TEMA DE ANÁLISIS

Estabilidad de depósitos y moderación del crédito

A tono con la evolución del consumo, el monto real de las transacciones financiadas con tarjeta se contrajo en el último año.

Foto: El País
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El análisis de las principales variables del sistema financiero es importante, ya que brinda información sobre el desempeño de la economía y alerta sobre posibles problemas que se puedan estar generando. Concretamente, la evolución de los depósitos es un indicador de la confianza, al tiempo que el crédito refiere al nivel de gasto. Por otra parte, una expansión excesiva de este último puede desembocar en procesos inflacionarios o llevar a situaciones de insolvencia si los créditos fueron otorgados imprudentemente.

Todo ello es muy relevante en el momento actual en el que la economía enfrenta el enlentecimiento en el nivel de actividad global y la inestabilidad argentina, mercado que en las últimas décadas tuvo una incidencia muy alta en el desempeño del sistema financiero uruguayo.

Al analizar la evolución de un sector en particular, se suele comenzar por los ingresos, pasando luego a los costos para concluir en la rentabilidad. En el negocio bancario, los ingresos están vinculados al crédito y los costos a los depósitos, siendo el diferencial o spread de tasas, el beneficio bruto de la actividad.

Pero dada la particular coyuntura económica global y regional, comenzaremos la nota analizando la evolución de los depósitos, ya que se trata de una variable muy sensible a la incertidumbre y que históricamente se vio afectada en momentos de turbulencia en Argentina.

En el gráfico que aparece arriba en el cuadro que acompaña esta nota se muestra la evolución del saldo de los depósitos de privados en el sistema bancario local y dentro de ellos, la participación de los que corresponden a no residentes, en su inmensa mayoría pertenecientes a ciudadanos argentinos.

La historia que allí se cuenta arranca en el año 2001, previo a la crisis, y llega hasta nuestros días. Se ve claramente la magnitud de la corrida bancaria que redujo los depósitos a menos de la mitad, con una alta incidencia de aquellos cuya propiedad correspondía a no residentes, básicamente argentinos. Previo a la crisis, estos depósitos representan más del 40% del total, cayendo posteriormente a menos del 20%.

Aquella fue claramente una crisis de desconfianza con un efecto contagio muy fuerte desde Argentina. La situación actual es bien diferente, ya que el peso de los depósitos de no residentes se sitúa por debajo del 10%.
Por otra parte, el monto total de los depósitos se muestra relativamente estable desde el año 2016, pero con ciertos movimientos en su composición.

Cayeron los depósitos de no residentes, fundamentalmente por el blanqueo en Argentina y en los últimos meses por un lento goteo de retiros, que dependiendo de la profundidad y extensión en el tiempo de los controles implementados en la vecina orilla en las últimas semanas, podrá acelerarse o no. Como contrapartida, crecen lentamente los depósitos de los residentes, lo que es un síntoma de confianza que disipa los posibles temores a un contagio de la situación argentina.

El gráfico que aparece a la izquierda en la parte media del cuadro nos ilustra sobre las preferencias de los depositantes en el sistema bancario. Se ve que hay una participación muy alta de colocaciones a la vista, aproximadamente el 85% del total, y una preferencia por colocaciones en moneda extranjera.

Las colocaciones a la vista aumentaron con posterioridad a la crisis, primero por temor, pero con el paso del tiempo por un tema de costo de oportunidad ante el bajo retorno que ofrece la inamovilidad de los capitales frente a otras opciones que para el ahorrista son muy confiables, como los títulos públicos.

La preferencia por el dólar es de larga data y tiene que ver con el funcionamiento bimonetario de la economía, que en términos de ahorro piensa en la divisa estadounidense. De todas formas, en una perspectiva de largo plazo que supera el tiempo ilustrado en el gráfico, el grado de dolarización que llegó a superar el 90%, fue cayendo lentamente acompasando la apreciación del peso. En los últimos tiempos, ante la suba en la cotización del dólar se detecta una leve tendencia al alza.

El comportamiento del crédito tampoco muestra síntomas de preocupación. Siendo más precisos, la tendencia en la evolución de los préstamos muestra la precaución que adoptan los bancos al momento de concederlos ante el contexto de incertidumbre.

Como siempre señalamos cuando analizamos el crédito, hay que diferenciar entre el concedido en moneda nacional del otorgado en dólares.

La razón es que la información que se brinda de ambos es en moneda extranjera, por lo que la conversión de pesos a dólares se ve afectada por la variación del tipo de cambio.

Hechos los ajustes correspondientes, se constata que el crédito concedido en moneda nacional se viene acelerando y al cabo de los dos primeros trimestres del año se expandió a tasas superiores al 4% real con relación a igual período de 2018. Por su parte, el crédito en moneda extranjera presenta un comportamiento más moderado y crece a tasas reales del 1%.

La diferencia entre monedas parece lógica, ante la suba que está experimentando el dólar. Pero si se discrimina por destinatario aparece alguna sorpresa, tal cual se muestra en el gráfico que aparece a la derecha en la parte media del cuadro. Se ve allí que son los préstamos concedidos en moneda nacional a las empresas los que más suben. Estos están concentrados en dos sectores, la construcción y la industria manufacturera.

Los primeros relacionados con las obras vinculadas al gran proyecto de UPM2. En el caso de la industria, son casos puntuales a nivel de la bebida, la industria química y Ancap.

A nivel de las familias, el incremento se explica por los mayores préstamos para compra de automóviles. Es interesante que suban estos préstamos en momentos en que caen las ventas globales. La explicación está en las promociones de financiamiento a tasa 0% vigentes hasta no hace mucho, que indujeron a aprovecharlas. Tal vez sin esa promoción, las ventas de 0km hubieran caído más.

Por su parte, los préstamos bancarios para consumo no crecen al tiempo que caen los de carácter hipotecario. En los primeros siete meses del presente año, la cantidad de créditos para vivienda cayó 15% respecto a igual período de 2018.

A tono con la moderación del consumo, justificado por el desempeño del mercado laboral, el monto real de las transacciones financiadas con tarjeta de crédito se contrajo en el último año, tal cual lo muestra el gráfico que aparece abajo a la izquierda.

El que muestra una tendencia al alza es el crédito concedido por las administradoras de crédito, que se ilustra en el gráfico que aparece abajo a la derecha. En cada uno de los meses del presente año, el saldo de los préstamos otorgados estuvo por encima del registro de un año atrás. La mejora que mostró la confianza de los consumidores en algunos momentos pudo haber influido en esta evolución. Sin embargo, el último registro marcó una caída de la confianza. En tal sentido, otra hipótesis es que, ante la incipiente caída en el ingreso de los hogares, el mayor crédito es para sostener el consumo o refinanciar saldos impagos. Habrá que ver en los próximos meses cómo evoluciona esta variable para poder concluir mejor.

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