas de relajación, tiempo de ocio y diversión, compartir con la familia y amigos. "Es importante fortalecer las características de resiliencia, saber que más que el evento de vida, es más importante el modo como evaluamos lo que nos sucede, fortalecer la autoestima", dice Santiago.
Jadresic recomienda no tener más de un "evento vital" -todo suceso de envergadura- cada seis meses. Por ejemplo, si uno se va a mudar o si se va a casar un hijo, es recomendable no comprometerse con otras cosas importantes en el mismo período para que el organismo alcance a recuperarse del desgaste que ocasiona esa exigencia. * El Mercurio/GDA
LAS ENFERMEDADES QUE PUEDE CAUSAR
El especialista en psiconeuroinmunología Jorge Santiago señala los cambios a distintos niveles del cuerpo humano producto del estrés crónico, y cómo a partir de estos se desencadenan enfermedades:
CARDIOVASCULAR: Aumenta la presión arterial, la viscosidad de la sangre, predisposición a la formación de trombos.
INMUNOLÓGICO: Disminuye la capacidad de respuesta inmune; predisposición a alergias y autoinmunidad.
DIGESTIVO: Disminuye la capacidad protectora de la mucosa gástrica; predisposición a gastritis y úlceras.
REPRODUCTIVO: Disminuye la capacidad reproductiva.
PSIQUIÁTRICO: Predispone a la ansiedad y depresión.
NERVIOSO: Disminuye la memoria de largo plazo, atrofia neuronal en hipocampo.
HUESOS: Predispone a osteoporosis.
PIEL: Atrofia de la piel.
CROMOSÓMICO: Disminuye la capacidad de regeneración de los cromosomas (envejecimiento).
CRECIMIENTO: Disminuye la hormona del crecimiento.
METABÓLICO: aumento de la glicemia y de las grasas como el colesterol y triglicéridos que predisponen a la diabetes y síndrome metabólico.
Además, durante la gestación, puede producir: aborto espontáneo, trastornos en la gestación, parto prematuro, bajo peso al nacer, alteraciones en el desarrollo y predisposición del niño a enfermar y a sufrir trastornos neurológicos y psiquiátricos.