CIENCIA

Expertos alertan por fármacos contra el COVID-19 que aumentan resistencia a antibióticos

Expertos advierten por uso y experimentación de fármacos contra el nuevo coronavirus y las secuelas en la resistencia a antibióticos

medicamentos antibióticos
La resistencia a los antibióticos es una de las mayores amenazas para la salud mundial.

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A un año de la declaración de la COVID-19 como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con la vacunación en proceso es hora de ir corriendo el árbol para ver el bosque completo. Una metáfora común para lo que Gregorio Iraola, doctor en ciencias biológicas y director del Laboratorio de Genómica Microbiana del Institut Pasteur de Montevideo, entiende que son los efectos directos de este virus sobre otros problemas de salud pública. En particular, la interacción de esta pandemia sobre otra ya conocida: los microorganismos multirresistentes por el uso indebido de los antibióticos.

El científico uruguayo y colegas del MetaSUB Consortium –una organización internacional de estudio de metagenómica en entornos urbanos–˗firman una reflexión sobre cómo las prácticas farmacológicas para tratar la COVID-19 suponen un riesgo en la evolución de la resistencia a los antibióticos; la misma fue recientemente publicada en The Lancet Microbe.
“Antes que se hablara de la COVID-19, la gran pandemia de la cual hablaba la OMS era la resistencia a los antibióticos y lo sigue siendo; nada más que el por el impacto que ha tenido la COVID-19 la tapó, pero hay que ser conscientes de que sigue estando como muchas otras enfermedades infecciosas”, dijo Iraola en diálogo con El País.

El artículo preparado por los expertos aborda varios aspectos. Uno es que, a nivel mundial, aumentó el número de hospitalizaciones y, en consecuencia, también lo hizo la cantidad de pacientes con un cuadro combinado: una función inmunológica deteriorada por el virus SARS-CoV-2 y la infección por bacterias multirresistentes a antibióticos. “Muchas veces el paciente se recupera de COVID-19 pero puede tener complicaciones o incluso morir por estas bacterias”, apuntó.

Gregorio Iraola
Gregorio Iraola. Foto: Francisco Flores

Otro aspecto es que ya se conocía por estudios previos que los adultos mayores son más propensos a contraer infecciones intrahospitalarias multirresistentes.

Y, como también se ha visto durante el año, estos son una población de riesgo ante la COVID-19 y son los que más han requerido internaciones e ingresos a las salas de cuidados intensivos.

“Un efecto del aumento de hospitalizaciones de adultos mayores a causa de la COVID-19 está trayendo aparejado otro aumento en la exposición de estas personas a bacterias multirresistentes a antibióticos que son parte del ambiente hospitalario y que representan un riesgo”, explicó. Y añadió: “Esto tiene un efecto dominó que genera una situación sumamente preocupante porque suma una infección secundaria”.

Prevención y control por parte de todos.

Para prevenir y controlar la propagación de la resistencia a los antibióticos, la población debe tomar antibióticos únicamente cuando los prescriba un profesional; no pedir antibióticos si no son necesarios; seguir siempre las instrucciones con respecto al uso; no utilizar los antibióticos que le hayan sobrado a otros. También puede prevenir las infecciones lavándose frecuentemente las manos, preparando los alimentos en condiciones higiénicas, evitando el contacto cercano con enfermos, adoptando medidas de protección en las relaciones sexuales y manteniendo las vacunaciones al día. Preparar los alimentos en condiciones higiénicas tomando como modelo las claves para la inocuidad de los alimentos de la OMS: mantener la limpieza; separar alimentos crudos y cocinados; cocinar completamente; mantener los alimentos a temperaturas seguras; y usar agua y materias primas inocuas.

Posibles secuelas.

El desafío de encontrar un tratamiento efectivo contra el nuevo coronavirus y el control de la comorbilidad ha llevado a experimentar con medicamentos aprobados para otras patologías sin la evidencia suficiente. Dos ejemplos destacados fueron el uso de ivermectina, un fármaco antiparasitario de uso veterinario con algunas aplicaciones probadas en salud humana; y la hidroxicloroquina (el principio activo antipalúdico).

Las drogas tanteadas a nivel mundial “eran para matar bacterias”: además de antiparasitarios, se intentó con antivirales, antibacterianos y antiinflamatorios. Administrar una de ellas contra el SARS-CoV-2 sin saber si tiene un efecto contra el virus “puede tener como efecto secundario la eliminación de bacterias que son necesarias para que el organismo esté saludable”. Esta intervención terapéutica puede ocasionar un desbalance de la microbiota intestinal que puede conducir a otra infección y una hospitalización más prolongada que, en caso de un adulto mayor, va a dejarlo en una posición más vulnerable.

Esto es particularmente relevante a la luz de la sucesiva aparición de mutaciones del SARS-CoV-2 que podrían ser las responsables de olas recurrentes de COVID-19 en los próximos años.

“Algunos medicamentos que se manejaron como antivirales potenciales son, de hecho, antibióticos probados. Haber administrar antibióticos de forma irracional a la población durante décadas es uno de los grandes problemas por los cuales hoy tenemos una pandemia por resistencia de antibióticos y haya algunas bacterias que son intratables con ningún antibiótico de los que conocemos hoy”, apuntó Iraola.

De acuerdo con la OMS, cada vez es mayor el número de infecciones –por ejemplo, neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis – cuyo tratamiento se vuelve más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos.

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La resistencia a los antibióticos es considerada pandemia por la OMS

Como riesgo adicional aparece la afectación de la microbiota intestinal. Se ha observado que un porcentaje de pacientes con COVID-19 desarrollan síntomas gastrointestinales. Estos pueden aumentar la proporción de bacterias que habitan de forma natural el intestino y, en consecuencia, un descontrol de las mismas genera otros problemas de salud que deberán ser tratados con antibióticos si no es el caso de una multirresistente.

“Esto busca mostrar que más allá de la COVID-19 como tal y los problemas que causa por sí misma, hay toda una gama de interacciones con otros microorganismos y con otras enfermedades que hacen que el efecto sea mucho más severo a largo plazo y que se vean secuelas a distintas escalas que hoy no se están considerando”, reflexionó el científico.

El artículo realizado por los representantes de MetaSUB Consortium culmina con una advertencia: “Debemos estar atentos y cautelosos para que la lucha contra COVID-19 no invite a otra amenaza para la humanidad”.

Por un manejo adecuado y responsable de los medicamentos durante la pandemia por coronavirus.

Gustavo Tamosiunas, grado 5 en Farmacología en la Universidad de la República, había advertido en junio de 2020 en una entrevista con El País que se corría el riesgo de que la pandemia por el nuevo coronavirus “no nos deje halar de otras pandemias que están naturalizadas” como, por ejemplo, la resistencia a los antibióticos.

Consultado tras la publicación de los representantes de MetaSUB Consortium, organización que integra el experto uruguayo Gregorio Iraola, Tamosiunas dijo: “Es una posibilidad que ocurra. Por eso (la necesidad de un) manejo adecuado y responsable de la pandemia”. Y añadió: “El problema de la resistencia a los antibióticos y el manejo del medio ambiente son problemas reales actuales de mayor impacto que la COVID-19”. La OMS ya había declarado a este fenómeno como “una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo”.

El experto en farmacología agregó: “De alguna manera la entrelínea es esa: cuidado, que lo que hagamos puede ser peor. Lo importante es dar información lo menos sesgada posible a la ciudadanía para no crear falsas expectativas y no se prolongue más la pandemia que, de cualquier forma, llevará tiempo y resetear nuestras formas de convivir hacia adelante con o sin vacunas”.

Cada vez hay más microorganismos que son multirresistentes por el uso indebido de los antibióticos y ya hoy es causa de un gran número de muertes porque los pacientes se enferman con infecciones que no pueden tratar. La resistencia a los antibióticos puede afectar a cualquier persona, sea cual sea su edad o el país en el que viva. Además, prolonga las estancias hospitalarias, incrementa los costos médicos y aumenta la mortalidad.

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