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Diario íntimo: un tesoro que atravesó generaciones y ahora vuelve en forma de apps

Los diarios íntimos han existido siempre; ahora hay Apps. que facilitan la tarea de escribirlos

Diarios íntimos
Diarios íntimos

Era azul y en la tapa tenía una flor. A la flor no la recuerdo. No era muy grande pero tenía el espacio suficiente para poder escribir unas líneas de colores y dibujos que lo hacían más lindo, más personal. Tenía un candado y una llave que llevaba siempre conmigo enganchada en una pulsera. Las hojas eran blancas y tenían la misma flor de la tapa en los márgenes. No lo escribía todos los días, pero a cada página le ponía fechas. Todos los textos empezaban con un “hola”, como si lo que viniera después fuese una conversación en la que yo hablaba y él, escuchaba. Y yo le contaba sobre lo que había hecho en el día, si me había peleado con mis hermanos y hermanas, si me había pasado algo extraordinario o algo muy triste.

Al diario de la flor lo perdí, pero después vinieron otros, en su mayoría cuadernos, en los que escribía lo que se me venía a la cabeza, en cualquier momento. Después pasé a una libreta y por último, a un blog. Todos con la misma lógica: escribir lo que me pasa y que de otra forma se quedaría adentro. El diario íntimo como objeto, con una llave que guarda lo más personal de cada persona que lo escribe, ya no existe como tal. Existe en el recuerdo, en alguna caja que guarde cuestiones de la infancia o adolescencia, en algún nostálgico que creció en los ochenta y noventa que aún lo conserva.

“El domingo L. leyó La habitación de Jacob. Estima que es mi mejor obra. Pero la primera observación que hizo fue que está pasmosamente bien escrito. Discutimos al respecto. Dice que es una obra genial; considera que no se parece a ninguna novela; afirma que los personajes son fantasmas; dice que es un libro muy extraño; asegura que carezco de filosofía de la vida; mis personajes son títeres que el destino mueve hacia aquí y hacia allá (...) He quedado con la mente tan afectada que no puedo escribir estas líneas con el rigor formal que merecen; estoy ansiosa y excitada. Pero, en términos generales, me siento complacida”, escribía en su cuaderno Virginia Woolf el 26 de julio de 1922.

Es que los diarios personales han existido desde siempre y grandes escritores han sido cultores de ellos hasta el punto de convertirlos en un género literario en sí mismo. Al igual que la inglesa, Alejandra Pizarnik, Franz Kafka, Fernando Pessoa y tantos otros, han dejado evidencia de su yo más profundo en diarios, un estilo en el que la vida y la literatura se interpelan, que fueron publicados. Leerlos es entender sus entrañas, sus monstruos, sus motivaciones, pero también, su contexto y su tiempo. Quizás el ejemplo más conocido sea el diario de Ana Frank, la niña judía que relató sus días de clandestinidad durante la ocupación nazi.

Ahora, más allá de los escritores y escritoras, aunque el candado y la llave en la pulsera ya no son corrientes, hay quienes los siguen escribiendo, a veces en cuadernos, a veces en libretas o incluso, en blogs personales. Y, justamente, con los blogs y las redes sociales, aquello que antes quedaba relegado a las páginas de un cuaderno o una libreta, en las últimas décadas ha tomado un carácter que sigue siendo privado, pero que tiene acceso público. Es decir, son piezas íntimas que ven la luz.

Con la necesidad de expresar lo que está adentro y que de otra forma no puede salir o con la intención de dejar un registro de la vida como principales fines, los diarios íntimos y personales han cambiado de formato, se han adaptado, pero no han dejado de existir.

Dejar huella

Escribir es inmortalizar algo, hacerlo eterno, dejar un registro de existencia. Es hacer tangible los pensamientos, las ideas, los sentimientos. Y en ese hacer real, también hay algo de dejar una marca, una huella. Pero llevar un diario íntimo supone, en principio, el desarrollo de un hábito.

“Quiero que, si llego a tener hijos, algunas cosas queden documentadas. Siempre tuve la fantasía de mostrarle a mi hija —o hijas— si tengo, mis cuadernos. Creo que así comprenderían más quién soy”, cuenta Agustina Sanner, que tiene 24 años y dice que siempre le gustó tener libretas y agendas a mano donde escribir y en los “últimos meses se intensificó” su deseo de llevar un diario. “Tengo esa loca teoría de que si algo no está escrito’ (lápiz y papel) es como que no pasó. Además, tiene cierto encanto llevar anotaciones”. Por eso, cada vez que sale lleva su cuaderno de tapa dura, por más que sepa que no lo va a utilizar, dice, necesita tenerlo con ella por alguna idea se le viene a la cabeza.

A los 12 años, cuando Camila Diamant empezó a escribir en un diario, puso: “Escribo para que la Camila del futuro pueda leerme y se acuerde lo que es tener doce años”. Y así, conservó el diario hasta los 18. “Fui una niña con mucho mundo interior y supongo que sin saberlo estaba creando un remedio preventivo contra el olvido, contra la tendencia adultocentrista a subestimar el universo de los niños. Siempre tuve la necesidad de generar una narrativa de mi vida y de expresarme por escrito. Hay algo de catártico, pero también algo de orden, de ordenar el caos interior”, cuenta.

En su caso, dice Camila, llevar un diario se convirtió, con el tiempo, en una forma de conocerse mejor: “Generar una narrativa de mi vida, crear algo material en base a mis ideas, sensaciones, sentimientos. Poder releerme, repensarme. Ver mis repeticiones y mis cambios”.

Una nueva forma

Quedan algunos románticos que defienen la escritura a mano, pero lo cierto es que cada vez hay más opciones para escribir de forma más rápida sin necesidad de cargar siempre con el cuaderno o la libreta. Ya no nos referimos a la escritura en la computadora, sino que existen unas cuántas apps que funcionan como diarios personales.

Diario, es una de las más conocidas. Está disponible para iPhone y Android y funciona como una agenda personal en la que permite incluir textos e imágenes, así como también agruparlos por etiquetas para que queden ordenados por temática. Journaly, en tanto, funciona como una línea del tiempo que permite llevar un registro de las actividades día por día. En caso de que un día el usuario se olvidara de escribir, la aplicación completa la fecha automáticamente con los datos de la ubicación del celular, las fotos tomadas en el día y el clima. También está disponible para iPhone y Android.

En el caso de Momento, es una app exclusiva para iPhone y iPad y permite llevar un diario personal pero de forma multimedia, es decir que a las notas de todos los días se les puede agregar audios, videos y fotos. Por último, Diario íntimo es una aplicación que requiere de la creación de una cuenta con contraseña. Ya no está el candado con la llave, pero estas apps cumplen con el mismo cometido: llevar un registro de nuestra vida, solo por la necesidad de escribirnos.

Diarios publicados

Alejandra Pizarnik
Alejandra Pizarnik
Morir escribiendo

La argentina empezó a escribir sus diarios a los 18 años y desde el comienzo se lee cierto coqueteo con la muerte y con la idea de suicidio, que concretó a los 36. “¡Morir! ¡Claro que no quiero morir! Pero, debo hacerlo. Siento que ya está todo perdido”, se lee en su primer diario, que luego de su muerte fue publicado. La prosa y la poesía de Pizarnik, aunque no forman parte de su diario, es siempre íntima y permite acercarse a su vida y su obra.

Franz Kafka
Franz Kafka
Más allá de la literatura

Entre 1910 y 1923, el autor de La metamorfosis escribió 12 cuadernos con reflexiones sobre la literatura, el amor, el sexo, sus amigos; también con relatos completos y anotaciones a sus márgenes. “Los espectadores se ponen rígidos cuando pasa el tren”, se lee en la primera página de su primer diario. En el último, intenta poner en palabras el angustiante ejercicio de la escritura.

Virginia Woolf
Virginia Woolf
Días y sombras

La escritora inglesa es, quizás, una de las mayores referentes de los diarios personales. Es que, desde 1897 y hasta el final de su vida, la autora se dedicó a registrar diariamente sus actividades y reflexiones: sobre su vida, sobre sus libros, las compras, la Guerra, su esposo y amistades, sus alegrías, sus depresiones. De esa forma, llenó 30 cuadernos sobre su vida, que luego fueron publicados en cinco tomos.

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