por José Arenas
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A partir de la música del bandoneón se traza un mapa que lleva al autor de esta novela de no ficción, Sebastián Mederos, a la búsqueda de la tumba de su padre, muerto a lo lejos en el espacio y en la memoria. Su padre ya había dejado de estar hacía muchos años cuando, en su niñez errática en Mar del Plata, a su garito de malandrines y drogones empezaran a allanarlo cada vez más.
Mederos dirá que allí oyó por primera vez el sonido del fueye, del instrumento que hoy domina. Pero allí lo único que podía oírse era el sonido de lo sórdido, de la machez desbocada en borrachos y hombres armados que caminaban sobre el espíritu de mujeres, y niños que no entendían del todo qué estaba pasando. Ese es el punto de partida para Allanamientos.
Bandoneonista de los más reputados, psicólogo y escritor, Mederos concibe un texto con el que realiza redadas a la memoria. No solo va en busca de la tumba de su padre, sino que irrumpe en los barrios bajos del recuerdo para traer una relación familiar desperdigada, una adolescencia hecha de apuro y una adultez que se tomó su tiempo. La crónica novelada con la que Mederos debuta como autor realiza una tarea minuciosa en el desenterramiento de las palabras al servicio de la memoria, de la suya, la época, las ciudades, los hipódromos a los que acompañaba a su padre, y un territorio dibujado con un lenguaje de fronteras: semántica y relato coinciden. Argentina y Uruguay crean la misma dualidad vecina que creará la ficción y el despliegue de una “verdad”, que por momentos confunde al mismo narrador en el laberinto del pasado.
Allanamientos tiene una estructura sólida, de prosa cuidada. La escritura cambia el ritmo en el relato y el recuerdo, y el uso gramatical de las personas varía entre la primera y la segunda, como si se hablara a sí mismo desde afuera, del hoy hacia ayer.
ALLANAMIENTOS, de Sebastián Mederos. Pez en el Hielo, 2024. Montevideo, 178 págs.