"...LA FAMA, LA popularidad y la auténtica mitificación de Sherlock Holmes no derivan sólo de su actuación novelesca, de la satisfactoria resolución de sus problemas, de sus dotes humanas o sobrehumanas, de su preclaro raciocinio y de sus métodos innovadores. Indudablemente hay algo más. Y es que Sherlock Holmes, a pesar de su pedantería, de sus múltiples defectos, de sus sagradas manías, es el primer detective de ficción que irradia calor humano(...)
El doctor Watson, su biógrafo e inseparable ayudante, poco después de compartir con él las habitaciones del 221b de Baker Street, clasifica los conocimientos de Holmes, que reduce a cero en literatura, filosofía y astronomía, y califica de ligeros en política, desiguales en botánica, destacando su conocimiento sobre venenos, prácticos pero limitados en geología, exactos pero no sistemáticos en química, profundos en anatomía, inmensos en literatura sensacionalista, añadiendo que toca el violín, es experto boxeador y esgrimista y posee conocimientos prácticos de las leyes de Inglaterra. Watson se asombra de que Holmes no haya oído hablar de Carlyle y de que ignore el sistema copernicano y la composición del sistema solar, pero realmente ¿es la ingenuidad del doctor o la ironía del detective la que le hace responder: ‘me asegura usted que giramos alrededor del sol; aunque girásemos alrededor de la luna ello no supondría para mí o para mi labor la más insignificante diferencia’ Porque en realidad a lo largo de toda la saga de Sherlock Holmes queda desmentida la primera impresión de Watson, que no pasaba de ser eso: una primera impresión. El agudo detective no sólo acude a veces a las citas de autores latinos o franceses, sino que además es autor de artículos periodísticos y de opúsculos sobre temas tan diversos como la vida de las abejas, la forma de la oreja, las diferencias entre las cenizas de las distintas clases de tabacos, los motetes polifónicos de Lassus o la influencia de los diversos oficios en la forma de la mano".
Salvador Vázquez de Parga en Los mitos de la novela criminal (Planeta, 1981)
Los Irregulares
LOS IRREGULARES DE Baker Street era un grupo de niños callejeros, avispados y rápidos, que Holmes usaba como su red de oídos y ojos en las calles de Londres cuando le tocaba un caso difícil. Aparecieron desde un principio en Estudio en escarlata. A cambio de sus tareas les daba un chelín diario, con un premio de una guinea cuando encontraban exactamente lo que él buscaba. Trabajaron en El signo de los cuatro y en "El hombre encorvado".
La más prestigiosa y antigua asociación de estudio de Sherlock Holmes fue fundada con el mismo nombre en 1934 por un grupo de admiradores del Canon, inspirados por Christopher Morley. Para admitir a sus integrantes se les tomaba una prueba: resolver un crucigrama con datos extraídos de los relatos de Conan Doyle. Parte de las casillas en negro formaban las iniciales S. H.
Apenas un año más tarde comenzaron a aparecer asociaciones dedicadas a Holmes, con otros nombres: "Las Cinco Semillas de Naranja de Westchester County" en Nueva York; "Los Sabuesos de Baskerville" en Chicago; "Las Ratas Gigantes de Sumatra", entre otros cientos de agrupaciones.
Dos noticias
LONDRES, 26 DE JULIO, 2005. (ANSA). Un equipo de investigadores británicos lanzó un operativo para determinar si el cadáver de Bertram Fletcher Robinson, había sido envenenado por su amigo Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. La acusación fue lanzada por Rodger Garrich-Steele, quien sostiene que Robinson era el auténtico creador de la trama de El sabueso de los Baskerville. En su teoría, Doyle mantenía un amorío con la mujer de Robinson, y había hecho que ella envenenara (sin saberlo) a su esposo. La tumba del cementerio de St Andrew’s sería abierta para comprobar la hipótesis.
LONDRES, 24 DE ABRIL, 2004. (BBC). A los 50 años de edad, Richard Lancelyn Green, uno de los más destacados eruditos en Sherlock Holmes, fue encontrado muerto en su cama por asfixia, rodeado de juguetes y con una botella de gin. En los últimos tiempos Green había insistido en teorías sobre una conspiración en su contra, alarmado además por la venta de una importante partida de documentos relacionados con Arthur Conan Doyle, que en su opinión debían terminar en poder de la Biblioteca Británica. El "coroner" dudó en determinar la causa de la muerte: podía tratarse de asesinato, suicidio o exceso en una práctica sexual desviada, que habría terminado con su vida por estrangulamiento. La hipótesis más probable era el suicidio, sobre todo por su situación psicológica inestable en los días anteriores.
¿Sucesores?
LOS PERSONAJES QUE pretendieron imitar las cualidades de Sherlock Holmes son a la vez cientos, y ninguno. Ninguno se acerca a su estatura mítica, y por lo general se limitaron a copiar sólo algunos de sus rasgos. Tal vez el intento más honesto, citado por Leslie S. Klinger en su reciente edición anotada, fue el de August Derleth, fiel amigo y difusor de H. P. Lovecraft, y autor de relatos de horror. En una extensa serie de relatos creó la pareja de Solar Pons (su Sherlock Homes) y el Dr. Lyndon Parker (su Dr. Watson). Desde un principio Derleth aclaró que Pons era un cuidadoso estudiante del Maestro. Y el prologuista de una recopilación de sus aventuras, Vincent Starrett, apuntó: "Solar Pons no es una caricatura de Sherlock Holmes. Es, más bien, un imitador, con un tic en un ojo, que nos indica que sabe que no es Sherlock Holmes, sabe que nosotros lo sabemos, pero espera que gustemos de él de todos modos por lo que simboliza".
Un francés
EL CREADOR DE los estupendos cuentos y novelas de Arsenio Lupin, "el ladrón aristocrático", pergeñó un par de enfrentamientos entre Lupin y Holmes (o Herlock Sholmes, como era denominado) en el cuento "Herlock Sholmes llega demasiado tarde" y Sherlock Holmes contra Arsenio Lupin. Con poderoso chauvinismo, Leblanc hacía caer a Holmes en una situación ridícula tras otra. Más que un enfrentamiento entre personajes "verdaderos", terminaba por ser un choque entre dos idiosincrasias, en el que lógicamente Inglaterra y su héroe, convertido en un fantoche, llevaban la peor parte.
La lupa
LA LENTE DE AUMENTO hoy común para cualquier escolar, fue utilizada con provecho por Holmes en muchos relatos, entre otros en "Escándalo en Bohemia", "El carbunclo azul", "El misterio de Boscombe Valley". En cine formó parte siempre del "uniforme" de Sherlock Holmes.
La pipa
EN SU ENCYCLOPEDIA SHERLOCKIANA Matthew E. Bunson describe una buena cantidad de pipas que desfilan por los relatos de Holmes. Aclara sin embargo que la pipa curva, hoy aparentemente clásica, apenas si figura: casi todas eran rectas. Da precisiones también sobre sus distintos usos y materiales. El Gran Detective fumaba una pipa antes del desayuno, otra después, otra un poco antes del almuerzo, otra para meditar, otra para concentrarse. El tabaco lo guardaba en la punta de una chinela persa. La pipa curva fue impuesta, como tantos otros datos, por William Gillette, en su muy famosa obra Sherlock Holmes. La forma no dejaba de tener su utilidad, porque le permitía aferrarla entre los dientes mientras decía sus líneas.
Cocaína
LA CÉLEBRE "BLANCA" aparece detectada por primera vez por el Dr. Watson en los "ojos de expresión vacua" de su amigo Holmes en Estudio en escarlata. En sucesivos relatos ("Las cinco semillas de naranja", "El hombre del labio retorcido", "La aventura del detective moribundo", donde hay varias jeringas desparramadas sobre la mesa), Watson se irrita con el hábito de su amigo, quien le explica que recurre a la droga para aliviar el infinito aburrimiento de los momentos en que no tiene ningún caso que resolver. Al parecer Watson habría logrado alejarlo de la atracción insidiosa. El dato aparece con especial vigor en El signo de los cuatro (una de las narraciones más melancólicas de Holmes), y es el eje de Elemental, Dr. Freud (o The Seven-Per-Cent Solution), novela de Nicholas Meyer.
Disfraces
HOLMES TENIA UNA capacidad digna de los viejos folletines y las modernas películas de espionaje para disfrazarse. Entre otros, pueden citarse su disfraz de ‘panadero común’ en "La corona de berilos"; de librero anciano y deformado en "La casa vacía"; de sacerdote italiano en "El problema final"; de Altamont, espía irlandés-americano en "El último saludo".
La gorra con orejeras
CONAN DOYLE NUNCA habló exactamente de una gorra con orejeras, pero hoy es casi imposible imaginar a Holmes sin ella: así aparece no sólo en todas las películas sino también en todas las caricaturas. Esta vez su "inventor" fue el dibujante Sidney Paget, que ilustró gran parte de sus aventuras.
Frases célebres
—No se puede confiar del todo en las mujeres... sobre todo en las mejores.
(en El signo de los cuatro)
—Es un error capital teorizar antes de tener toda la evidencia. Influye sobre el juicio.
(en Estudio en escarlata)
—Donde no hay imaginación, no hay horror.
(en Estudio en escarlata)
—Para una gran mente, nada es pequeño.
(en Estudio en escarlata)
—Usted conoce mi método. Se basa en la observación de trivialidades.
(en "El misterio de Boscombe Valley")
—Mi nombre es Sherlock Holmes. Mi oficio es saber lo que los demás no saben.
(en "El carbunclo azul")
—Una hogaza de pan y un cuello de camisa limpio. ¿Qué más necesita un hombre?
(en El sabueso de los Baskerville)
—Cuando un objeto es bueno y el cliente es lo bastante ilustre, hasta la rígida ley inglesa se vuelve humana y elástica.
(en "La aventura del cliente ilustre")
Elemental, no
EN LOS SESENTA relatos del Canon, Sherlock Holmes nunca dice, exactamente, "Elemental, mi querido Watson" ("Elementary, my dear Watson"). La frase se armó a partir de la obra teatral Sherlock Holmes de William Gillette. Quien más lo usó fue el actor Basil Rathbone, considerado por muchos el mejor Holmes jamás interpretado en la pantalla.
Continuaciones y parodias
A FINES DE LA DÉCADA del ‘70, los relatos paródicos o las continuaciones de Sherlock Holmes se acercaban al millar. Adrian Doyle, hijo del autor, escribió a cuatro manos con John Dickson Carr, Exploits of Sherlock Holmes, una serie de casos nuevos, cargados de melancolía. Entre las incontables novelas que lo tienen como protagonista se destaca Elemental, Dr. Freud, de Nicholas Meyer, donde Holmes viaja a ver al conocido creador del psicoanálisis, y aprovecha para tratar de comprender su adicción a la cocaína (en inglés el título alude a "la solución al 7 %", la forma bajo la que la tomaba Holmes). Fue llevada al cine por Herbert Ross.
El sello español Valdemar publicó en muy buenas ediciones toda una serie de novelas post-Doyle con Holmes, y una serie de relatos (Stephen King, John Lutz, etc.) que reinventan a Holmes. Entre las continuaciones se destaca La vida privada de Sherlock Holmes, una de las pocas novelas basadas en un film que se sostiene como relato en sí. La película del mismo título fue el heroico intento de Billy Wilder por homenajear al personaje en el preciso momento en que el sistema de estudios cambiaba. El resultado fue un desastre creativo (cortes abundantes, nuevo montaje, etc.), que lo dejó tan fastidiado que prefirió esquivar el tema en los reportajes.
Se conoce el gusto por el personaje que tenía Jorge Luis Borges, que lo homenajea en un extenso poema incluido en este número. Menos difundidos son dos textos del recientemente fallecido Juan José Saer. En un poema de El arte de narrar imagina que recorre las calles de Londres en un coche junto a Holmes; en "Recepción en Baker Street", un relato de Lugar, la eterna "barra" de amigos de Saer charla y construye un "último caso de Holmes", donde este ya está en plena vejez y bordea el socialismo en su visión del mundo.
En el mundo del comic las parodias más salvajes y geniales fueron las historietas de Bill Elder en la revista Mad.