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Propaganda murguera


@|El Carnaval es popular con lo que ello representa.

Las murgas desde la críticas, las ironías y las personificaciones burlescas son (deberían ser) un cuestionamiento a la realidad social, política y económica del país.

Históricamente han sido desde el arte, formas de denuncia, acusación o reclamo, en especial a los políticos y gobiernos, reflejando el sentir del pueblo sobre hechos de actualidad y que a vox populi, resumían un año de eventos que habían marcado la agenda mediática del país.

La asunción del FA, sin embargo, ha cambiado eso y aún gente de “izquierda” ha quedado esperando que se adentraran (no sólo mencionara como guiño) en las serie de hechos viciados de corrupción, inoperancia y desidia que los gobiernos, tanto de Vázquez como de Mujica, han atravesado.

Salvo casos puntuales y excepcionales, han brillado por su ausencia temas que, de haberse suscitado en gobiernos de los partidos tradicionales, hubieran ocupado horas de cuplés. No obstante y pese a casos como los de Pluna, Ancap, regasificadora, la negación de las comisiones investigadoras, los negocios con Venezuela, el aumento de homicidios, hurtos y rapiñas, la ejecución de policías, la negación de medicamentos de alto costo a enfermos, las ridículas sugerencias de Bonomi, poco y nada puede escucharse en las actuaciones. Ni en su momento el tema de los Casinos Municipales, ni temas sensibles como los sirios, la condenación de las deudas a Cuba o a "Paco" Casal, o los sobreprecios de ASSE ocuparon significativamente los repertorios murgueros. Esto deja de manifiesto que, más que una ideología revolucionaria, crítica o de “izquierda” (su espíritu), las murgas actúan como brazo propagandístico del FA, pues evitan temas como UPM, negocios agroforestales o privatización, que lejos están de agendas de gobiernos populares.

Uno espera mención a políticas sociales y públicas de la innegable agenda de Derechos del FA como el Fonasa, el Plan Ceibal, el Mides, la Ley Trans, como el repudio a cuestiones como “La Reforma” o “La Multicolor”. Lo que uno no espera es la omisión intencionada de cosas imposibles de ser ignoradas en la génesis de la gesta murguera de interpelar gobiernos, gobernantes y hechos que impactan en la comunidad. Ni los armados en las redes sociales, ni la explosión de cajeros, ni los copamientos han ocupado lugar de relevancia en las composiciones, como tampoco lo harán el régimen venezolano, la “evolución” de las empresas (cierre), ni el escarnio público oficial con los que se expuso a sujetos por increpar al Presidente.

Solo han sido singles publicitarios oficialistas, o clichés de lugares comunes contra los blancos y colorados de los que sólo han salido algunos y en contadas ocasiones.

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