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por Alexis Borla
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Nacido en la primavera romana de 1953, Luca George Prodan fue hijo de un pintoresco matrimonio entre un italiano nacido en el Imperio austrohúngaro y una china que venía de una familia de escoceses. El mes pasado habría cumplido 70 años.
Ecléctico y sin tierra firme, Luca orbitó sobre distintas formas de arte que fueron su único territorio fijo y así fue desarrollando los dos talentos que lo harían famoso: ser músico e ir a contracorriente. Pupilo en un colegio escocés junto a la crema y nata de la sociedad burguesa europea, tuvo entre sus compañeros de banco al príncipe Carlos, hoy rey del Reino Unido. Allí Luca fue un bicho raro, un italiano que hablaba un inglés sui generis y se sentía marginado, pero conoció a alguien que cambiaría su vida, el argentino Timmy McKern.
Marcado por esa sensación de ser sapo de otro pozo y no tener lugar, Luca sería siempre, para bien o para mal, lo que hoy se conoce como un outsider. “Cuanto más famoso y mejor es el colegio, más marioneta vas a salir o, si no, más loco. Yo salí loco”, resumió. Con sólo 17 años escapó del colegio, “me fui cuando me di cuenta de que me estaban preparando para ser un pequeño sirviente de la sociedad”, contaría años más tarde. Desesperada, su madre recurrió a Interpol para buscarlo y como pista entregó una foto de Luca a sus 9 años chupando una lombriz, quirúrgica descripción de su personalidad. Fugado, Luca vendió una carabina que amaba y con el poco dinero que tenía se fue por Europa dejando una pista falsa que guiaba su búsqueda hacia Noruega. Vivió un tiempo en Londres compartiendo departamento con McKern, quien se dedicaba a la fotografía y frecuentaba la movida nocturna londinense.
Arde Londres.
“Para la ley italiana yo soy un enfermo mental”, contó en otra ocasión, explicando que “cuando me quisieron meter en el ejército dije que no. Por eso estuve preso dos veces hasta que me vio un médico y me dio el artículo 28b, que quiere decir que sos un enfermo mental; el 28a era puto y el 28c, drogadicto”. Mientras vivía en Londres conoció a las bandas The Fall, Joy Division, Canned Heat, Soft Machine, Pink Floyd, The Doors, también a David Bowie, Leonard Cohen y Lou Reed, entre otros. Obnubilado por el Támesis, trabajando en una discográfica e influenciado por su época, tuvo su primer banda, The New Clear Heads. Con ellos grabó un cassette donde aparece la bellísima “White Trash“, una de sus primeras composiciones, retomada más tarde con Sumo.
Con la música conoció la heroína y con esa droga perdió a Claudia, su hermana, a quien introdujo en el consumo. Claudia se encerró en un auto con su novio, se “picaron” y murieron por inhalación de monóxido de carbono. Este suicidio destruyó a Luca, quien consumió más heroína hasta que una sobredosis lo dejó en coma. Por segunda vez en su vida sus padres lo dieron por muerto, cuando en realidad no lo estaba. Así fue como Timmy McKern, aquel argentino del colegio (y que luego sería el manager de Sumo), le sugirió conocer Córdoba, en Argentina. Persiguiendo la paz que aún no conocía, Luca llegó en 1980 a un país en plena dictadura.
El mito.
Al poco tiempo fundó Sumo con un amigo del cuñado de McKern, Germán Daffunchio (un ex marinero) y su vecino, Alejandro Sokol. La banda la completó Stephanie Nuttal, ex-baterista de The New Clear Heads (luego fundadora de otra banda llamada Manicured Noise), quien se fue de Londres a Córdoba como siguiendo a un profeta del sonido, un caudillo cultural.
Luca le compuso a Claudia una hermosa canción llamada “Warm mist” (presente en Corpiños en la madrugada, disco debut de la banda) y dejó en evidencia que estaba varios años por delante de la escena musical local. Una vez más era sapo de otro pozo, pero ahora añadía el carácter de alguien que convivió con el dolor, la muerte y la culpa. Sumo tuvo problemas durante la Guerra de Malvinas por cantar en inglés y Luca los resolvió hablando en un francés maltrecho durante los recitales.
La banda encontraría su cenit con la llegada de Diego Arnedo y Ricardo Mollo (luego fundadores de Divididos) dotando de una potencia inusitada a la banda. También se sumaron Gillespie en trompetas y Roberto Pettinato, periodista del Expreso Imaginario, en saxo. Luca, con esa mezcla de caballero y vagabundo, desprolijo y erudito, no podía evitar que su carisma se robe la escena. Sobre su arte, el rock, una vez resumió: “debe ser simple, do´ acorde´”. Luca dijo que “casi la totalidad de los músicos de rock argentino son unos pajeros. Yo no los invitaría a comer a mi casa. ¡Bah! ..., a Pipo Cipolatti sí, porque es divertido”.
Su recuerdo está lleno de mitos. Durante un show de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en La Plata, Luca reemplazó al Indio Solari. Según Oscar Jalil, hubo ensayos previos en la casa de “Rocambole” (Ricardo Cohen, el creador de las tapas de los discos de los Redonditos) y durante el recital Prodan cantó “Nene nena”, “Criminal mambo” y “Mejor no hablar de ciertas cosas”, pero no hay registro de eso.
Las relaciones de poder quizá sean el tópico más frecuente en toda su obra, lo dejó claro cuando dijo que “manejar el poder es como manejar explosivos, te podés hacer mierda vos mismo”, descripción que en otra ocasión amplió al afirmar que “la heroína es la segunda peor droga, el poder es la primera”.
Ricardo Mollo contó que en su último recital, ante 500 personas y antes del tema “Fuck You”, Luca dijo “ahí va la última”. Dos días después lo encontraron muerto en su casa de un paro cardíaco. 34 años eran mucho para una cirrosis irreversible producto del alcoholismo. Luca murió sin que su familia en Italia sepa que era un icono cultural del otro lado del océano. Influenciado por Joy Division (el disco Divididos por la felicidad viene de ahí), Sumo no tuvo un New Order que continúe claro su legado. Lo que generó fueron dos bandas pilares del rock argentino de los años 90 en adelante, como Divididos y Las Pelotas (Daffunchio, Sokol), y Pachuco Cadáver, el intento de Pettinato por crear algo parecido. Luca, como una efigie, dejó varios himnos y un puñado de definiciones de exultante irreverencia, como cuando describió el rock mejor que nadie: “¿Qué es el rock? ¡Es el kcor al revés!”.
En Buenos Aires una placa lo recuerda en la esquina de la Avenida Corrientes y Agüero (Abasto Shopping), y a la vuelta de Casa Rosada está una de las casas en las que vivió, que ha sido reciclada (Adolfo Alsina 451).
Dos lugares para peregrinar.