por Gera Ferreira
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Para leer la nueva novela de Sally Rooney (Castlebar, Irlanda, 1991) sin mayores condicionantes o prejuicios, hay que sustraerse a las polémicas de bazar acumuladas en torno a su obra y, en particular, al recorrido reciente de su nuevo libro Dónde estás, mundo bello (2021), ya que lo extraliterario puede distraer bastante si se quiere prestar atención al texto.
Traducida al español con muy buen tacto por Inga Pellisa e impulsada con bombos y platillos por un aparato de merchandising que va desde el márketing de influencers hasta la adquisición de un pack de preventa —que incluía un gorrito amarillo, una tote bag, algunos lápices y sacapuntas, además de la primera edición—, la novela llega a Uruguay como el tercer trabajo de la escritora irlandesa, quien en apenas cinco años ha pasado de ser la voz más representativa y potente de la generación millennial, a ser cuestionada por las mismas razones (algunos dirán “privilegios” y tendrían razón) que la posicionan hoy en la cúspide del mercado literario.
“Esto suena terrible, pero estoy tratando de no tener un colapso por hacer más publicidad”, dijo Rooney durante una entrevista, al convertirse en un fenómeno mundial de ventas, notoriedad que, justo es decir, ensombrece un poco la recepción de sus libros, pese a que le permite gozar del estatus de una estrella pop. Es que luego de Conversaciones entre amigos (2017) y principalmente de Gente normal (2018), que fue adaptada a serie para la BBC y la plataforma Hulu (2020), su ascenso ha sido centelleante y muchos creen que apresurado, por tratarse de una carrera literaria en ciernes, si bien ha sido llamada la “Salinger de la generación Snapchat”. El tiempo dirá.
Ahora, literatura.
La historia de Dónde estás, mundo bello se centra en la amistad entre Alice Kelleher, escritora consagrada y millonaria, “ocurrente, verborreica”, quien recién fue hospitalizada por un problema psiquiátrico luego de dedicarse por entero a hacer publicidad para las dos novelas que la catapultaron al éxito, y cuyo precio ha pagado con creces (bien podría interpretarse como un alter ego de Rooney pero sin la internación), y Eileen Lydon, asistente editorial en una revista literaria de modesto calibre, tímida y reflexiva, golpeada por un historial de bullying recibido en su adolescencia y poco optimista en cuanto a su futuro profesional. Ambas están entrando en la treintena y desarrollando cada una por su cuenta relaciones románticas: Alice con un trabajador de almacén llamado Felix, y Eileen con un amigo de la infancia, Simon, que se gana la vida como asesor político. Básicamente es esto, la novela son ellos cuatro y su manera de vincularse, como si fuese una temporada completa de Easy, la muy buena serie de Netflix (2016-2019), pero focalizada en dos parejas, y metida en un solo capítulo extenso, o mejor, en un libro.
Las amigas se encuentran distanciadas, en parte porque viven en países diferentes, situación (in)comunicacional que resuelven a medias, no solo a través de las aplicaciones de mensajería —Rooney es experta en trabajar la coloquialidad instantánea y el registro de los chats, un recurso que en la novela se aprovecha muy bien—, sino también a través de una intermitente y desordenada correspondencia de emails. Ahí se las ve a ambas explayarse mejor sobre temas generales que conforman el núcleo conceptual de la novela y, si se quiere, su matriz intelectual (para nada pretensiosa, honesta y sin edulcorantes, muy en clave generacional con relación a sus personajes, eso sí), ya que en estas conversaciones ambas teorizan en voz alta, como en un presente discontinuo, sobre temas con los que varios tipos de lectores pueden empatizar, del tipo “Alice, ¿no te parece que el problema de la novela contemporánea es el mismo, simplemente, que el de la vida contemporánea?”, o “cuanto más pienso en sexualidad, más confusa y diversa me parece, y más pobres nuestras formas de hablar de ella”.
Pero no solo conversan sobre novela contemporánea y sexualidad, sino sobre las nociones de autor y de obra, el erotismo en los vínculos y también sobre la belleza como experiencia estética y humana. Además, claro está, sobre lo que ocurre en sus vidas mientras escriben estos correos. Esa capa de discurso, bien dosificada por cierto, se reparte la novela con las escenas cotidianas de los cuatro personajes y sus cruces vinculares. Allí la narradora se luce y coquetea en la moderación de las voces implementando diálogos verosímiles, chispeantes y bien encausados, donde les suelta la piola a sus personajes sin dejarlos caer en el exceso, administrando bien el material de la acción y dando margen para el pensamiento interno de cada uno.
Sin hondura.
Si bien la creación de estos personajes es un tanto esquemática, y la trama resulta básica en cuanto los móviles de acción, los escenarios y la temporalidad (todo lo que cierta crítica le achaca), Rooney no se propone otra cosa. Es decir, no hay intención de provocar hondura desde el plano formal (y cuando lo hace, de hecho funciona bien con los recursos mencionados, y con el agregado de cierto vuelo poético que toma su prosa en los momentos más reservados de sus protagonistas mujeres), de modo que no recae en el relleno, no vende gato por liebre, lo que ves es lo que es. Su narradora trabaja de manera inteligente, a margen corto, con una dificultad elaborada desde lo reflexivo, hilvanado con soltura la retórica oral de esos vínculos y sopesando sus motivaciones. Se focaliza en el mensaje global que guarda tras de sí una historia aparentemente sencilla de contar.
La ausencia de referentes familiares sólidos, la incertidumbre constante en las relaciones personales y sus inseguridades palpables, las posiciones relativas al poder y dentro del orden social que rodean tanto a Felix y Alice como a Eileen y Simon, se comprenden y deciden en el cruce entre lo íntimo y lo político, entre los privilegios y la complacencia, entre la dependencia afectiva y la independencia personal. Allí se construye la cercanía, la posibilidad de belleza, que intercede y acompaña a los personajes (y a los lectores), como un camino que no se debe ni se tiene por qué transitar solo.
DÓNDE ESTÁS, MUNDO BELLO, de Sally Rooney. Random House, 2021. Barcelona, 326 págs.