Gina Montaner
Gina Montaner

Otros tiempos, los mismos cubanos

Ha transcurrido un año desde que Barack Obama y Raúl Castro anunciaran el principio del deshielo entre Estados Unidos y Cuba. Y en este primer aniversario del histórico anuncio continúan pendientes aspectos como la sistemática violación de los derechos humanos por la dictadura castrista y los reclamos se llaman “injerencia”.

Ha transcurrido un año desde que Barack Obama y Raúl Castro anunciaran el principio del deshielo entre Estados Unidos y Cuba. Y en este primer aniversario del histórico anuncio continúan pendientes aspectos como la sistemática violación de los derechos humanos por la dictadura castrista y los reclamos se llaman “injerencia”.

Mientras prosigue el proceso de “normalización” con los dinosaurios del castrismo, de su destartalado parque jurásico huyen los jóvenes y la legión de cuentapropistas a los que la rigidez estatista ahoga. La realidad de más de seis mil migrantes cubanos atrapados en las fronteras de Centroamérica desborda cualquier conversación entre diplomáticos. La mayor parte de la juventud busca cualquier resquicio para escapar de un fallido modelo político que ya ha sacrificado a tres generaciones. Los hombres y mujeres que nacieron rehenes del “status quo” no renuncian a un horizonte más amplio en Estados Unidos de la mano de la Ley de Ajuste Cubano.

Al cabo de un año, el gran suceso detrás del deshielo es el de los miles de cubanos que duermen en albergues o a la intemperie y que se han sumado a la avalancha de migrantes de todo el mundo que vaga por Latinoamérica con la intención de llegar al Norte. Ellos son la prueba viviente del fraude de la revolución cubana. A pesar de haber nacido bajo ese sistema y no conocer otro, su impulso, que en primera instancia es de la mejora económica pero con un trasfondo político, es el de huir para labrarse una vida mejor ..

La mayoría llega con iniciativa y se incorpora de una forma u otra a la fuerza laboral, con el beneficio añadido de tener el estatus legal que permite un mayor empuje. Precisamente la lucha por la reforma migratoria se fundamenta en la importancia de sacar de las sombras a millones de inmigrantes indocumentados que aportan al motor económico. En vez de estar tirando piedras entre todos a los beneficios que reciben y a la Ley de Ajuste Cubano, merecería la pena estudiar los resultados que ha tenido esta política que incentiva y no castiga.

Y este último aspecto parece despertar visiones encontradas en la diáspora cubana: la discusión en torno a si este éxodo de hoy es puramente económico y no califica como “exilio”. Sus críticos ponen el acento en que muchos regresan de visita a Cuba una vez que se legalizan y un número de ellos se aprovecha de los beneficios que les da el gobierno de EE.UU para vivir con un pie aquí y otro allá.

Desde el exilio histórico a esta nueva migración, los éxitos de los cubanos han superado sus propias limitaciones. Y este grupo no tiene que ser diferente.

Después de más de medio siglo bajo una dictadura férrea, lo que no se puede pretender es que la composición socioeconómica de quienes llegan sea la misma de las oleadas anteriores. Lógicamente, si tienen a sus seres queridos en Cuba y hoy existe la posibilidad de visitarlos y llevarles bienes, regresan a la isla de la que partieron hastiados. No son los únicos. En Vietnam, donde pervive el comunismo con apertura controlada, también retornan quienes se exiliaron en Estados Unidos.

Lo esencial es que ayer y hoy los cubanos escapan de un gobierno que secuestra la vida y el pensamiento. Eso no ha cambiado.

A la hora de recibirlos, dejémosles que vuelen y que escriban su propia historia.

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