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Patrimonio nacional prehistórico

Una veintena de paleontólogos uruguayos investigan y difunden las riquezasde la fauna y flora que poblaron este territorio.

Andrés Rinderknecht con un cráneo de tigre dientes de sable
Andrés Rinderknecht con un cráneo de tigre dientes de sable
Graciela Piñeiro en trabajo de campo.
Graciela Piñeiro en trabajo de campo.
Richard Fariña y la costilla de perezoso gigante
Richard Fariña y la costilla de perezoso gigante
Angeles Beri junto al microscopio
Angeles Beri junto al microscopio
Huellas de dinosaurios halladas por el equipo de Daniel Perea
Huellas de dinosaurios halladas por el equipo de Daniel Perea

LUIS PRATS

Hace 280 millones de años, el actual departamento de Cerro Largo sufría un clima gélido, parecido al de los fiordos noruegos, aunque el hielo que lo cubría se estaba retirando y ya aparecían algunas plantas. Suficientes como para dejar algunas esporas preservadas en el interior de las rocas.

Lo que hoy es Tacuarembó, hace 150 millones de años era parte de un enorme desierto, unido al África en el supercontinente Gondwana, del cual comenzaba a separarse. El paisaje estaba compuesto por vastas dunas, pero también había ríos y lagunas. Hacia allí iban a saciar su sed los dinosaurios. Un ejemplar de 15 toneladas transitó el bajo entre dos dunas y dejó estampadas para la posteridad sus huellas en el terreno húmedo.

Muy cerca de la ciudad de Sauce, en los campos que alguna vez fueron de la familia Artigas, se especula que hace unos 30.000 años un grupo de seres humanos arrojaba los restos de su comida. Uno de ellos almorzó un día costilla de perezoso gigante. El hueso se hundió bajo el arroyo del Vizcaíno y se recuperó en 1997.

Si esta historia tiene confirmación, hoy la costilla con marcas humanas está en la oficina de Richard Fariña, en el piso 13 de la Facultad de Ciencias de Montevideo. Las esporas antiquísimas pasaron por el microscopio de su esposa, Ángeles Beri. Y las huellas del dinosaurio colosal fueron descubiertas por el equipo de Daniel Perea. De la misma forma, Andrés Rinderknecht participó en la identificación y estudio del mayor roedor que caminó por este país y todo el mundo. Y Graciela Piñeiro trabajó en el hallazgoy análisisde un huevo y un embrión de un mesosaurio, un espécimen único en su tipo en el planeta.

Todos ellos son paleontólogos. Forman parte del pequeño grupo de uruguayos que tienen la profesión que Sam Neill hizo popular en Jurassic Park. Son los descubridores y guardianes de otro patrimonio nacional, el prehistórico, que resulta más rico de lo que muchos pueden imaginar.

Sí, lo que ahora llamamos Uruguay estuvo habitado desde el remotísimo precámbico, que terminó hace más de 500 millones de años. Y después hubo dinosaurios herbívoros y carnívoros, reptiles acuáticos y tiburones de agua dulce en sus arroyos. Y mucho después tigres dientes de sable, perezosos gigantes, mastodontes (una variedad de elefantes), caballos salvajes (mucho antes que Hernandarias trajera sus tropillas), gliptodontes del porte de un auto chico, toxodontes (mamíferos parecidos a hipopótamos y rinocerontes) y osos que harían recular a un grizzly del presente. Y en varios puntos del territorio nacional aparecen sus restos para relatar el pasado más remoto.

Vocacionales.

Una especial vocación los llevó por este camino poco transitado. "De niño quería ser futbolista, como todos los varones en el Uruguay, pero las aptitudes estaban por debajo de mis expectativas. No sabía de la existencia de estos temas científicos. El que me despertó el interés fue un profesor de Preparatorios, biólogo y médico, Aníbal Bolatto", cuenta Fariña. Piñeiro pensó en ser veterinaria, pero no resultó y también la influencia de buenos profesores en la entonces Facultad de Humanidades y Ciencias la llevaron a las Ciencias de la Tierra. De niño, Perea se apasionó por los vertebrados y recogía lagartijas, culebras y sapos. Siguió Ciencias Biológicas y de ahí pasó a interesarse en animales antiguos

No hay una carrera específica de paleontólogo, sino que cursaron la Licenciatura en Ciencias Biológicas, a través de Biología o Geología, y después se especializaron en Paleontología. En el país son una veintena, pues la salida laboral es escasa: casi todos son docentes en la Facultad de Ciencias, además de desarrollar en forma simultánea la investigación. Un caso diferente es de Rinderknecht, quien se desempeña en el Museo Nacional de Historia Natural, siempre en investigación y divulgación "Soy el único paleontólogo en el Poder Ejecutivo", afirma.

Muchos se inscriben en becas de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) o del Instituto Clemente Estable. Cuando terminan un proyecto se anotan en otro, siempre en competencia con sus colegas. La situación no es diferente a la de los paleontólogos de otros países, aunque los geólogos suelen tener ofertas de empresas mineras e incluso de Ancap.

Además, hay aficionados a la paleontología que realizan un valioso trabajo de colaboración con los profesionales y hasta formaron importantes colecciones. También están los que recogen muestras y las guardan sin someterlas a estudio ni compartirlas, lo que significa material perdido.

"Parafraseando al paleontólogo George Simpson, la paleontología en vez de matar los objetos de estudio los revive", comenta Fariña. "El pasado es la llave del presente, decimos los paleontólogos. Y también puede ser la llave del futuro", dice Beri, cuyos estudios sobre polen y esporas fósiles permiten conocer el clima de cada época, determinar los cambios climáticos que se produjeron sin la intervención humana y utilizar la información para anticipar los cambios climáticos del futuro.

Descubrimientos.

Periódicamente, los paleontólogos dejan sus oficinas y aulas para realizar trabajo de campo en los diversos yacimientos conocidos de fósiles. O se aventuran a recorrer terrenos y ríos para empezar de cero.

"Generalmente vamos a lugares predeterminados, en cumplimiento de proyectos concretos, pero también es lindo salir al campo a ver qué se encuentra, como hace poco con coleccionistas privados cuando hicimos 100 kilómetros en canoa por el Santa Lucía, deteniéndonos cada tanto. Y volvimos cargados de fósiles", recuerda Rinderknecht.

Además de la Ruta de los Dinosaurios descubierta por el equipo de Perea y la sorprendente teoría de Fariña (ver recuadros), existen otros logros trascendentes. Rinderknecht trabajó en la identificación del roedor más grande que haya existido, un descubrimiento que alcanzó repercusión internacional. "Tiene mucho marketing", sonríe el paleontólogo.

El roedor colosal fue llamado josephoartigasia monesi (por Artigas, claro, y por Álvaro Mones, antiguo director del Museo de Historia Natural). Vivió hace cuatro millones de años y era parecido a los actuales carpinchos, aunque tenía el tamaño de un toro grande y pesaba alrededor de una tonelada.

Piñeiro, en tanto, destaca el hallazgo del huevo y embrión de mesosaurio. "Es apasionante el estudio multidisciplinario que estamos haciendo sobre los mesosaurios, que son los reptiles acuáticos más antiguos conocidos. La Formación Mangrullo, donde se preserva la comunidad de los mesosaurios, es el yacimiento de conservación más antiguo de América del Sur", asegura.

"Hemos recibido una invitación para exhibir el mesosaurio en Japón. Al ser una pieza única y muy posiblemente irrepetible, decidimos enviar una copia 3D, que está siendo confeccionada en Uruguay por el licenciado Pablo Núñez y un artista ruso que se encargará de la musculatura y la piel. Por tanto, en breve tendremos disponibles estas reconstrucciones para que puedan ser exhibidas por la Facultad de Ciencias en nuestro país", se entusiasma.

Divulgación.

Las tareas de divulgación también son frecuentes. En julio, Televisión Nacional comenzará a exhibir Paleodetectives, una serie de nueve programas realizados por Rinderknecht junto al biólogo Washington Jones y el biomecanista Ernesto Blanco, presentando en cada capítulo un misterio sobre la prehistoria del país.

Piñeiro es revisora de trabajos en revistas científicas de Europa, Estados Unidos y Brasil, además de ser editora asociada de dos publicaciones importantes de Estados Unidos y Suiza. Y es responsable de tres proyectos, uno de la ANII, otro financiado por la National Geographic Society y un tercero de cooperación internacional. Perea, entre otras publicaciones, fue editor del tratado Fósiles del Uruguay. Fariña, ya autor junto a Sergio Vizcaíno de Hace solo diez mil años, con varias ediciones, prepara con Agustín Courtoisie Historia reciente del poblamiento remoto. Rinderknecht publicó junto a Silvia Soler Gigantes bajo tierra, destinado a niños.

Existen además varios museos en el interior del país, aunque un gran vacío en Montevideo: el Museo Nacional de Historia Natural tiene 178 años y un millón de piezas, entre fósiles, piedras y libros, pero está cerrado al público desde hace 15 años, cuando tuvo que dejar su sede en una de las alas del Teatro Solís.

La fabulosa megafauna.

"En el actual territorio uruguayo había animales más grandes que los actuales del África. Si todavía existieran serían gran atracción para safaris. Los personajes de La era del hielo, por ejemplo, vivían en el territorio uruguayo, y muchos no lo saben", cuenta Andrés Rinderknecht, quien muestra el cráneo de un tigre dientes de sable en la foto superior. En el dibujo de abajo, un perezoso gigante (megatherium), un animal que llegó a medir tres metros en postura erguida.

¿Huellas de dinosaurios como estas?

"Aquel 12 de octubre de 2009 estábamos buscando huellas de dinosaurios en el Norte del país y paramos para descansar junto a la ruta 26, a unos 25 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó. Vimos un afloramiento que parecía insignificante, además tapado de vegetación. Una estudiante que hacía su primera salida de campo empezó a mirar y preguntó cómo eran las huellas de dinosaurios. Le explicamos y ella preguntó de nuevo: ¿Cómo estas? Y descubrimos no una, sino varias. Fue un gran logro, un hallazgo emocionante", recuerda Daniel Perea.

Se trata de dos series de huellas de dinosaurios herbívoros (saurópodos), uno del tamaño de un elefante que dejó pisadas de 40 centímetros de diámetro, y otro del tamaño de tres elefantes (unas 15 toneladas de peso), cuyas plantas dejaron marcas de un metro de diámetro. Están en terrenos de cierta dureza pero no en piedra, por lo cual la erosión puede destruirlas pronto. Eso motivó un proyecto para techar la llamada "Ruta de los dinosaurios".

POLÉMICA TEORÍA.

Humanos de hace 30.000 años.

El arroyo del Vizcaíno, a 5 kilómetros de Sauce, guarda una enorme riqueza en fósiles, descubierta de casualidad por los dueños del predio, los Valetto, durante la pronunciada sequía de 1997. De inmediato concurrieron alumnos liceales con sus profesores a extraer los restos, una tarea que el pueblo hizo suya. El sitio sigue convocando a paleontólogos como Richard Fariña.

Entre los hallazgos, hay huesos de perezosos gigantes que parecen mostrar huellas de instrumentos humanos, lo cual sería una prueba más de la interacción de los pueblos primitivos con la megafauna.

Al analizar los restos con carbono 14, resultaron ser de hace 30.000 años. Eso implica que si la actividad humana en esos huesos es cierta, el ser humano llegó a este continente 15.000 años antes de lo que se creía hasta ahora. La teoría de Fariña y su equipo, divulgada en 2011, fue recibida con entusiasmo por algunos colegas y escepticismo por parte de otros.

"Estamos trabajando en la posibilidad dice Fariña —y pide subrayar la palabra posibilidad— de que la acumulación de huesos en el Vizcaíno sea producto de la actividad humana".

"Hay que aclarar, y este es un mensaje humanista, que no hay certezas absolutas en la ciencia. Lo que sabemos hoy, mañana puede ser presentado de otra forma. El descubrimiento causó polémica y está bien que haya sido así. Bienvenidas las críticas de los escépticos, porque nos mejoran", afirma el paleontólogo.

"Si tenemos razón y efectivamente las acumulaciones son el producto de la acción humana, no sabemos qué tipo de seres humanos la causó. La evidencia por ahora es indirecta, aunque nos parece fuerte", sostiene.

Fariña recalcó que existen, incluso en Uruguay, evidencias más recientes de interacción humana con la megafauna. "La extinción de la megafauna tiene importancia ética porque indica cómo los humanos tuvieron un impacto sobre la diversidad biológica", comenta, ya que una de las teorías sobre la extinción de esos enormes animales se apoya en las cacerías emprendidas por aquellos primitivos pobladores.

La página www.arroyodelvizcaino.org ofrece abundante información sobre el lugar y sus fósiles.

Cómo estuvo el tiempo en Melo hace 280 millones de años.

Los dinosaurios o la megafauna cuaternaria despiertan la atracción por lo colosal. Pero, a diferencia de muchos de sus colegas, Ángeles Beri se interesa por fósiles microscópicos. Ella se dedica a la paleobotánica o palinología.

"El polen tiene una ventaja porque es muy resistente. De pronto ya no encontrás la planta pero el polen sí. Como cada planta tiene un polen diferente, podemos concluir qué tipo de planta era. Y del estudio de la vegetación se puede saber cómo era el clima", dice. El polen fósil se encuentra en las rocas, pero nunca a simple vista, sino que solo se ve a través del microscopio. Los restos tienen 40, 50 micras, y la micra es el milésimo de un milímetro, explica.

Beri abre un cajón y saca un trozo cilíndrico de roca. "Es una cápsula del tiempo a la vegetación de hace 280 millones de años", comenta. El trozo se obtuvo cerca de Melo, en esquistos bituminosos que se analizaron por la posibilidad de uso energético, ya evaluado y descartado. Hace 300 millones de años, esa parte del territorio estaba cubierta por el hielo. Unos millones de años más tarde, los glaciares se retiraron y aparecieron plantas, como la que dejó esa huella.

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