Cifra redonda para una colección

Cosecha roja: treinta títulos y muchos muertos

Marcela Saborido, directora de la colección de novela policial Cosecha Roja, habla de la interna y los sacrificios para llegar a treinta novelas publicadas.

Marcela Saborido
Marcela Saborido por Ombú

Conversamos con Marcela Saborido (Montevideo, 1967), editora de la colección Cosecha roja de HUM, dedicada al policial. Con treinta títulos publicados en una década, el proyecto ha sido fundamental para dar visibilidad a un género cuya tradición en Uruguay lo tuvo relegado en un segundo orden.

Autodidacta

—No se presta atención a quien edita, o a quien dirige una colección.
—Creo que no corresponde.

—¿Qué pasa en ese lugar anónimo?
—La verdad es que soy autodidacta, no fui al Claeh, no hice la carrera de Letras. Siempre leí porque forma parte de mi vida cotidiana y familiar.

—La vieja escuela.
—Claro, en ese sentido. Además, nunca se me ocurrió dedicarme a esto, no era una posibilidad. Empecé a trabajar con Martín Fernández en la editorial cuando largó el sello Estuario, en 2008. No había un mango.

—Cualquier coincidencia con la realidad actual…
—Sí. Empezamos en un entrepiso con un corredor y dos máquinas. Arrancamos haciendo todo, desde las maquetas a la prensa. Hasta el día de hoy funciona así. A nadie se le caen los anillos por hacer las cosas.

—Un equipo de pocos que hacen mucho. ¿Cómo surgió la colección Cosecha roja?
—Soy lectora de policiales. Un día lo senté a Martín y le dije, tengo la sensación de que hay una corriente —tal vez inspirada en el éxito que tenían los nórdicos en ese momento—, con el género policial, y que acá no se le daba visibilidad. Porque opera (u operaba) el prejuicio de que si escribías género no era literatura o no eras autor.

—Algo menor.
—Claro. En 2010 todavía existía esa visión, salvo en casos muy excepcionales como los de Rodolfo Santullo o Renzo Rossello, que se declaraban fans del género. Entonces empecé con ellos y Pedro Peña, autores increíblemente generosos que me dieron sus textos. Rodolfo me trajo Sobres papel manila (2010), que fue con el que inauguramos la colección.

—¿Y luego?
—Lo que hice fue buscar una estética, que me parece muy importante para diferenciar algo uruguayo y que fuera policial. Para mí hay un 50 % que tiene que ver con la estética. En ese momento el diseñador era Raúl Burguez, y a través de Rodolfo llegué a Matías Bergara, que fueron los que armaron la imagen gráfica. Una vez que tuve eso, me sentí absolutamente respaldada. Ya tenía la casa, solo tenía que poner los muebles.

—Perfecto.
—Los autores me gustaban mucho y me sentía muy confiada. Por ejemplo, reedité una novela de Renzo Rossello que hacía 25 años que no se publicaba.

—¿Cuál?
—Trampa para ángeles de barro.

—No la leí, pero tengo entendido que se convirtió en un clásico de la literatura policial uruguaya.
—Es un clásico.

—¿Cuántos libros tiene hoy la colección?
—En la calle hay 28, terminados tenemos 30. Hay dos libros que ya están para entrar a imprenta: uno de Pedro Peña y otro de Rafael Massa, autor que de alguna manera descubrimos, porque no había publicado.

—10 años, 30 libros. Un buen número.
—Redondito.

—¿Pedro Peña vuelve con el personaje de Agustín Flores?
—¡Sí!

—El quinto de la serie iniciada con Ya nadie vive en ciertos lugares.
—Claro. Es lo que tiene el tema de los géneros, que podés tener personajes y series. Algunos rinden y otros no. Hay autores a los que les gusta jugar con eso.

El qué y el cómo

—¿Recibís muchos originales?
—Llegan muchísimos, pero depende el año. Justo en este la gente ha tenido más tiempo para escribir. Algunos los filtra Martín, cosas con las que no trabajamos, por ejemplo literatura infantil y juvenil. Ha sido un año difícil a todo nivel para todo el mundo y más para las editoriales, porque en un momento no abrían las librerías y no había manera de sacar libros.

—Claro.
—Estamos muy atrasados. De hecho, iba a ser uno de nuestros mejores años en cuanto a autores y lamentablemente algunos van a quedar para el que viene.

—¿El libro electrónico no fue una alternativa?
—Acá no prende mucho.

—Creo que las editoriales no se animan a trabajar esa modalidad.
—Sí, es una duda que tengo. En algún momento va a haber mayor tendencia a eso, sí.

—En Argentina está instaurada esa perspectiva. Si bien perdés lectores, también ganás, y esos nuevos vienen con otra forma de leer.
—Sí, para ellos leer en papel no debe ser muy divertido, pero también están los que te dicen que no quieren leer pdf o ebook porque se cansan. Justo este año sacamos un ebook de Leandro Delgado (Elecciones internas, 2020). Solo tenías que registrarte por WhatsApp y era gratis, pero no tuvo mucha demanda.

—Recién me entero.
—Capaz que en abril la gente estaba en otra.

—Ustedes consideran que hay un techo.
—Yo considero que hay un techo. Hay una cifra mágica que son los doscientos.

—¿Los doscientos?
—Si vendés doscientos ejemplares de un libro no ganaste pero tampoco perdiste.

—Empatás.
—A mí me parece que si sacás un libro y doscientas personas van a una librería a pedirlo, sos un escritor conocido.

—¿Tan poco?
—En Uruguay, sí.

—Si me apurás pienso que, con al menos una década de estar en nuestro medio, HUM debería ir por todo.
—Sí, hay mucho trabajo, pero también en el nombre hay más lustre que ganancia. Una cosa muy buena que hace Martín es generar oferta, es decir, publica bastante.

—¿Cómo es la captación de autores?
—Como es lógico, el escritor golpea puertas, pero después hay gente que uno quiere tener y los busca. Después hay pases entre editoriales y también gente que no podés o que son hinchas de su sello.

—Dame un ejemplo.
—Gustavo Espinosa. A nivel local solo edita con nosotros.

—Claro. Hay casos como Lalo Barrubia que edita donde le viene mejor.
—Sí, también Ramiro Sanchiz.

—Cuando lees originales, ¿en qué te fijás?
—Es difícil de explicar, porque son muchos factores. En determinado momento si eras del interior era muy difícil publicar acá. Eso como editor lo veías. Ahora se está más pendiente de ese tipo de visiones, también de la novedad, de que no lo hayas leído en otro lado. Esto hace que esa lectura cueste. Si te cuesta es porque no estás entendiendo y lo volvés a leer. Muchas veces estos son los verdaderos goles.

—¿Existe la instancia donde se le dice al autor “si le cambiás esto, sale”?
—Depende. Hay autores que no te dejan tocar nada y te lo dicen de entrada, y hay otros con los que se puede trabajar de otra manera.

—El bravo punto medio entre corregir y sugerir.
—Exactamente. Yo no tengo derecho a cambiar nada. Igual hay libros que llevan mucho trabajo de edición y los autores lo respetan, tal vez porque son más jóvenes. No te voy a dar ningún nombre.

—Me imaginaba.

Criterios

—Hace un tiempo, en una entrevista a Martín Fernández, él comentó los criterios de publicación, que imagino son compartidos y variables. Por ejemplo las diferencias entre sus dos sellos, Estuario y HUM.
—Bueno, las respuestas han cambiado con los años, así que decime y te digo.

—Primero, tener obra; en segundo lugar, contar con trabajos en proceso.
—Sí, eso para HUM, pero en Estuario entran primeros autores, primeras novelas, primeros libros.

—¿Y para Cosecha roja?
—En Cosecha acepto lo que a mí me gusta, no me importa si tiene obra.

—Bien. Tercer punto: tener proyección.
—La proyección es súper importante en un escritor, porque es re frustrante para nosotros como editores que el autor escriba una cosa y luego no haga más nada. Es parejo para ambos sellos.

—El último punto fue que los autores de la casa tienen la prioridad sobre los demás.
—Eso sigue siendo 100 % así, y no importa si vende o si es conocido o no. La fidelidad es re importante.

—Ante estos parámetros, ¿qué pasa con los autores nuevos o más inexperientes pero con potencial?
—Nosotros hemos publicado autores nuevos, jóvenes e inexperientes. Por ejemplo, Porrovideo (2009) de Jorge Alfonso, que era la primera vez que llegaba a una editorial. Hay varios casos así. Cuando el autor encuentra un lugar donde publicar, también es un aliciente para que escriba, y tenemos un montón de gente.

—Hay una idea tal vez infundada con respecto a que HUM y Estuario rechazan mucho. ¿Qué tan cierto es?
—A ver, como todo en la vida, es una cuestión de pelearla. Si estás muy seguro de tu libro, tenés que insistir. El que insiste, gana.

—Es justo. También los escritores emergentes se preocupan ya que creen que les van a cobrar un platal por publicar.
—No. Existen los libros de autor y ahí te van a cobrar lo que te tienen que cobrar. En la editorial eso no pasa. Martín no cobra por publicarte, por eso también te puede decir que no. Como el editor hace un gran esfuerzo, el escritor se lleva apenas el 10 %.

—Tocaste un tema interesante.
—Claro, pasa que esa persona tiene un montón de gente atrás a la que le tiene que pagar.

—Pero convengamos que es muy poco lo que se lleva quien puso la principal materia prima: la obra.
—Sí, una miseria. Ser escritor en Uruguay es una desgracia, y en la mayoría de los países.

—También es un tema de recepción.
—Sí. Lo que le falta a Uruguay es más interés por los autores nacionales. Por eso te decía lo de los doscientos libros.

—Ahora lo interpreto.
—Me da bronca, porque vas a Argentina y todos se conocen, se leen y se compran entre sí. Más allá de que es un mercado más grande, se valoran más. Acá seguimos siendo muy pacatos, nos da miedo discutir, criticar, enfrentarse, y a todo le decimos “mejor no”. Falta estimulación desde los medios. Antes había revistas especializadas, ahora faltan críticos, vos lo sabés. Para generar lectores necesitás una masa crítica y no la hay. (ver Nota al pie)

—Los nuevos lectores no precisan insumos para formar opinión, se amparan en el juicio de gusto. Ese conocimiento puede provenir de lugares superficiales, como las redes sociales, donde una recomendación alcanza para que a alguien le genere curiosidad.
—Bueno, pero volvemos a lo mismo: no hay muchos booktubers, ni bookstagrammers. Ahora se han generado los clubes de lectura, me parecen fantásticos.

—Por otra parte, en Cosecha roja hay una supremacía casi total de autores varones. ¿Se piensa en esta disparidad?
—Se piensa. Lo digo siempre, esta colección tiene un olor a bolas imponente. Igual para mí no es 100 % importante que haya mujeres. No te voy a publicar porque seas mujer. Me he encontrado con dos casos fantásticos, como Mercedes Rosende, que para mí es una de las mejores escritoras del Uruguay, más allá del género. Y con Cecilia Ríos, cuya novela (Volver de noche, 2019) es muy especial. En ambos casos son libros que exceden los patrones de género y a la vez son historias que uno podría considerar feministas.

—¿Entonces?
—Es algo que me preocupa pero no he encontrado algo que me haya llegado más allá de los casos que mencioné. Es un género trillado por hombres pero hay casos que contradicen eso. Igual reconozco que es un debe porque, por otra parte, quienes estamos actualmente detrás de esta colección somos todas mujeres. Y eso también significa algo.

NOTA DE REDACCIÓN: Saborido se equivoca. En el Cultural la crítica ha sido una práctica constante; en la edición de hoy hay tres reseñas críticas de libros. Pero no es una tarea en solitario. También la llevan a cabo otros dedicados colegas en Búsqueda, Brecha, El Observador, La Diaria, o en blogs.

Cosecha roja

Nombres en la colección

La colección Cosecha roja ha convocado a numerosos autores, entre ellos Renzo Rossello, Mercedes Rosende, Rodolfo Santullo, Pedro Peña, Laura Santullo, Fernández de Palleja, Hugo Fontana, Damián González Bertolino, Martín Bentancor y Gabriel Sosa. La mejor novela de la colección es Montevideo Street, de Eduardo Pérez Vázquez.

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