por Eduardo Milán
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La poesía no debería ser un ancla. Anclarse da la imagen propia de un buque del puerto de Montevideo, un buque quieto donde el agua abajo tiembla. Más allá del temblor del agua, la imaginación de lo profundo. “Nada sabemos do mar”, dice Haroldo de Campos. Nada. Un universo para la imaginación. Nadie va a bajar para saber en poesía. La poesía tiene disenso, no descenso. La imagen del ancla en poesía produce el olvido de que la poesía es una dinámica. El ancla corre el riesgo no de fijar el buque a un temblor no de cielo sino de agua. Temblor de cielo es ya un Vicente Huidobro maduro al borde mismo de reinventar la dinámica del poema en Altazor (1919-1929). El ancla corre el riesgo de fijar el poema a un solo modo de hacer. Altazor deshizo esa posibilidad rehaciendo todo el juego, la historia del poema desde el mito al balbuceo. En ese poema escrito a lo largo de los años 20 del siglo XX, Huidobro hace la reconstrucción del devenir del poema, desde una prosa sintácticamente correcta en atención al orden sujeto-verbo-predicado que incluye al héroe, Altazor (antipoeta y mago, en sus palabras) hasta la sílaba desnuda. Composición/descomposición. Nada de anclaje. Es impensable un ancla en ese poema emblemático para la vanguardia (y la historia de la poesía latinoamericana) porque esa ancla significaría el fin de la navegación. “Navegar es necesario/vivir no es necesario” dice la máxima latina. El ancla, al contrario de lo que parece, en territorio poético significaría la elección del “vivir” pero ahora no en oposición al “morir” sino al navegar, es decir, la búsqueda, la transformación. Y sin embargo un consenso poético de fines del siglo XX eligió vivir en oposición a buscar, creando así un enfrentamiento que no estaba en tierra poética. El fracaso o cuestionamiento de la modernidad desde fines de la década de los 70 del siglo XX pareció poner en peligro la estabilidad poética. Y uno se pregunta, ¿era estable La divina comedia? ¿Las Soledades de Góngora estables? Pero antes, ¿era estable la poesía provenzal de los siglos XI al XIII, cuando se funda el concepto de amor cortés y se refunda la noción de lírica que manejamos todavía hoy? Eran impositivos, jerárquicos —sobre todo Dante con toda la Iglesia por delante. Pero estabilidad no se conoce en la tierra poética.
Poéticas de Milán
Cuando anclar es imposible
Porque la estabilidad no se conoce en tierra poética
(foto Leonardo Mainé - Archivo El País)
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