ESTADOS UNIDOS

Final del presidente desesperado

Sigue siendo la persona más poderosa del mundo, pero está enfocado en el ámbito donde tiene menos poder para obtener lo que desea: una manera de no dejar el cargo como un perdedor.

Donald Trump y su esposa Melania. Foto: AFP.
Donald Trump y su esposa Melania. Foto: AFP.

A cuatro semanas de que termine el mandato del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tal vez está en el momento de mayor desenfreno… y, como lo han demostrado los acontecimientos de los últimos días, más impredecible de su presidencia.

Sigue siendo la persona más poderosa del mundo, pero está enfocado en el ámbito donde tiene menos poder para obtener lo que desea: una manera de no dejar el cargo como un perdedor.

Pasa los días luchando por tener alguna esperanza, si no de revertir el resultado de las elecciones en sí, al menos de presentar pruebas congruentes de que le robaron un segundo mandato.

Cuando ha llegado a salir de su aislamiento relativo, en días recientes, ha sido para insinuar de improviso que tratará de echar abajo el paquete de estímulos bipartidista por US$ 900.000 millones, creando divisiones en su partido en el proceso, y de otorgar indultos a una serie de aliados y partidarios, principalmente fuera del procedimiento normal del Departamento de Justicia. El miércoles, vetó un proyecto de ley de defensa respaldado por la mayoría de los miembros de su partido.

Por lo demás, se ha aislado en la Casa Blanca y fungido como anfitrión de un grupo de teóricos de la conspiración y partidarios incondicionales que venden ideas como impugnar el resultado de las elecciones en el Congreso e incluso recurrir a la ley marcial, en un intento de ofrecerles a algunos de ellos puestos en el gobierno.

Comportamiento

Se ha desentendido casi por completo de dirigir el país incluso ahora que los estadounidenses están siendo abatidos por el coronavirus en cifras históricas. Frente a un agresivo ataque cibernético que casi con toda certeza llevó a cabo Rusia, su respuesta, en la medida que puede considerarse como tal, ha sido restarle importancia al daño y contradecir a sus propios altos funcionarios al insinuar que tal vez el culpable en realidad fue China. Casi no participó en la negociación del proyecto de ley de estímulo que acaba de aprobar el Congreso antes de actuar para obstaculizarlo en el último minuto.

No se sabe bien si el comportamiento de Trump a últimas fechas no es más que un berrinche, una manera de llamar la atención o un tipo de terapia para el hombre que tiene el control de un arsenal nuclear, aunque una idea alternativa, si bien compasiva, es que estos son los preparativos estratégicos para una campaña llena de agravio en 2024.

Como mínimo, generará unos próximos 27 días especialmente angustiosos en Washington.

Este artículo está basado en entrevistas con más de una docena de funcionarios actuales y anteriores del gobierno de Trump, de republicanos y de aliados del presidente.

La mayoría de sus asesores creen que Trump saldrá por última vez de la Casa Blanca antes del 20 de enero. Los indultos que anunció el martes indican que le gustará usar sus facultades de manera agresiva hasta entonces. Pero es difícil vislumbrar a qué extremos llegará para desvirtuar los resultados de las elecciones, si se rehusará a salir de la Casa Blanca o si desplegará una ola de decisiones políticas unilaterales en sus últimas semanas.

No obstante, su comportamiento errático y el desinterés por sus responsabilidades tienen muy preocupados incluso a sus colaboradores y asesores más incondicionales.

Por el momento, Trump les ha dicho a sus asesores que está dispuesto a dejar de hacerle caso a Sidney Powell, el abogado que lo ha cautivado al venderle una teoría conspirativa sobre las elecciones; y a personas como Patrick Byrne, exdirector general de Overstock.com.

Sin embargo, los asesores actuales han hablado de una lucha diaria para hacer que Trump no ceda ante su impulso de escuchar a quienes le dicen lo que desea oír. Y los exasesores afirman que el asunto más preocupante es la desaparición gradual del principal grupo de asistentes del Ala Oeste, quienes, casi siempre trabajando juntos, lograban alejarlo de ideas arriesgadas, peligrosas y cuestionables en términos jurídicos.

Escucha a los republicanos que insisten en que el vicepresidente Mike Pence puede ayudar a influir en las elecciones durante el proceso, por lo general rutinario, de ratificación de las elecciones a principios del mes entrante, pese al hecho de que, siendo realistas, no es posible.

Los republicanos del Capitolio hablan de frenar a cualquiera de sus partidarios que pretenda obstaculizar ese proceso. Saben que el senador republicano por Kentucky y líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, intervendrá para evitar esa acción. McConnell ya reconoció a Joe Biden como presidente electo y exhortó a su comité a no plantear objeciones cuando se certifiquen los resultados, ya que esto obligaría a otras personas a votar de manera pública contra el presidente.

Millones se quedan sin ayuda ante el desempleo

La negativa del presidente Donald Trump, a firmar un nuevo plan de estímulo dejó ayer domingo a millones de personas sin prestaciones clave por desempleo, y amenaza con resultar también en una parálisis parcial de la Administración y el fin de una moratoria a los desalojos. Varios políticos republicanos criticaron a Trump, el líder de su partido, por no firmar el proyecto de ley aprobado el pasado lunes por el Congreso, que inyectaría US$ 900.000 millones en la economía para mitigar su deterioro por la pandemia.

La medianoche del sábado al domingo expiraron dos programas que proporcionaban ayudas por desempleo a entre 10 y 14 millones de estadounidenses, y que no habrían caducado si Trump hubiera firmado el proyecto de ley. La nueva legislación no solo renovaba esos programas especiales creados durante la pandemia, sino que contemplaba pagos extra de US$ 300 dólares a la semana hasta el 14 de marzo para los trabajadores desempleados. Trump reclama darles US$ 2.000 a las familias para ayudarlas ente el desempleo.

ADEMÁS

Mira la TV y expresa su enojo en Twitter

Varios asesores han dicho en privado que ya se sienten agotados y desean que termine el mandato. Para quienes quedan, estos días han supuesto esfuerzos desalentadores en los cuales los trabajadores del gobierno se ven obligados a dedicar su tiempo a cumplir la exigencia del presidente de que se compruebe el fraude electoral o a tener que soportar su ira.

Trump se está volviendo en contra de sus aliados más cercanos. Se ha quejado de que el icepresidente Mike Pence, quien ha sido ridiculizado por su inquebrantable lealtad durante los últimos cuatro años, debería estar haciendo más para defenderlo. Y está enojado con McConnell porque reconoció a Joe Biden como ganador de las elecciones.

Trump ha pasado sus días mirando televisión, llamando a los republicanos para que le den consejos sobre cómo impugnar los resultados electorales y exhortándolos a que lo defiendan en televisión. Recurre a Twitter para fortalecer el apoyo y manifestar su enojo. Desde que el clima está frío, no juefa al golf y está enclaustrado en la Casa Blanca, deambulando entre la residencia y el Despacho Oval. Muchos asesores esperan que su viaje a su club privado de Palm Beach, Florida le brinde un cambio de aires y de perspectiva.

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