Castiglioni fue LA pionera Y Hoy 15% de los cirujanos son mujeres

Cuando el bisturí pasó a manos de las mujeres

Un cardiólogo italiano muy reconocido a mediados del siglo XX fue contundente al enterarse de que una joven maestra y estudiante de medicina pensaba dedicarse a la cirugía. "Nadie se va a querer operar con una mujer", sentenció.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Castiglioni se recibió de maestra a los 18 años y en 1950 era médica en el Maciel. Foto: L.Carreño.

Aquella muchacha, Dinorah Castiglioni, a la postre se salió con la suya. Fue la primera cirujana de Uruguay. Hoy tiene 96 años y sonríe al recordar el episodio. "Le erró feo aquel médico, era muy machista".

Castiglioni nació el 10 de septiembre de 1918; a los 18 años era maestra y el 29 de diciembre de 1950 se recibió en la Facultad de Medicina. Tiene dos hermanas también nonagenarias: "Podemos hablarnos por teléfono y reconocernos", afirma y vuelve a sonreír.

Durante 20 años ejerció como la única cirujana recibida. Su pasión por la medicina nació estudiando magisterio.

"Era tan estupenda la carrera que nos mandaban una vez por mes al hospital pensando en la maestra de campaña, que tenía que enseñar alimentación e higiene racional de los niños. Un día llegué a mi casa enloquecida con eso de que quería ser médica; tenía 16 años y con mucho tino mis padres me dijeron que el próximo año tendría un titulo en la mano con el cual defenderme en la vida, y que después tendría tiempo para hacer lo que quisiera. Por suerte mis padres sabían, valía la pena escucharlos. Ser maestra me facilitó mucho ser docente de medicina; lo hice durante 36 años y para mí era más sencillo que para el resto de los compañeros", indica Dinorah Castiglioni a El País.

Sobre su paso por la Facultad de Medicina dice que fue precioso, alentador.

"Yo era del tipo romántico y por eso no creo mucho en los test vocacionales a los 15 o 16 años. Si alguien me hubiera hecho un test me habría mandado para las carreras humanísticas porque me gustaba la literatura, la historia, la poesía, las plantas y los pajaritos. Todas esas cosas de adolescencia, ¿vio? Pero mi vocación era de servicio, quería ser útil".

La carrera.

En tercer año de la Facultad, Castiglioni fue una de las ganadoras de un concurso de oposición y méritos para acceder a un cargo honorario de practicante externo.

Un amigo le preguntó qué opción tomaría entonces para continuar la carrera."Tenía que elegir qué semestre hacer primero, si cirugía o medicina. Como yo nunca voy a hacer cirugía, pensaba entonces, haré el primer semestre de cirugía. Y así fue, di algunas materias chicas, como bacteriología. Pero al final nunca más me separé de una sala de cirugía", sostiene.

La primera operación que hizo fue sacar un apéndice, "que era de las cosas más sencillas. Entonces me ayudaba un profesor y no le dije que era mi primera cirugía, porque si no no me iba a dejar poner ni una pinza por las mías; así que, calladita, como si fuera de lo más normal, lo hice y salió bien".

Castiglioni accedió a todos los cargos por concurso. En su carrera dio 29 pruebas de oposición. "En la década de 1950 si usted era hombre, los comentarios de la familia y los amigos eran de este estilo: ¡es tan inteligente que el profesor le pidió que fuera ayudante de él! Si una era mujer, los comentarios no eran los mismos; nunca le tuve mucho miedo a eso pero de todas maneras más vale prevenir que curar...", es decir, en su caso, haber decidido concursar.

Cuando obtuvo el grado 2, de tres años hizo dos en sala de hombres. "Me dije: soy profesora y tengo que saber tanto patología masculina como femenina; sé que después me puede ser más fácil manejarme con las mujeres, pero esto tengo que hacerlo, y nunca nadie se negó a operarse conmigo".

Castiglioni agrega: "Posiblemente trabajé un poco más, iba, operaba, hacía la visita, la contra visita, no faltaba un domingo. Si uno trata bien al enfermo y le brinda atención, su arte, a éste no le importa si el cirujano es hombre o mujer".

Como pescadores.

Para Castiglioni hay cirujanos "que les parece mejor el trabajo cuando tienen la pieza más grande, una que llene la bandeja. Pero yo, siguiendo las líneas de mi maestro, el profesor Juan Carlos del Campo, pienso que en cirugía más importante que lo que se saca es cómo queda lo que queda, es decir el enfermo. No vale la pena hacer una operación para tener una más en la lista cuando el enfermo no va a mejorar o va a empeorar".

Castiglioni, entre muchas memorias más, dice que en los primeros años de su pasaje por la Facultad, ella y otros practicantes internos eran quienes administraban la anestesia.

"Nada que ver con la anestesia que hubo después, era trabajoso. En las anestesias que hice, hasta que llegaba el día siguiente y veía al enfermo sentadito en la cama, no me quedaba tranquila, vivía angustiada. En un principio, al más desgraciado le hacían hacer la anestesia y no sé por qué. Inclusive en algunas salas las hacían las hermanas de la Caridad. Después surgieron los anestesistas...". Primera mujer cirujana, medicina, Facultad de Medicina, Hospital Maciel, anestesia.

El dilema de la maternidad y la cirugía

Marianna Carbón tiene 40 de edad, un bebé y es cirujana desde hace nueve años. Dice que la cantidad de cirujanas creció pero no son más del 15%.

Ella es la única mujer en el staff de 15 médicos docentes del departamento básico de cirugía de la Facultad de Medicina para residentes.

Solo una vez en una guardia de hospital le tocó vivir que un paciente se sorprendiera porque una mujer lo iba a operar. Era un hombre del medio rural que luego le explicó cómo en campaña estaban acostumbrados a que el médico siempre fuese un varón.

Marianna Carbón dice que en general los cirujanos cambiaron bastante la actitud, "en el sentido que cuando era residente de cirugía había que comerse los niños crudos para que a la mujer la dejaran hacer un nudo. Ahora no hay que demostrar nada por ser mujer, solo tener las aptitudes". Para Carbón, muchas cirujanas "renunciaron a formar una familia", por su trabajo, que es muy demandante. "Es bastante incompatible la maternidad y la cirugía porque se vuelve tarde, cansada y no hay domingos".

Añade que las guardias son de 12 horas como mínimo, y en general de 24 horas. También comenta que algunas cirujanas renunciaron a "ciertos caracteres femeninos como pintarse, ponerse una falda, un par de tacones o caravanas", lo que no vio en sus colegas cirujanas españolas y venezolanas.

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