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Las enfermedades no transmisibles causan el 74 % de muertes del mundo: de qué forma prevenirlas

En las Américas, las enfermedades no transmisibles son responsables de 8 de cada 10 muertes al año.

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Las camas de CTI inauguradas en el hospital de Maldonado. Foto: Prensa ASSE

El Tiempo/GDA
Las enfermedades no transmisibles (ENT) causan la muerte de 5,5 millones de personas por año en la Región de las Américas, muchas de las cuales que podrían evitarse si se redujeran los factores de riesgo comunes, como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el sedentarismo y la alimentación poco saludable.

Las denominadas ENT son enfermedades de carácter crónico que pueden ser de larga duración y cuya aparición se debe a la conjunción de factores genéticos, ambientales, fisiológicos y de comportamiento o hábitos. A nivel global, provocan cada año cerca de 41 millones de muertes, lo que equivale al 74 % de todos los fallecimientos globales.

Entre las principales ENT, se encuentran las enfermedades cardiovasculares (como infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular), el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, la diabetes y los trastornos de salud mental.

Según la Organización Panamericana de la Salud, el género impacta en los niveles de exposición y vulnerabilidad a los factores de riesgo. Por ejemplo, las mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar obesidad, lo que a su vez aumenta su posibilidad de desarrollar otras ENT, especialmente diabetes

Asimismo, en América, la depresión se presenta dos veces más en las mujeres que en los varones y entre el 10 % y 15% de las mujeres en países industrializados y entre 20 % y 40 % de las mujeres en países en desarrollo, sufren de depresión durante el embarazo o el puerperio.

Por lo anterior, el Dr. Diego Vargas, médico especialista en psiquiatría, advierte que “la aparición de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles tiene una influencia en la salud mental del paciente, y el impacto a nivel mental y físico depende de la adherencia al tratamiento y los adecuados estilos de vida; esto aplica en ambas direcciones. En relación a las mujeres, existen diversos factores biológicos, sociales, culturales y de funcionamiento mental, que hacen que existan unas particularidades en la presencia de enfermedades tanto a nivel físico y mental; como, por ejemplo, los problemas de salud mental pueden estar relacionados al ciclo menstrual, al embarazo, la menopausia, entre otras; también la aparición y manifestación de síntomas afectivos, que enmarcan una mayor vulnerabilidad y merecen una atención diferencial”.

Vargas hace un llamado a “empezar a hablar de los hábitos de vida que beneficien la salud física y la salud mental, entendiéndola como el conjunto de factores que impactan en el bienestar de una persona. Por lo tanto, no se deben abordar por separado, dado que, los cuidados relacionados con mantener una adecuada actividad física y alimentación de acuerdo a la edad, condiciones de salud e indicaciones individuales, una oportuna higiene del sueño, fortalecimiento de redes de apoyo, actividades que aporten al autoestima y motivación cotidiana, entre otras; van a permitir tener una adecuada salud física y mental”.

“Las ENT son un problema que debemos abordar como sociedad. Desde UpJohn división de Pfizer, es un orgullo estar impulsando esta iniciativa para que más personas puedan controlar sus factores de riesgo y así vivir más y mejor. Debemos aunar esfuerzos entre todos los actores del sistema de salud, incluyendo médicos, autoridades sanitarias, organizaciones de la sociedad civil y la industria farmacéutica para reducir el impacto que esta carga tiene en la vida de todos”, señala por su parte el Lic. Martín Javier Martínez Lozano, Gerente General de Upjohn división de Pfizer para el Cono Sur y Región Andina.

Cabe destacar que, “la hipertensión arterial afecta al 40 % de las mujeres, y el infarto del miocardio es la primera causa de muerte entre este género; razón por la cual, resulta fundamental implementar hábitos de vida saludables, esto incluye, tener una dieta balanceada, hacer ejercicio, controlar el peso, manejar el estrés, no fumar y, evitar el consumo excesivo de alcohol. A esto se suma, el control de la enfermedad, por lo que, todos los adultos deben “conocer sus números” en cuanto al valor de la presión arterial, glucosa, colesterol total, triglicéridos y colesterol HDL. Es muy importante, también, tener presente si hay antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular y antecedentes personales de enfermedades autoinmunes, pues, este es un factor de riesgo considerable en eventos vasculares”, aseveró el Dr. José Rozo, internista cardiólogo.

Por su parte, el Dr. Felipe Mejía, médico anestesiólogo con máster en intervencionismo en dolor, explicó que, en definitiva, el dolor crónico tiene un impacto mayor en las ENT, y en especial en mujeres, inclusive, en edades jóvenes. Es de resaltar que, con los cambios anímicos y emocionales, se ve una presentación de dolor y aquí se vuelve un círculo vicioso en el cual el dolor desencadena depresión, ansiedad, trastornos de sueño y, esto por supuesto, va a generar mucho más dolor.

“Es primordial saber identificar los tipos de dolor, sobre todo tener claridad de cuándo son dolores agudos, cuándo un dolor es crónico y qué tipo de patología lo puede presentar, pues se debe tener presente que el dolor es el quinto signo vital que permite diagnosticar diferentes entidades o patologías asociadas a este”.

El Dr. Juan Diego Londoño, médico intervencionista en dolor, advierte sobre la importancia de mejorar el abordaje de las Enfermedades No Transmisibles para eliminar las barreras que se presentan en el diagnóstico, manejo del dolor y adherencia a los tratamientos, es importante:

Promover la educación, sobre todo en los factores de riesgo, para mantener una cultura de prevención en los casos que sea posible: obesidad, ergonomía (mantener buenas posturas durante el trabajo) y evitar el tabaco.

Consultar de manera temprana al especialista cuando se presenten síntomas.

Seguir las instrucciones del médico de atención primaria sobre el manejo del dolor, de no lograr una mejoría, pedir remisión con un especialista en medicina del dolor.

La adherencia al tratamiento es fundamental para obtener mejores resultados, se debe tener una comunicación clara con el médico para conocer los beneficios y posibles efectos adversos de las terapias que recibe cada paciente.

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