Redacción El País
La cibercondria describe la ansiedad que se activa cuando una persona busca de forma reiterada síntomas y posibles diagnósticos médicos en internet y termina sacando conclusiones alarmantes sin respaldo clínico. Es un fenómeno cada vez más extendido, impulsado por la inmediatez digital y la circulación de contenidos poco confiables.
Consultar temas de salud en la red no es, en sí mismo, un problema. De hecho, la mayoría de las personas lo hace alguna vez y, muchas veces, encuentra información que tranquiliza. El punto de quiebre aparece cuando la búsqueda deja de ser ocasional y se transforma en una práctica repetitiva que no calma, sino que incrementa la angustia.
Cuando la preocupación se vuelve obsesión
La diferencia entre una inquietud razonable y la cibercondria está en la intensidad y la persistencia. Mientras la preocupación común suele ser pasajera, la cibercondria se manifiesta como una conducta obsesiva, con chequeos constantes y una lectura catastrófica de los resultados: un dolor de cabeza que se interpreta como algo grave o un síntoma menor asociado a enfermedades poco probables.
Desde la psicología, este comportamiento se vincula a una fuerte necesidad de control. La idea de que “saber más” permite dominar la situación lleva a muchas personas a consumir información sin filtro. A eso se suma la lógica del “todo ya”, propia de la vida digital, que refuerza la sensación de estar hiperinformado, aunque no necesariamente bien informado.
Información sin filtro, más ansiedad
Lejos de aportar alivio, la búsqueda compulsiva de información médica suele aumentar el malestar emocional, sobre todo cuando se apoya en fuentes sin rigor científico. Foros, videos virales o respuestas automáticas pueden amplificar el miedo y consolidar creencias erróneas sobre la salud.
Entre las señales de alerta más frecuentes se cuentan la consulta constante de síntomas en buscadores, herramientas de inteligencia artificial o comunidades online; la desconfianza hacia los profesionales de la salud; la búsqueda interminable de segundas opiniones; y la interferencia en la vida diaria, con pensamientos recurrentes sobre enfermedades o la muerte.
Qué hacer frente a la cibercondria
El primer paso es simple y conocido: si hay síntomas, corresponde consultar al médico, quien evalúa, solicita estudios y define un tratamiento. Ese recorrido, el de siempre, sigue siendo la referencia más confiable.
Cuando la necesidad de buscar datos médicos en internet se vuelve compulsiva y afecta la rutina, es recomendable pedir ayuda a un psicólogo. El abordaje terapéutico permite trabajar la ansiedad, los miedos asociados y, en algunos casos, aspectos emocionales más profundos, como el temor a la muerte, la autoestima o síntomas depresivos que pueden estar detrás de esta conducta.
En tiempos de sobreinformación, aprender a poner límites a las búsquedas y volver a confiar en el vínculo con los profesionales de la salud aparece como una estrategia clave para cuidar no solo el cuerpo, sino también la salud mental.
En base a El Tiempo/GDA
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