Diego Fischer
Diego Fischer

Mujica y Lula, preocupados

La semana pasada, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal reclamó, en una carta enviada al expresidente José Mujica, que condenara públicamente la sangrienta dictadura que encabezan Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo.

Hasta ayer, la represión de esa tiranía ejercida a mansalva, le ha costado la vida a más de 200 personas.

"El mundo debe saber y pronunciarse respecto a lo que está ocurriendo en Nicaragua: una verdadera crisis de derechos humanos y terrorismo de Estado", afirma Cardenal, para agregar: "reconociendo que sos un defensor de los derechos humanos, de la lucha por la dignidad y fuente de inspiración para toda América Latina, la juventud y el pueblo que lucha en las calles de Nicaragua, necesitamos que sumes tu voz a nuestra causa que es digna y justa".

Vale recordar que Cardenal tiene hoy 93 años. Es un poeta y sacerdote reconocido en el mundo de habla hispana. Se trata de un hombre que abrazó tempranamente la Teología de la Liberación. Desde siempre, fue una de las voces más respetadas que combatió a la también sangrienta dictadura de Anastasio Somoza. Derrocado Somoza, en 1979 por el Frente Sandinista de Liberación Nacional liderado por Daniel Ortega, fue designado ministro de Cultura y ocupó el cargo por más de siete años. Esto le valió una dura reprimenda del papa Juan Pablo II quien, al visitar Managua en 1983, lo increpó ante las cámaras de televisión. Luego él y su hermano Fernando, junto a otros sacerdotes sandinistas fueron suspendidos del ejercicio sacerdotal por su adhesión al gobierno de Ortega y a la Teología de la Liberación. Treinta años más tarde, en 2014, el papa Francisco dejó sin efecto el castigo.

Cardenal, no es precisamente un fascista, ni un hombre de derecha, como suele calificar despectivamente la izquierda radical vernácula a quienes discrepan con ella. Hasta hoy, en el Frente Amplio solo el Partido Socialista y el Nuevo Espacio, condenaron la dictadura de Ortega.

El domingo pasado, en esta página, Antonio Mercader nos recordaba la última visita de Ortega a Montevideo. Sucedió en el año 2008, y el otrora comandante de la revolución, condecoró a José Mujica, a Eleuterio Fernández Huidobro y a Julio Marenales. Y tuvo que adelantar su partida corrido por un grupo de mujeres lúcidas que impidió que fuera declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo. Por entonces, ya se sabía que Ortega abusó sexualmente, durante años, de su hijastra Zoilamérica Narváez.

Hasta hoy, nada ha dicho Mujica. El día antes que se hiciera pública la carta de Cardenal, el expresidente estaba en Brasil, visitando en la cárcel a su amigo Lula, preso por corrupción. "Lo encontré de buen ánimo y con unos kilos menos", manifestó a la salida y agregó: "Conversamos (…) de la preocupación que tenemos por América Latina". ¿Son parte de esa preocupación, que dicen tener, Nicaragua y Venezuela?

Y otro que se ha mantenido en silencio es su excanciller y actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, que ha tenido un gran protagonismo en sus críticas al régimen de Nicolás Maduro, pero ha quedado callado con las elecciones fraudulentas, la represión y las muertes de Daniel Ortega. Todo igual en Nicaragua a lo que ya pasó en Venezuela.

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