Joaquín Secco García
Joaquín Secco García

Foro Económico Mundial

Hace unos días se publicó el índice de competitividad del Foro Económico Mundial 2014/15 (www.reports.weforum.org). El mismo ordena 144 países de acuerdo al indicador que mide la capacidad competitiva de cada nación.

Hace unos días se publicó el índice de competitividad del Foro Económico Mundial 2014/15 (www.reports.weforum.org). El mismo ordena 144 países de acuerdo al indicador que mide la capacidad competitiva de cada nación.

La competitividad es definida como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Por su parte, la productividad explica la capacidad para generar riqueza. El índice incluye indicadores de equidad en la distribución del ingreso. Es destacable la coincidencia entre prosperidad y equidad, entre los países mejor posicionados. Exceptuando los recursos naturales, el resto de los componentes que se incluyen son elaboraciones humanas.

Nuestro país a lo largo de los últimos años ha estado oscilando en el puesto 80º del mundo y en el 9º lugar entre los 23 países de AL y el Caribe. El indicador alcanzado es similar al promedio de la región. Los 36 países avanzados se distribuyen en los primeros 40 lugares. Además de estos, existen alrededor de 40 países emergentes, la mayoría del Asia Pacífico, que nos superan. El conjunto nos muestra una posición decepcionante para nuestro país, un pequeño país sin problemas, que hace un siglo era uno de los más avanzados del planeta.

De acuerdo a los indicadores, tenemos una sociedad bastante bien posicionada en materia de instituciones de gobierno, marco jurídico y funcionamiento democrático. Pilares que se construyeron hace más de un siglo. Somos un poco peores en cuanto a la eficiencia del funcionamiento económico, pero en donde ciertamente estamos mal es en materia de innovación y sofisticación en los negocios.

Quienes son exitosos en la competencia, lo son porque innovan para bajar costos aplicando nuevas tecnologías y procesos productivos. Porque hacen esfuerzos para diferenciarse de los competidores creando nuevos productos. Porque acceden a mercados y nichos, sumando capacidades para imponer sus bienes o servicios. Desafortunadamente, no somos muy calificados para este tipo de logros y quedamos lejos de los países mas distinguidos.

Las debilidades son múltiples, podría decirse sistémicas, en el sentido que unas provocan a las otras y se termina consolidando un equilibrio lejano del óptimo. El Estado es muy caro pero sus servicios son de mala calidad. Se pone una carga fiscal muy pesada que no rinde frutos y reduce incentivos para la inversión. La infraestructura es pobre y la formación de capital humano limita la innovación y la calidad de las empresas. El Mercosur mantiene los obstáculos al comercio y la debilidad competitiva de cada socio traba el comercio libre. Todo esto en una coyuntura de gran efervescencia global en materia de acuerdos comerciales, la cual involucra a nuestros clientes y competidores de mayor potencial.

Aquí no se le llama corrupción, pero las reglas de juego que se generalizaron en Ancap se parecen demasiado. En mayor o menor medida reflejan un sistema extendido de tratamiento de lo público caracterizado por la negligencia, la ausencia de controles, y los favores, por decir lo menos. En los últimos años se han creado nuevas maneras de evadir los controles establecidos por la ley a través de empresas de derecho privado, fideicomisos o similares, los cuales dieron lugar a buena parte del desborde registrado.

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