TOMER URWICZ
Una pareja de recién casados pasea de la mano por las arenas blancas de Joao Fernandes. Al rato, se sientan en unas reposeras y encargan dos caipirinhas. Aprovechan su luna de miel en el balneario de la pasión. Pero, ¿Buzios es solo para enamorados?
No. Esta península situada a poco más de dos horas de Río de Janeiro (a 190 kilómetros de distancia), es un lugar ideal para los amantes de los deportes marítimos y para quienes disfrutan de los paisajes que mezclan playa y vegetación.
Buzios es para los cariocas su lugar de descanso los fines de semana (las casas mantienen el estilo de Punta del Este). Para los turistas, sin embargo, es el encuentro con una fauna y flora que difícilmente puedan ver en otros lugares.
Basta con sumergirse en las aguas de alguna de las más de veinte playas del balneario para toparse con peces de colores, corales y, si la suerte acompaña, tortugas que dan nombre a varios de los centros turísticos. En todos los sitios costeros se pueden alquilar equipos de esnórquel y lentes submarinos a unos 150 pesos uruguayos.
Las playas del Norte, como la Joao Fernandes, se caracterizan por la tranquilidad. Son la mejor opción para pasar la tarde y llevar a los más pequeños. Al Sur, el océano Atlántico entra con fuerza y las olas son ideales para el surf y la acción.
En cualquiera de estos bellos puntos costeros hay sitios de comidas y bebidas. Un trago promedio (con alcohol) cuesta 150 pesos uruguayos. Los platos, en su mayoría con comida de mar, cuentan con promociones para dos personas y el precio promedio es de 500 pesos.
La temperatura permite aprovechar el mar todo el año. El clima es tropical y húmedo, incluso en invierno, por lo que se aconseja llevar varias mudas de ropa.
Para irse de una playa a la otra hay cuatro opciones. La primera es caminar, de esta manera se puede conocer las calles empedradas y coloniales del lugar. La segunda es subirse a las camionetas (estilo Van) que recorren todo el balneario y a un costo de 20 pesos (dos reales). La tercera es tomarse un taxi marítimo. Se trata de una lancha que lo llevará al siguiente destino pero sin ingresar a tierra. Por último, alquilar un buggy es una tradición, cuesta 700 pesos el día y hay que agregarle la nafta. Son descapotables, pero cuentan con un techo desmontable que sirve para resguardarse los días de lluvia (suele llover unos minutos y luego para). Entran cuatro personas y el ruido del caño de escape es llamativo en las noches silenciosas (no hay grandes problemas de seguridad).
Es que la tranquilidad es la reina de Buzios. Priman las posadas y todas ellas traen servicios para la relajación (desde piscinas hasta masajes). No hay edificios en altura, aunque sí las construcciones se asientan sobre morros y desniveles.
En la noche, la Rúa das Pedras es el punto de encuentro. Se trata de una calle empedrada, al mejor estilo de Colonia del Sacramento, pero con negocios y boliches de una gran ciudad. Varios bares ofrecen shows de música en vivo y los días de partido de fútbol se encienden los LCD.
No es extraño escuchar a los transeúntes hablar en español. Unos 6.000 lugareños son argentinos (en total hay casi 28.000 habitantes) y en las discotecas se baila una combinación de ritmos brasileños y rioplatenses (hay tres boliches que abren los fines de semana, todos por la zona de la Orla Bardot, sobre el puerto, a metros de la famosa escultura de Brigitte Bardot).
Para no convertir el viaje en una rutina de playa y noche, es recomendable comprar alguno de los paseos por el día. Un clásico es la ida a Río de Janeiro. La otra opción es la visita a Cabo Frío y Arraial do Cabo, dos ciudades situadas a unos 30 minutos. En estos pueblos de pescadores las aguas son cristalinas y únicas. El paseo dura unas 10 horas e incluye un viaje en barco, con música y canilla libre de bebidas. Ya en tierra se ofrece un almuerzo con espeto corrido. Las empresas que brindan el servicio pasan a buscar a los pasajeros por la posada y durante todo el trayecto hay guías que hablan español. El costo es de unos 1.200 pesos. Vale la pena.
En Buzios, este pintoresco lugar en donde la corriente cálida del Ecuador se mezcla con las frías aguas del Sur, hay todo tipo de servicios. Lo otro que también dice presente es la tolerancia. Siempre y cuando se respete el medio ambiente, cada uno puede hacer lo que quiere. Incluso la playa Olho-de-Boi está destinada para el nudismo. En definitiva, es un sitio para la relajación. Enamorado o no.