Björn Lomborg
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Tecnología y pobreza

Entre las opciones de gasto para los gobiernos de las naciones más pobres, poner en marcha la revolución tecnológica puede parecer al principio una prioridad menor.

Si lo comparamos con la situación crítica de la infraestructura, la atención sanitaria o las escuelas, el acceso digital mejorado y la reducción del tiempo de espera para obtener certificados de nacimiento se sienten como lujos que deberían postergarse, o quizás dejarse a la iniciativa privada.

Pero hay razones para reconsiderar esto.

Por ejemplo, el Consenso de Copenhague llevó a cabo recientemente un proyecto de investigación en Haití para examinar políticas que reduzcan la pobreza, mejoren los estándares de salud y educación y aceleren el crecimiento en la nación más pobre del hemisferio occidental.

Una vez más, dos políticas de economía digital figuraron entre las diez recomendaciones prioritarias (que incluían la reforma del sector eléctrico, la lucha contra la desnutrición infantil y el fomento del acceso a la educación de la primera infancia) identificadas por un panel de economistas haitianos reconocidos y un premio Nobel.

La cobertura de Internet en Haití sigue siendo limitada y costosa. Sólo el 4 por ciento de los hogares tienen acceso, y menos del 1 por ciento de los haitianos tienen Internet móvil. Los investigadores encontraron que aumentar la penetración de la banda ancha móvil al 50 por ciento durante 5 años e instalar un cable submarino para sustentar el aumento del tráfico, estimularía el crecimiento económico y generaría beneficios que valdrían más de 12 veces los costos.

Otra inversión inteligente sería digitalizar los procesos en el puerto más grande de Haití. La nación tiene un enorme potencial marítimo, con más de 1.500 kilómetros de costa, pero se encuentra entre los países caribeños que menos explotan sus recursos marinos.

Un sistema informático dedicado al puerto, que permita a la administración aduanera intercambiar datos y mensajes en confidencialidad y seguridad, aportaría una productividad considerable, aumentaría los ingresos y reduciría el contrabando.

Los beneficios equivalen a casi siete veces la inversión.

Por su parte, un reciente análisis de las opciones políticas en Bangladesh realizado por el Copenhagen Consensus Center reveló que algunas políticas de economía digital serían transformadoras para el país. El gobierno de Bangladesh gasta más de 9.000 millones de dólares en contrataciones públicas cada año. Su proceso anticuado es lento, opaco y abierto a la corrupción. Esto causa altos precios, largas demoras e ineficiencias. El panel de economistas eminentes del Consenso de Copenhague, entre ellos uno de los premios Nobel, instó a la implementación gubernamental de la contratación pública electrónica (utilizando sistemas en línea para la compra gubernamental de servicios y suministros), que el gobierno ha intentado con una agencia.

En el piloto, la competencia se disparó y los precios cayeron en más de un 10 por ciento. La investigación estima que las adquisiciones digitales a nivel gubernamental reducirían la corrupción en un 12 por ciento y ahorrarían alrededor de 670 millones de dólares anuales, lo suficiente para pagar el gasto anual del sistema vial de Bangladesh. Cada dólar generaría rendimientos por un valor cercano a los 600 dólares.

¿Qué se puede aprender de estos hallazgos para Haití y Bangladesh?

En primer lugar, que incluso para los países situados en la parte inferior de la escala de la economía digital vale la pena investigar soluciones, incluso junto con proyectos que aborden preocupaciones más de vida o muerte.

Y segundo, que la inversión en servicios digitales puede resultar comparativamente barata porque una vez que los sistemas están instalados, los costos de más usuarios se acercan a cero.

Las políticas digitales pueden ayudar a los ciudadanos haciendo que las interacciones con el Estado sean más fáciles, baratas y en gran medida, menos corruptas. Ayudan a todo el país haciendo que todos sean más productivos. Es probable que la mayoría de las naciones tengan oportunidades inteligentes de digitalización a la espera de ser implementadas, donde poco dinero puede generar un gran impulso.

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