FENÓMENO K-POP

Uruguay en la ola coreana

Con la música pop como su gran motor, la cultura del país asiático es furor entre adolescentes del mundo y vive su apogeo en la región.

Javiera Olivar integra un grupo de coreografías de k-pop. Foto: Ariel Colmegna
Javiera Olivar integra un grupo de coreografías de k-pop. Foto: Ariel Colmegna
Korean Fans Uruguay (KFU) se formó en 2013 para dar a conocer la cultura coreana. Foto: Agustín Martínez
Korean Fans Uruguay (KFU) se formó en 2013 para dar a conocer la cultura coreana. Foto: Agustín Martínez

Le dicen "ola coreana". En inglés: korean wave. O también korean fever. O hallyu. Cualquiera sea el término, todo hace referencia a lo mismo: la repentina y ascendente popularidad de los productos culturales made in Corea del Sur, que ya alcanza el estatus de fenómeno. Incluye de todo: música, danza, cine, comida, tecnología, moda, televisión. De hecho, el extendido concepto de hallyu fue acuñado por periodistas chinos sorprendidos por la masividad que tenían en su país las telenovelas surcoreanas, que pronto fueron acompañadas por películas y bandas. Y hoy es su música pop, conocida justamente como k-pop, el principal motor de la movida con epicentro en Seúl, capital de Corea y geográficamente en las antípodas de Montevideo. Sin embargo, su popularidad traspasa toda frontera: creció en los últimos años en América del Sur y vive ahora su momento pico en Uruguay y Argentina.

En nuestro país, el fenómeno comenzó a germinar alrededor de 2011 con el impulso de un grupo de Facebook llamado "K-pop Uruguay", que aún existe. "Era un grupo donde quienes gustábamos de la música pop coreana compartíamos nuestros videos preferidos, y cada cierto tiempo hacíamos reuniones en el Jardín Botánico, donde siempre éramos los mismos once. Más adelante comenzaron a crearse fanclubs para diferentes grupos", relata Analaura Burgos, de 20 años y una de las coordinadoras de Korea Fans Uruguay (KFU), agrupación que se organizó en febrero de 2013, busca dar a conocer la cultura coreana y se encarga de trabajar en eventos culturales junto a la embajada de ese país. Ella estima en 1.500 los seguidores del k-pop en Uruguay. Cada fanclub se encarga de sus reuniones, concentrándose la mayor cantidad de gente en las actividades de la embajada de Corea y KFU.

La edad es uno de los denominadores comunes que tienen los seguidores: son jóvenes y adolescentes. "La mayoría de quienes somos activos en la movida tenemos entre 13 y 25 años; aunque obviamente hay excepciones", aclara Analaura. El otro factor común es un ingrediente particular: los fanáticos de k-pop no solo idolatran a bandas adolescentes al mejor estilo One Direction (pero coreanas, claro) sino que también arman grupos propios para caracterizarse, cantar y bailar coreografías igual que sus ídolos. Uno de los lugares más elegidos por los fanclub para sus encuentros, también llamados fanmeetings, es la plaza de comidas del shopping Tres Cruces, "punto céntrico y seguro, ya que hay muchos menores de edad y para los padres y ellos es importante la seguridad", puntualiza Analaura.

Pero lo cierto es que, en estas tierras, el fenómeno es reciente. No tanto tiempo atrás, en agosto del 2012, había solo dos o tres grupos que bailaban k-pop y su nivel no era alto, recuerda el cónsul de Corea en Uruguay Yeo Seung Chul, quien arribó al país ese año proveniente de Panamá, donde se presentaban unos 50 grupos por año al festival de K-pop que la embajada coreana organizaba. "Pero se desarrolló muy rápidamente la calidad y la cantidad de participantes en los k-pop Festival. El año pasado hubo casi 20 grupos que quisieron participar, elegimos dos para concursar en el mundo y ya tienen un muy buen nivel, casi profesional", comenta el diplomático, a la vez que opina que este es solo el comienzo. "Creo que seguirá creciendo el fenómeno y mejorando el nivel. Muchos quieren visitar Corea por el k-pop".

Redes sociales.

Verdadera red de contención, los fans de las bandas coreanas poseen una participación voluntaria y activa que hasta, en algunos casos, incluye equipos de traductores, baile, fotografía y video para la difusión amateur y por "amor al arte" de esta industria cultural. Al mejor estilo semillero, el k-pop forma artistas que durante años se preparan para desarrollar en igual medida las habilidades de canto, baile y actuación. Y en todo este asunto, la exposición mediática y su viralización a través de Internet es el sine-qua-non de una ecuación que mueve millones.

Las redes sociales fueron el vehículo para que el k-pop se extienda a nivel mundial y eso se combina con el hecho de que la comunidad fan es muy generosa a la hora de compartir los materiales. Se trata de una muchachada que asume un compromiso que hasta tiene reglas para la venta de merchandising: está el oficial —difícil de conseguir y costoso— y el "fan-made", en el que hay que dar valor agregado y donde es casi tabú hacer y vender copias de los discos. Con packaging fastuoso y ediciones de lujo, los discos originales son un "tesoro" y la mayoría de los seguidores los exhibe y cuida como trofeos, al punto incluso de escuchar las canciones desde la web para no estropearlos.

Así como cada banda tiene un color oficial que suele verse representando en el merchandising, los seguidores de cada grupo tienen un nombre —por ejemplo, los fans del grupo SHINee se llaman "Shawols"; los fanáticos de Girls Generation, "SONE"; los seguidores de BIGBANG, "V.I.Ps"— y cada canción tiene su coreografía oficial. Un dato curioso es que el fan club local de la boyband TVXQ! promovió en 2010 una votación en la encuesta a la música y el arte que realiza el suplemento Sí! del diario Clarín. Tal fue la convocatoria que participaron fans de toda Latinoamérica y los TVXQ! ganaron en la categoría Álbum del Año con The Secret Code y salieron segundos en las categorías Banda y Artista Internacional (quedaron a menos de 300 votos de AC/DC y a unos 1000 de Lady Gaga). Eso generó una nota en tono de burla en el diario sobre el apoyo que el fan club le había dado a "los Mambrú de Corea", considerándolos como unos "colados en las urnas". A nivel mundial las "Cassiopeias" —como se denomina a los seguidores de TVXQ!— han obtenido el récord Guinness al fan club oficial más numeroso.

La uruguaya Javiera Olivar (foto de tapa) recuerda que su primer vínculo con el k-pop fue en el 2009, cuando una compañera del liceo le mostró un video de un grupo llamado DBSK. "Me llamó mucho la atención en primer lugar la estética, y después toda la propuesta tanto coreográfica como musical porque, a diferencia de muchos artistas que estamos acostumbrados a ver en Occidente, los grupos de k-pop cantan tan bien en vivo como grabados, a pesar de estar en constante movimiento", expresa esta estudiante de Lingüística de 22 años.

El armado marketinero de los grupos de k-pop no difiere demasiado del de las bandas teen occidentales. Las compañías musicales eligen y entrenan a los integrantes de las girl y boybands, imponen el estilo de cada banda, su estética y coreografías, así como también el perfil de cada miembro. Donghoon Ha trabaja en Artística y Repertorio de Universal Music Group en Seúl y participa en el proceso de creación y lanzamiento de las bandas de k-pop. Desde Corea del Sur, cuenta a Domingo que se seleccionan jóvenes que no superen los 19 años y que su entrenamiento lleva entre dos y tres años. "Cuando llegan se les elige según sus capacidades, si cantan muy bien van para lo vocal, si bailan bien van a la danza. Dependiendo de cada concepto de grupo se eligen las personas para integrarlos, para lo que se hacen exámenes". Cuando un grupo está formado, se tarda un año aproximadamente para que sea presentado, en general en televisión.

Un desafío de las compañías musicales es incrementar la presencia del k-pop en Estados Unidos y Europa, "pero aún en esos países hay un poco de rechazo", dice Ha. Los integrantes de los grupos en general cuentan con profesores de idiomas, en especial inglés, y las empresas llevan a Corea a compositores de varios países, sobre todo de Europa, para que colaboren con la rítmica y la melodía en las canciones que tienen letras en inglés. "Es una música multicultural, la escriben personas de diferentes lugares. Pero es una canción que tiene mucho del acento del idioma coreano".

De web a TV y viceversa.

Para su Bailando por un sueño 2014, el certamen pilar del éxito de rating ShowMatch, Marcelo Tinelli eligió al k-pop como ritmo. Lo bailó la variopinta troupe de famosos que participó en el concurso y durante los programas se mostró la impronta de los fans argentinos que colmaron las plateas durante las grabaciones, grupos locales que realizan covers de canto y baile del género y hasta una conversación telefónica entre Tinelli y el embajador surcoreano en Argentina, Jong-Youn Choo.

Desde este lado del río, Analaura cree que la presencia de k-pop en Showmatch tuvo repercusión en Uruguay. "Muchas personas se han unido a los fanclubs y a KFU luego de eso, interesándose por la música y estética del k-pop", cuenta. En cuanto al contenido del programa, dice que esperaba más de lo que vio. "En la mayoría de las parejas no se reflejaba la esencia del género, sino que se hacía lo de siempre, quitarse la ropa y bailes con alto contenido sexual, con una música diferente de fondo", desliza.

Se estima que Argentina tiene unos 20.000 "kpopes" —como se denomina a los fans— y, en un primer momento, el k-pop en el programa de Tinelli "generó muchísima controversia" en ellos. Una mayoría rechazaba la idea por no querer que el género saliera a las masas, y el miedo a cómo se trataría el tema y el contexto en el cual se iba a manejar. Otros mostraban "una mirada más positiva de agradecimiento a la oportunidad y a las ventajas que iba a generar a futuro que el programa más visto de la televisión argentina le diera un espacio a un movimiento que hasta entonces había sido muy desconocido", comenta a Domingo Jimena González desde KPOP Argentina, un grupo que organiza y nuclea la expresión, cuya página en Facebook cuenta con más de 120.000 seguidores, principalmente de Argentina, México, Perú y Uruguay. "(Finalmente) eso se dio vuelta y la mayoría quedó muy conforme con el espacio respetuoso y cuidado que se le brindó a las coreografías. Con la llegada del k-pop a ShowMatch pudimos ver de cierta forma que la sociedad en general no está tan cerrada como considerábamos a recibir algo tan nuevo y diferente", dice González.

Más que música.

La explosión en los medios de la vecina orilla también es referida por el responsable de Comunicación del Centro Cultural de la Embajada de Corea en Argentina (CCC), Gabriel Pressello, quien asegura que es algo que "se esperaba" que sucediera en algún momento. "Contábamos con que el pop coreano pegara el salto como fenómeno masivo", como fruto de la promoción y difusión que realiza el país. Por ejemplo, desde 2010 la embajada organiza el concurso KPOP Latinoamérica en el que participantes de la región cantan y bailan con el ánimo de viajar a la final mundial en Seúl. En 2014 audiocionaron unos 300 grupos (unas 1.500 personas) provenientes de casi todos los países latinoamericanos, entre ellos Uruguay. Asimismo, a inicios de enero el canal argentino Magazine emitió por primera vez una novela surcoreana: el estreno de Jardín Secreto fue trending topic en Twitter.

"Los fans, entendiendo cuán lejos se hallan geográficamente de Corea del Sur, se agrupan y potencian con reuniones periódicas, proyectos e incluso eventos benéficos, y aprovechan cada oportunidad para mostrar su fanatismo y hasta enseñar costumbres y cultura de Corea del Sur a sus pares. Hablamos de chicos que prefieren juntarse a comer en restaurantes coreanos en vez de ir a un McDonalds, o que marcan diferencias entre las distintas comunidades asiáticas —como ser la japonesa, coreana y china— sin haber tenido una educación formal sobre estos países en la escuela", explica a Domingo Paula Fernández, coordinadora de la oficina argentina de la World Association for Hallyu Studies (WAHS), organización que nuclea investigadores sobre el impacto de la llamada "ola coreana".

Javiera, que integra un grupo de chicas que realiza coreografías al estilo coreano, cree que los fans de k-pop tienen mucho más en común que su gusto por el género. "He leído artículos donde se dice que los k-pop fans somos personas que tienden a ser más tolerantes con el entorno y más abiertos a aceptar nuevas culturas —reflexiona—. Los artistas de k-pop promueven mucha la vida sana, el estudiar, el hacer ejercicio. Y creo que esto también influye de cierta manera en sus seguidores".

La importancia que ha tomado la expresión en la región es innegable y generó que en 2014 la WAHS organizara su segundo congreso internacional con expositores de todo el mundo en la Biblioteca Nacional en Buenos Aires. Es que, como aclara Fernández, este fenómeno trasciende lo musical. "Corea del Sur sabe que el k-pop provoca eso, lo explota, entiende que es beneficioso para la imagen del país. Recordemos que hace 60 años sufría las consecuencias de la Guerra de Corea con un territorio devastado. Hoy, se coloca en lo alto de las industrias culturales y éstas ayudan al país a promocionarse globalmente. La pregunta es si se trata de un fenómeno sostenible y hasta cuándo y de qué manera puede continuar funcionando esta fábrica de éxitos que es el k-pop".

La paradoja de Psy

El k-pop (Korean Pop) es la música popular moderna de Corea del Sur que incluye un mix entre el hip hop, la música electrónica y otros géneros occidentales, e incluso restos del propio folklore coreano (Hanguk Eumak). Su universo lo conforman boybands y girlbands y artistas solistas, las canciones tienen letras en las que el Hangul (idioma coreano) se mezcla casi siempre con palabras en inglés. Algunos de los grupos más populares entre los fans latinoamericanos son: Super Junior, BIG BANG, SHINee, JYJ, TVXQ!, EXO, 2NE1, Girls' Generation, Miss A y SISTAR.

Denominados como “idols” por sus fans, en las figuras del K-pop la regla es una belleza “perfecta”, ellas tienen rostros con halo de pureza angelical y piernas larguísimas adornadas muchas veces por faldas cortas y tacos; ellos también lucen figuras esbeltas y músculos marcados aunque desde la cultura occidental los describiríamos más bien como andróginos. La ropa que usan es llamativa y los videos poseen un abarrotamiento pulcro y tecno de luces, baile y sensualidad recatada. Muchas veces las apariencias etarias engañan y los genes surcoreanos junto a importantes gastos cosméticos y cirugías estéticas (que incluye la de doble párpado para que los ojos se vean más grandes) ayudan a un culto de juventud conservada en formol.

Paradójicamente fue la excepción a la regla la estrella K-Pop quien logró el deseado quiebre de la barrera hacia el mercado y la cultura de Occidente. El Gangnam Style, la canción que mueve el son del llamado “baile del caballo”, casi rompió el contador de YouTube con un récord que superó las 2.100 millones de reproducciones. Tan carismático como por fuera de la norma de la industria K-Pop e incluso desafiándola, en ella Psy parodia la clave adinerada del éxito de hombres mayores para ganar jovencitas. Pero difícil es entenderlo si se desconoce que “Gangnam” es uno de los barrios más ricos de Seúl y “Oppa” (literalmente tío) es como las chicas surcoreanas denominan a sus “amigos” mayores con “derecho a roce”. Por si no quedaba claro, tras un éxito que ninguno de los gurúes de esta industria esperaba dado la trayectoria rebelde y contestataria por la que hasta fue censurado por sus contenidos provocativos, Park Jae-sang (tal es su verdadero nombre) sigue reivindicando su camino y pasó de criticado a ser un ídolo en su país.

En 2014, Tinelli les dio más visibilidad

En diciembre pasado, el k-pop estuvo en boca de miles de uruguayos y argentinos debido a su aparición en ShowMatch, el programa de televisión líder de audiencia en ambas márgenes del Plata. Los fans locales del género admiten que, en principio, este hecho les provocó dudas y diferencias en la interna. Algunos no estaban conformes con la idea de que un género que es visto como "de culto" en este rincón del globo se masificara. Sin embargo, al final creen que el saldo fue positivo. La bailarina clásica Eleonora Cassano aseguró haberse enamorado de este ritmo.

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