Poéticas de Milán

Jaime Roos, el mayor órfico de la lírica uruguaya

Es tan órfico el gesto de Jaime que desapareció a todas las retiradas

Eduardo Milán

por Eduardo Milán
.
Desaparecer el amor es un despido del mundo. Un despido del mundo es ser lanzado en plena boca del silencio, cantando. Ese era Orfeo. Lo hubiera querido o no, Orfeo convirtió el canto en el exilio del amor. No para romper con la gramática. Pero el gran referente, el único referente que vale la pena es el referente del amor, “el objeto del deseo”. ¿Pero por qué cantar se vuelve un acto solitario, en el sentido de “un acto sin amor” o “un acto sin objeto del deseo?” Sin un preciso objeto del deseo el deseo se vuelve múltiple, total. Orfeo es el primer exiliado que reconozco. Pero también es el inventor de la “retirada” como género del canto, lo que daría origen, en el mismo fraseo genealógico-temporal, a la que para mí es la mejor canción de la historia de la música uruguaya: “Retirada” de Jaime Roos. O, dicho de otro modo, Jaime Roos es el mayor órfico de la lírica uruguaya. ¿Qué hay, si no, en estos versos: “será una retirada/ que al despedirse/ quiere regresar”? ¿Qué hay si no una vuelta de cabeza digna de Orfeo? Y es tan órfico el gesto de Jaime que desapareció a todas las retiradas que seguirían a la retirada original. Eurídice, entre otras. O, también, ¿qué hay en la vuelta de cabeza de Orfeo sino una retirada original?

Es la hora de la recuperación. Es la hora de hacerse cargo de lo perdido, hacerse un perdido dado, re-hacerse a partir de la pérdida. La pregunta que me avispa —y me avispea casi hipnótica— es: ¿habría un Orfeo prepandémico en el deseo poético de recuperación? Hay una “entrada” personal que se introdujo. Me cambió la idea del tiempo la existencia de un peligro desconocido. Si toqué a Orfeo fue porque vi un final posible. Empecé por el primer gesto poético que reconozco: la desaparición que organiza la vuelta. Siguiendo el rumbo que trazan los bueyes de la versura —esos bueyes que para los latinos van haciendo el trazo “de izquierda a derecha y para abajo”. Y entonces sí: la vuelta de cabeza de Orfeo es la yunta de bueyes que toca el fin del surco. Y lo precisamente poético no es la desaparición de Eurídice —eso es lo trágico que planearon los dioses—. Lo poético nunca es lo trágico. Lo poético es una suspensión: la imagen de Orfeo siempre volviendo la cabeza. Y esa certeza no la sembré yo: la palabra siempre es el núcleo que legitima el tiempo del mito pese a la advertencia que la reversa de la reversura y el contramito intentan imponer con esta advertencia: “no vuelvas la cabeza” —un intento de protección tardía que sigue como sombra fiel a Orfeo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar