Martín Aguirre
Martín Aguirre

Una tarde en Casavalle

No. No se trata de una nota sobre violencia, inseguridad, ni ninguna de las "pálidas" que suelen acompañar las piezas que llevan en su título el nombre de uno de los barrios más conflictivos de la capital. Todo lo contrario.

Es que el pasado lunes, Casavalle vivió un día distinto. En vez de policías, periodistas de crónica roja, "figurettis" de la ayuda social, la zona se vio invadida por el quién es quién de la política, el empresariado, y la academia, para celebrar el fin de un ciclo. La graduación de los primeros bachilleres del liceo Impulso, la primera generación que culmina un ciclo completo en esta institución.

Incluso para alguien "tomado" hace años por el cinismo que ineludiblemente regala el pasar mucho tiempo en una redacción, la emoción que rodeaba al evento era contagiosa. Desde la señora que a pocos metros contaba de pecho hinchado la performance de sus hijos a la senadora Verónica Alonso, pasando por los jóvenes que se esforzaban por mostrar a todos los visitantes las instalaciones, los profesores que cantaban en coro, y hasta el abogado Nicolás Herrera, uno de los ideólogos del instituto, que iba de grupo en grupo con sonrisa de oreja a oreja.

Un punto especial fue el "discurso" del director, Fabrizzio Patritti, quien reivindicó la labor de su equipo y el aporte de los familiares, y cerró diciendo que nunca permitiría que los jóvenes fueran usados como herramienta para peleas políticas. ¿Por qué la cabeza académica de un proyecto con resultados tan positivos se siente obligado a decir algo así?

Es que el liceo Impulso es uno de los ejemplos de instituciones gratuitas, pero con financiación privada, que han surgido en los últimos años como respuesta a la crisis generalizada de la educación. Su intención, o al menos así lo interpreta el autor, es ser un ente testigo de que incluso en las zonas más duras, una institución que brinde contención, organización profesional, y un sistema que logre saltearse algunas de las características más chocantes de la burocracia educativa nacional, puede lograr iguales o mejores resultados que los ubicados en los mejores barrios. El eslogan mencionado hasta el cansancio por sus directivos el pasado lunes, era demostrar que se puede eliminar la "brecha de aprendizaje".

Y los resultados parecen darle la razón. El promedio de egresos en ciclo básico ha oscilado entre 77 y 95%, cuando en la esfera pública no supera el 70%. Y en un barrio donde el promedio que termina el bachillerato es del 12%, en Impulso lo están completando 73 de 100 que empezaron.

El tema es que estos resultados ponen en evidencia los problemas que presenta la educación pública tradicional en Uruguay, lo cual les genera el rechazo de esas estructuras arcaicas a las que deja en falsa escuadra. Ahí ha estado el eje de una polémica que revela todo lo que está mal de la discusión pública en este país.

Desde estos sectores más radicalizados e ideológicos que dominan a buena parte del gobierno actual, y a casi todas las estructuras educativas, les han tirado con toda la munición posible. Que sus resultados son mentirosos porque en realidad hacen una selección de estudiantes (en Impulso es por sorteo), que buscan adoctrinar a los estudiantes con ideas religiosas (el Impulso es laico), que atentan contra el igualitarismo al fomentar una búsqueda de excelencia y al premiar a los que tienen mejores logros (¿está mal?).

O la peor de todas, que se aprovechan de recursos públicos para financiar instituciones que no responden a las directivas de los poderes públicos. Algo que es bien discutible al ver como amparados en un concepto de autonomía caduco, los mismos que dicen esto, no permiten ninguna intervención de quienes de veras representan a la ciudadanía.

Lo que dicen es que estos liceos se financian gracias a un mecanismo que permite a las empresas destinar una parte ínfima de lo que deberían pagar en impuestos si lo donan a centros educativos. Afirman que es una "renuncia" del Estado, como si el gobierno tuviera un derecho natural sobre lo que ganan los privados con su trabajo. Al punto que recientemente se recortaron los márgenes que se pueden donar. Y que ni un precandidato del Frente Amplio se acercó al barrio el pasado lunes (solo estaban Gustavo Leal del Ministerio del Interior, y Miguel Brechner por el Plan Ceibal), mientras que estaba toda la oposición.

Deng Xiaoping, el líder comunista chino decía que "lo importante no es el color del gato, sino que cace ratones". El Impulso, como el Jubilar, Los Pinos y otros, sin dudas están cazando ratones. Y lo hacen gracias al apoyo de privados en un país donde la carga impositiva es tan asfixiante que lo natural sería decir "que se encargue el gobierno". ¿No sería mejor verlos como algo positivo y tratar de sacar enseñanzas de allí que se puedan generalizar, en vez de hacerles la guerra?

Al menos en Casavalle, para guerra, los jóvenes ya parecen tener suficiente.

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