del terror a la comedia

El vicio de actuar

Entrevista con Florencia Colucci, una actriz que no para de crecer.

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Florencia Colucci

A Florencia Colucci todavía le retumban sus gritos en La casa muda, la primera película que rodó y que dio la vuelta al mundo. Tenía 23 años cuando se vio por primera vez actuando en pantalla grande, en una sala llena de críticos en el Festival de Cannes. Pero como sucede en las tramas de terror, ocurrió una vuelta de tuerca. Una que ella misma se encargó de construir cuando en 2015 estrenó junto al cineasta Gonzalo Lugo Retrato de un comportamiento animal, comedia romántica que escribieron, produjeron, dirigieron y protagonizaron. Dio otro paso cerca del humor en la serie Rotos y descosidos y terminó de zambullirse en este registro que le calza como un guante en la chispeante pieza teatral Enefecto. Aquí, una charla con una actriz que no deja de crecer.

—Se habla de la verdad escénica como si fuera un tópico, ¿cómo lo bajarías a tierra?

—Es una búsqueda cuyo resultado tiene que ser que juego a algo que me lo creo. Sea una tragedia griega o una comedia sobre drogas, como Enefecto.

—Estudiaste distintos tipos de métodos para comprender la interpretación, ¿qué camino te hace sentir más cómoda?

—Me ayudó mucho un curso con Beatriz Flores Silva en el que sugería trabajar con el verbo de acción, es decir identificar el objetivo de tu personaje en cada situación para no estar boyando escena a escena. Eso me permite estar concentrada en algo que adorno con el diálogo, pero que es mi verdadero fin. En teatro tenés que recordar permanentemente qué estás haciendo ahí. Una vez que me lo creí, lo vivo como si estuviera jugando.

—El boom de la improvisación surgió cuando te estabas formando y estudiaste esta técnica más de una vez. ¿Te parece que afectó a tu generación en la manera en que encara la actuación?

—Puede ser que sea la base de una frescura, pero tampoco tiene que ver con la edad. Yo admiro a Jorge Bolani, que para mí es el más grande, y me parece el más fresco de los actores uruguayos. La improvisación es muy buena para sobrevivir a los castings y para apreciar la espontaneidad.

—¿Qué es lo que te molesta de los castings?

—Es una situación de mierda: tenés 30 segundos para demostrar tu talento delante de desconocidos. Es algo bruto. Ahora lo acepto: voy, doy lo mejor y que sea lo que sea.

—¿Por qué admirás a Bolani?

—Me gusta que cuide todos los detalles de sus personajes y que tenga un material propio del que se alimenta para transformarlos.

—¿Fue por fanatismo que lo convocaste como narrador de la película que dirigiste (junto a Gonzalo Lugo)?

—Sí. Le propusimos ser un narrador que quiere a los protagonistas, entonces la forma en que decía las palabras era importante. Nos propuso un juego sobre cómo decir que nos encantó. Esto, la forma de dominar la palabra, es algo que no veo en mi generación.

—El título original de Retrato de un comportamiento animal iba a ser Lo que escupe el asfalto, ¿por qué lo cambiaron?

—Nos encantaba, pero nos decían que el verbo eructar quedaba grosero.

—No tenían casi experiencia cuando guionaron, produjeron, dirigieron y protagonizaron esta película, ¿surgió de una necesidad de generarse un proyecto propio para poder actuar?

—Es que nosotros tenemos ganas de hacer y teníamos claro que nuestra primera película no iba a ser la mejor, el tema es si valía la pena esperar. Nos la tomamos como un entrenamiento y le sacamos el peso de "la ópera prima". No le pusimos pretensiones. Queríamos decir lo que teníamos ganas, que muchas veces no te pasa en los proyectos ajenos. Fue una experiencia kamikaze; volvería a actuar, a escribir y a dirigir, pero no sería productora.

Florencia Colucci tiene 29 años. Nació en Montevideo, pero creció en Tarariras (Colonia). A los 8 comenzó a estudiar teatro.
Florencia Colucci tiene 29 años. Nació en Montevideo, pero creció en Tarariras (Colonia). A los 8 comenzó a estudiar teatro.

—¿Cómo crees que te posiciona frente a un director que hayas tenido esta experiencia?

—No me lo cuestioné. Me parece que está bien quitarle importancia a los rubros, no para convertirlo en un vinculo horizontal sino porque todos tenemos historias para contar.

—¿Cuáles son las historias que te interesan?

—Ahora estoy escribiendo una serie de ficción (con Lucía Garibaldi) que es sobre cómo la mujer se vincula con la sexualidad.

—Venís de trabajar en la serie Rotos y descosidos, ¿fue un motivador?

—Tiene que ver con algo generacional también, porque todos vemos series, muchas, y la forma en que te vinculás con un personaje es mucho más íntima, eso me interesa como guionistas y como actriz.

—¿Cómo llegaste al personaje de La casa muda?

—Había un afiche en la escuela de teatro para actuar en una película de terror, lo cual era una rareza, así que titubeé varias veces y a última hora fui al casting. La primera vez tuve que gritar. La segunda, me hicieron correr por la productora. La tercera actué con otro actor una de las escenas.

—¿Cómo te preparabas para lucir asustada?

—Me armé una lista de música que me angustiara y otra que me asustara. Antes de cada escena salía a correr para cansarme. La casa tenía un primer piso que estaba deshabitado, así que tenía tela de arañas, olor a encierro y oscuridad: me iba para ahí con la música y me metía el estado para adentro. Me asustó bastante el rodaje, sobre todo porque era estudiante y mi cara iba a estar 70 minutos en una pantalla.

—¿Y los gritos?

—Digamos que tengo facilidad.

—Por esta película recibiste varios premios, incluso el de Mujer del Año...

—Yo tenía 23 y de golpe estaba en el Festival de Cannes. Me desbordó, quedé un poco trancada. La primera vez que vi la película fue en Cannes en una sala llena de críticos. Más que preocuparme por mí me concentré en observar si ellos se asustaban y cada sobresalto pensaba "¡bien!"

SABER MÁS

Una comedia sobre las drogas en El Tinglado

Enefecto es la primera obra de Alberto Rojas Apel, guionista argentino. Fue adaptada por Mario Erramuspe para trabajar con un elenco integrado por una nueva generación de actores. Cristian Amacoria, Florencia Salvetto, Rafael Beltrán y Florencia Colucci se apropian de sus personajes con gracia y frescura y logran armar el ambiente ideal de una noche que se vuelve loca y fantástica.

—¿Te molesta alguna manía tuya al actuar?




—Tengo como unos arranques de energía raros, y grito, frunzo los ojos.

—¿Lo hacés fuera de la actuación?

—Nunca.

—¿Tenés rituales antes de actuar?

—Mi madre hace reiki así que antes de cada función le pido que me mande calma, concentración, paz y creatividad: todo lo que necesito para actuar. Para mí esto es muy complejo, pero como la vida es un rato y es una sola, sigo.

—¿Qué es tan complejo?

—Vivir de esto. Siempre el tamaño del país tranca, aunque creo que estamos en un buen momento y que va a mejorar.

—¿Qué es lo que te interesa de actuar?

—Es una especie de vicio. El teatro te da muchísima felicidad. Quizá sea que me resulta más fácil conectarme con el presente siendo un personaje que en mi propia vida. Creo que las cosas que nos colocan en el ahora son el sexo, los viajes y actuar, y cuando yo actúo no necesito nada más en el mundo.

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