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Carolina Barrero: "El mito de la revolución cubana cayó con las protestas del 11/7"

Fue detenida en Cuba en varias oportunidades, incluyendo un arresto domiciliario de seis meses, y en el pasado febrero las autoridades cubanas la forzaron al exilio.

Carolina Barrero
Carolina Barrero

Carolina Barrero es historiadora, curadora de arte y activista de nacionalidad cubana y española. Forma parte del 27N, un movimiento de artistas e intelectuales que defiende la libertad de expresión en Cuba. Vivió en España de 2014 a 2020. Fue detenida en Cuba en varias oportunidades, incluyendo un arresto domiciliario de seis meses, y en el pasado febrero las autoridades cubanas la forzaron al exilio por apoyar a las madres de jóvenes manifestantes arrestados.

Fue invitada a la Cumbre de las Américas por el gobierno de Estados Unidos y luego estuvo de gira por Brasil, Argentina y Uruguay para contar su historia y su visión de lo que ocurre en Cuba. El País la entrevistó en Montevideo. 

-¿Cuál es su situación y el motivo de su viaje?

- Este es un viaje para hablar sobre lo que pasa en Cuba después de las protestas del 11 de julio de 2021 y pedir apoyo para la libertad en mi país. Este viaje lo comencé en Europa, después de que las autoridades cubanas me forzaran al exilio; estuve en Brasil, Argentina y Uruguay, donde me recibió la vicepresidenta Beatriz Argimón, está previsto que me reúna con inmigrantes cubanos y que dé una charla en el Palacio Legislativo.

-¿Por qué las autoridades cubanas la forzaron al exilio?

- Con algunos activistas fuimos a las cercanías de un tribunal municipal donde se realizaba uno de los juicios por las manifestaciones del 11 de julio de 2021. Ese día se juzgaban a 33 manifestantes, y fuimos a acompañar a sus familiares que estaban afuera del tribunal, pero la policía cargó con violencia contra el grupo. Nos arrestaron. A mí me llevaron a un calabozo, me interrogaron y me dijeron que tenía 48 horas para salir de la isla, me amenazaron. A los dos días me dejaron en el avión. El l4 de febrero llegué a Madrid. Sin embargo, desde ese momento he estado un poco errante. Este viaje es para que la gente tome conciencia de lo que está pasando en Cuba.

-¿Quién financia su viaje?

- El centro argentino de derechos humanos Cadal y la organización sueca Civil Rights Defenders.

- ¿Estuvo en la Cumbre de las Américas y se reunió con el equipo del presidente Biden?

- Sí, fui invitada a la Cumbre como miembro de la Asociación Civil de Cuba, Nicaragua y Venezuela, y participamos en el foro oficial. Estuve con Emily Mendrala, representante del Departamento de Estado de EE.UU. El secretario de Estado, Antony Blinken, se reunió con otros activistas nicaragüenses y venezolanos y cubanos.

- Tenemos entendido que el 11 de julio realizarán una conmemoración en España y en otros países, por cumplirse un año de la protesta en Cuba del 11/7, ¿usted está en esa organización?

- Sí, y regresaré a Madrid el 9 de julio para estar para las celebraciones del día 11.

-¿Alguna vez fue parte del movimiento Archipiélago, o tiene relación con él?

- Nunca fui parte de Archipiélago, no sé bien porqué, ya que todos nos sentíamos parte de la pluralidad de ese movimiento y de la convocatoria que hicieron a la marcha del 15 de noviembre. Yo apoyé la marcha, hablé con los miembros del movimiento 27N y con el movimiento San Isidro (MSI), con el que colaboro, para sumar a los jóvenes en Cuba que están contra la dictadura, para que también salieran a marchar en forma pacífica.

- ¿Tiene contacto con Junior García, el fundador de Archipiélago que promovíó la marcha el 15 de noviembre y después emigró de Cuba?

- Fue muy polémica la salida de Junior. Lo he visto en Madrid, él ha estado en varias protestas que hemos organizado allá. Amnistía Internacional lo invitó a una mesa en la que se habló de arte y resistencia, ha estado también en otras convocatorias. Pero su partida de Cuba hizo daño, yo lo dije públicamente en ese momento y se lo comenté incluso a él en persona.

-¿En qué sentido piensa que su partida de Cuba hizo daño?

- Hizo daño al movimiento de protesta, pienso que Junior debió irse de Cuba en otro momento. En realidad no puedo cuestionar una decisión que fue por su seguridad y la de su familia, pero todos los activistas sabemos las consecuencias de lo que nos puede pasar: te pueden arrestar, te pueden matar, y cuando uno asume una responsabilidad como líder de una protesta, debe estar dispuesto a asumir las consecuencias. Hay responsabilidad ante otros que han depositado la confianza en un proyecto.

-A mediados de mayo, el presidente Joe Biden flexibilizó algunas medidas de la política estadounidense hacia Cuba, ¿qué opinión le merece esa flexibilización?

- Para hablar de la flexibilización, tengo que hablar del embargo y decir que la mayor flexibilización ocurrió antes de la Primavera Negra, en el año 2001, cuando hubo una excepción y Cuba pudo comprar comida, medicinas y equipos médicos. A mí me parece que el embargo le ha servido sobre todo al régimen, como excusa para confundir y desviar la atención sobre las violaciones de derechos humanos en Cuba. Pero me gustaría que la gente me explicara: ¿qué tiene que ver el embargo con la masacre del 13 de marzo; con la prohibición de libertades; con condenar a 23 años de presión a un muchacho que tiene 18 por salir a manifestarse; con la construcción de hoteles cinco estrellas en la pandemia mientras los hospitales se caen a pedazos y la gente muere? El embargo no tiene que absolutamente nada que ver con todo eso.

-Pero no ha dicho su opinión sobre la flexibilización de las medidas por parte de Biden...

- Lo que pasa es que no puedo dejar de contextuar y decir que la política interna de Cuba no debería estar condicionada por quien se sienta -o no- en la silla de Washington y que eso lo determine todo. Eso es parte del problema. Yo no sé cuál es la intención de Biden con esas flexibilizaciones. Por un lado, hacerlas después del 11 de julio da un mensaje de que no se reconocen las violaciones de derechos humanos del régimen cubano que ocurrieron en esa fecha y lo que ha ido pasando. Así lo ven muchos cubanos. Por otra parte, luego de la represión del 11 de julio, hubo una condena directa del gobierno de Estados Unidos al negarle el visado a cinco funcionarios cubanos vinculados a la represión y juicios de manifestantes en esas protestas.

Entonces, parece ser que la política de EE.UU. tiene, o está buscando, una doble vía en la que se quiere empoderar a la ciudadanía cubana y condenar a la cúpula militar y burocrática en Cuba. Pero ha dejado entre los activistas una confusión, porque no se entiende realmente en qué dirección va.

- ¿Cómo se explica una protesta tan grande en Cuba el 11/7, de unas 600.000 personas, con este régimen?

- En realidad, Cuba no estaba silenciosa, sino en medio de un ciclo de protestas desde 2018, con la designación de Díaz-Canel, que aprueba leyes contra la libertad de expresión de la comunidad artística. Eso generó reacción, solidaridad y efecto de ola. Se pudo hacer las protestas, pero no porque el régimen sea más permisivo, al contrario. La violencia ha aumentado, hay cientos de juicios y condenas desproporcionadas. Cuba tiene más de mil presos políticos y el mayor éxodo de la historia de la isla. Unas 145.000 personas se han ido solo en el último año.

-Tiempo atrás era difícil salir de Cuba y ahora se da el éxodo más grande de la historia. ¿Cómo lo entiende?

- El régimen quiere que las personas se vayan del país, para que no protesten. Es una válvula de escape. Y una de las fórmulas es a través de Daniel Ortega, con acuerdos para que se pueda entrar a Nicaragua sin visado. Eso sucede desde hace unos tres meses, después de las protestas de julio, no es casual.

- ¿Pero piensa que los cubanos quieren irse a Nicaragua?

- Los cubanos se van a cualquier país, incluso a Nicaragua, están desesperados.

-¿Qué opinión tiene de Uruguay?

-Cuando el presidente Lacalle Pou dio su declaración en la Celac e increpó directamente a Díaz-Canel, todos los que lo vimos, quedamos profundamente agradecidos. Habló de “Patria y Vida”. La valentía y honestidad del presidente Lacalle Pou le vale reconocimiento y agradecimiento. Ojalá fuera inspiración de otros gobiernos, de derecha o izquierda, es igual, porque ésto no es una cuestión ideológica, sino de la democracia contra el autoritarismo. Y especialmente en Latinoamérica, que vivió dictaduras, los gobiernos deberían tener una posición más clara, más honesta, con el tema de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Muchas personas de la región todavía tienen un sesgo y les cuesta reconocer lo que sucede en Cuba. Igual, pienso que el mito de la revolución cubana cayó con las protestas y la represión del 11/7, aunque a muchas personas aún les cueste verlo. Será un proceso que lo reconozcan algunos grupos.

- ¿Cómo ve el futuro de Cuba?

- No sé qué va pasar, pero el espíritu de la resistencia no ha cesado y el régimen sigue firme, con una represión que dejó al país como del de mayor presos políticos de la región. Esa es una tensión en la que cualquier chispa puede hacer que la gente salga nuevamente a protestar masivamente.

Límites y transgresión del arte en Cuba

-Usted es historiadora de arte, ¿qué nos puede decir sobre el arte en Cuba?

-Siempre ha habido una limitación en la expresión de los intelectuales y artistas. Exposiciones de arte hay, pero la censura está allí. Luis Manuel Otero Alcántara, por ejemplo, no ha expuesto nunca en una institución del Estado. Y cuando hay exposiciones en las casas, el régimen ha entrado y roto las obras. Hay imágenes grabadas de esas acciones. También el régimen juega con la ambigüedad en muchas muestras, tolerando ciertas presentaciones, estimo que es para poder decir que hay libertad de expresión en Cuba. Lo que sucede es que el régimen establece un perímetro sobre lo que la crítica opositora puede -o no- llegar a hacer. Hay un espacio de permisibilidad para mencionar determinadas cosas, pero es calculada, estratégica. Se permite una crítica soplapada, o el detalle ambiguo. Incluso, en el teatro uno ve obras que asombran por cómo las dejan hacer, pero saben bien que la movilización social no ocurre a partir de una obra de arte o de una pieza de teatro, y que además se genera catarsis en la gente cuando las ve, pero hay límites.

-Qué pasa con los escritores, como Leonardo Padura, que retratan el sufrimiento de la vida La Habana y la pobreza?

-Padura está mucho en lo costumbrista, que es tolerado, y en ese espacio de permisibidad que mencionaba. Pero si cualquier escritor, actor, artista o activista, o si cualquiera persona, se sale de esos límites del régimen, es inmediata y duramente perseguido y censurado.

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