Desde Chile

Colombina Parra y la bofetada punk al borde de la poesía

Su padre Nicanor, la vida en la música, sus trabajos de arquitectura, la poesía y más, en un libro de textos breves, sencillos, y de alta carga poética.

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Colombina Parra
(foto Carolina Vargas, detalle)

por László Erdélyi
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Colombina Parra, artista, compositora, arquitecta e integrante de la notoria familia Parra —hija del antipoeta Nicanor Parra— acaba de publicar un libro especial que reúne pequeñas piezas de carácter aforístico o de poesía en prosa que en general no superan las pocas líneas o la carilla, y que poseen una fuerte musicalidad. Hay que leerlos escuchándose. Aborda cuestiones de su intimidad, la arquitectura, la música y la vida del músico, la poesía, la vida familiar, y más. El lenguaje es llano, logra la comunicación directa y posee un poder particular, porque tras una primera lectura sigue resonando en la cabeza del lector, y obliga a la relectura. Es un libro para lectores atentos, esos que prefieren los tiempos lentos.

El libro se titula Otro tipo de música y forma parte de la selección Mapa de las Lenguas 2023 de la editorial Penguin de autores de habla hispana que se renueva todos los años. La obra uruguaya elegida en esta edición es Un pianista de fronteras, de Ramiro Sanchiz.

Respecto a Otro tipo de música, vale una advertencia: no hagan caso a las frases citadas en la contratapa y solapa del libro, por firmas de gran prestigio (Alejandro Zambra o Ignacio Echeverría, entre otros). Ellos trasmiten su experiencia lectora, pero en este caso no ayuda. Es una movida de márketing contraproducente que enturbia la llegada al libro, interfiere con el viaje hacia la obra que debe ser único e irrepetible. Hay que llegar a este libro de la manera más inocente y prístina posible, sin prejuicios, para disfrutarlo.

Mucha música.
Si bien el libro admite ser abierto en cualquier página, una lectura lineal, de comienzo a fin, permitirá ver el desarrollo de ciertos tópicos de fuerte carácter autobiográfico. Por ejemplo el vínculo de Colombina con la música como integrante del grupo Los Ex o Los Barracos, como telonera de los Rolling Stones o Patti Smith en su paso por Chile, o luchando a contracorriente como cualquier músico, siempre al margen, a la intemperie y sin derecho al respeto,
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Estábamos en un pueblo. Teníamos que tocar en la noche y nos llevaron a almorzar a un tugurio paupérrimo de trato no muy amable. Nos pusieron algo para comer y un jugo yupi. Uno de nosotros pidió Coca Cola. Vino el mesero, trajo la bebida y con un gran golpe sobre la mesa dijo: “Esta la pagai vo’”.

Además se instala como resistente en un mundo —el de la música— dominado por hombres. Pero sin caer en el relato fácil, de reivindicación de género,
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Me vestí como hombre por varios años para pasar desapercibida en el mundo de los hombres. Canté como hombre y toqué como hombre, y todas las letras estaban cantadas desde un yo masculino porque no quería ser la que cantaba sobre amor y desamor. No quería ser la artista con vestido a la que no respetaba ningún hombre. Por entonces, las cantantes mujeres eran las minas ricas que, rápidamente, eran reemplazadas por la próxima cantante rica.
Tampoco quería que mi música fuera música de minas. Quería que quien la cantara fuera un hombre.

Otro tópico que sobrevuela el libro es el de su experiencia como arquitecta, tras haber construido o remodelado una docena de casas, experiencia que ella llamó Usonian Chile 2 en homenaje a Frank Lloyd Wright, el gran genio de la arquitectura que supo integrar, como pocos, naturaleza y arte en sus casas. Por eso Colombina se desmarca y observa con mirada orgánica, como un todo y desde un ángulo imprevisto, sin transar con los relatos dominantes. En el texto “Atención al cliente”,
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Los arquitectos llaman clientes a quienes les van a diseñar una casa. Siempre me molestó que así se los llamara. Prefiero llamarles pacientes. Tienes que ser un verdadero buda para poder llevar al dibujo todas las ansiedades y convertirlas en un lugar para sanarlas. Cada paciente tiene su complejidad y su forma de ver el mundo. Tienes que tratar de ayudarlo a ver lo que no ve. A veces también es al revés. Los pacientes te enseñan a mirar el mundo.

También hay lugar para un arquitecto holandés admirado,
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Me acordé de Rem Koolhaas cuando dice que no hay nada más aburrido que lo elegante. (...) dice que todas las buenas ideas las aprendió del mal gusto. “No saqué una buena idea de lo elegante”.

Declaración de amor. La relación con su padre, el gran poeta Nicanor Parra, salpica todo el libro. La mirada de niña se impone al relatar el alboroto hogareño por la llegada de gente famosa, en este caso Mario Vargas Llosa, aunque las niñas queden al margen, coman cosas ricas y vivan el bullicio de lejos. Se impone, al final, una mirada de hastío (“al día siguiente todo era una normalidad difícil”), con un cierre iconoclasta, pues recuerda a Borges refiriéndose a Vargas Llosa como un “corredor de propiedades”, un agente inmobiliario.

Otros textos se vinculan a grandes creadores chilenos como Alejandro Jodorowsky, Enrique Lihn, o a la intimidad de su padre Nicanor. En el texto “La corbata escondida” relata el frenesí paterno por encontrar una corbata que era de Borges, parte de un intercambio donde ambos se cruzaron las corbatas. “Ahora que ha pasado el tiempo y la corbata ya no está, leo a Borges y entiendo que el intercambio fue una máxima declaración de amor de parte del gran escritor argentino porque estoy segura de que fue él quien inventó el juego. La secreta corbata que guardaba mi padre era esa declaración de amor, que dejaba de serlo si la corbata desaparecía. Y dejaba de serlo si no estaba escondida”.

Sobrevuela una estética punk, del planchazo en plena cabeza. Le irritan los opinólogos (“es un tipo de fascismo que come papas fritas dentro de una iglesia”) y los pintores chilenos contemporáneos (“su fórmula funcionó dentro de un grupúsculo intelectual no preparado para lo nuevo”). Pero sobre todo se rebela ante la impostura (“Hay cobardes tan cobardes que, además de ser cobardes, se hacen los valientes”).

La pandemia también deja su trazo. Esos textos están advertidos como tales (“en cuarentena”, a lo largo del libro), y son el retrato de una falsa normalidad que combinó cordura con histeria, gritos con silencios, y la presencia del gran límite, ese que todos los neuróticos negamos (“sigue de moda morir” escribe en el último texto),
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“Antes quise que mis canciones no las escuchara nadie” confiesa. “Algo de voyerismo tiene todo esto. Tú mismo ahora estás mirando por un agujero cómo me desnudo. Crees que lo voy a hacer por completo. En verdad lo estoy haciendo”. Es una voz que parece resignificar el gesto poético, y el lugar del poeta. “Los verdaderos poetas no están en los libros ni en los grupos políticos de moda. Tampoco en los paneles de conversación. Menos en las universidades. Los verdaderos poetas no saben que son poetas”.

OTRO TIPO DE MÚSICA, de Colombina Parra. Random House, 2023. Buenos Aires, 186 págs.

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