Cumbre europea del coronavirus

La crisis que hizo cambiar a Merkel

La líder que impuso la austeridad durante las tormentas del euro se ha convertido en aliada de los países más afectados por la pandemia

Foto: Reuters
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Desde el primer día de la cumbre, por ser su cumpleaños, hasta la recta final de las negociaciones en la madrugada del domingo al lunes 20, por tender los puentes hacia el acuerdo, la canciller alemana Angela Merkel ha sido una de las grandes protagonistas del Consejo Europeo. A su influencia habitual como la líder más veterana del club se une el que Alemania asumiera el 1 de julio la presidencia semestral de la UE, lo que le ha brindado la posibilidad de postularse como mediadora neutral. Pero lo más llamativo es que la misma líder que en la anterior crisis capitaneó la cruzada por la austeridad se haya convertido ahora en la mayor defensora de un fondo que beneficiará sobre todo a los países del Sur.

La presencia de Merkel fue constante en las reuniones que el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, convocaba durante la cumbre para desbrozar el camino hacia el acuerdo. En casi todas ellas, la canciller estaba acompañada por el presidente francés, Emmanuel Macron, con quien ha mantenido estos días una colaboración tan estrecha como no se veía desde hace años en el eje franco-alemán.

Merkel llegaba a la cita consciente de que se jugaba no solo su semestre presidencial de la UE, sino probablemente gran parte de su legado europeo. Salvo sorpresa de última hora, poco probable dado su estilo personal, la veterana política vive su último mandato (hasta 2021) y la crisis de la COVID-19 se ha convertido en la prueba de fuego para un liderazgo que ha marcado el rumbo de la Unión, a veces errático, en los últimos 15 años.

La canciller, según las fuentes consultadas, ha mostrado en los cuatro días de cumbre una beligerancia más agresiva que de costumbre, con choques dialécticos muy ásperos con líderes como el primer ministro holandés, Mark Rutte; el canciller austriaco, Sebastian Kurz; o la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.

Bombones para limar asperezas

Merkel no disimuló su impaciencia ante el inmovilismo de un bloque autodenominado como “frugales” que se negaba a dar un solo paso que contentara al resto de socios. Y llegó a tener algún agrio rifirrafe, en particular con Frederiksen. Pero lo dio por superado una vez que se descartó el bloqueo y todas las partes pudieron entrar en el imprescindible regateo para llegar al acuerdo. La canciller compartió después con la primera ministra danesa unos bombones de chocolate como guiño diplomático de reconciliación y señal de que los altercados entre los miembros del Consejo Europeo son como los de los futbolistas: se olvidan una vez fuera del campo.

Pero los chocolates no fueron el único gesto dulce de la canciller durante la cumbre. Macron le agradeció que, a diferencia de los “frugales”, Merkel no peleara por aumentar el cheque de descuento en la contribución al presupuesto comunitario que disfruta Alemania. Berlín ha logrado una rebaja de 3.671 millones de euros al año, que es muy cuantiosa. Pero de haberse sumado a la puja liderada por Rutte (que arrancó para Países Bajos nada menos que 1.921 millones), Alemania podría haber puesto en peligro el equilibrio de las cifras y frustrar el resultado.

Fuentes diplomáticas también atribuyen a Merkel un papel fundamental en la resolución del conflicto con Hungría y Polonia, que se resistían a cualquier referencia en el acuerdo presupuestario a la necesidad de respetar el Estado de derecho para acceder a las ayudas comunitarias. Para otros socios, como los Países Bajos, Suecia o Luxemburgo, ese control era innegociable. Durante más de tres horas y media, Merkel pulió junto a las delegaciones más implicadas de uno y otro bando un texto que acabó logrando la unanimidad. Esa tarea le ha reportado, sin embargo, las mayores críticas tras la cumbre. Numerosas voces acusan a Merkel de haber sacrificado la defensa de principios fundamentales como vía para sacar adelante un acuerdo presupuestario que estaba dispuesta a conseguir casi a cualquier precio.

Al fin y al cabo, la creación del fondo ha sido en gran parte una obra suya. Fue la primera que planteó una respuesta vinculada al presupuesto comunitario, frente al deseo de Macron de establecer un mecanismo nuevo y ad hoc. Las dos posiciones se reconciliaron en un trascendental y sorprendente acuerdo alcanzado en junio por los dos mandatarios en Meseberg. Ambos anunciaron entonces una propuesta para crear un fondo de medio billón de euros, financiado con deuda respaldada por el presupuesto de la UE y destinado a subvenciones a fondo perdido para paliar los daños de la COVID-19.

Apoyo a la mutualización de deuda

La fórmula del endeudamiento era un tabú para países como Alemania o los Países Bajos. Pero a raíz de la pandemia, Merkel acabó convencida de que la UE estaba “ante la mayor crisis de su historia”, como ha repetido estas semanas. Y que una salida en falso podría poner en peligro el papel de la UE en una escena internacional mucho más turbulenta que hace una década.

El giro de Merkel cogió desprevenidos a propios y extraños, incluido el lado francés, que no se esperaba tamaña concesión. Pero, sobre todo, sorprendió con la guardia baja a Rutte y sus aliados, que confiaban en Berlín para frenar cualquier atisbo de mutualización de la deuda cuando la pandemia abrió el debate sobre los eurobonos y los coronabonos.

La propuesta de Merkel y Macron desarboló a los “frugales”, que en apenas unos días intentaron armar un contraataque. Y que han mantenido su resistencia hasta que han claudicado ante la evidencia de que la inmensa mayoría de los socios apoya la propuesta de la Comisión.

El acuerdo de este 21 de julio marca así un hito en la gestión de las cuentas del club, que nunca antes se había aventurado por un camino que apunta, aunque sea en la lejanía, hacia la unión fiscal. “Me siento aliviada”, señaló Merkel durante una rueda de prensa en la que, en contra de su pragmatismo habitual, dejó entrever cierta emoción ante el acuerdo. La pandemia parece haber cambiado a la canciller tanto como esta cumbre cambiará a la Unión.

(*) Crónica de Bernardo de Miguel, corresponsal de El País de Madrid en Bruselas

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