EDITORIAL

El desafío de Dolores

La naturaleza golpeó fuerte. Será por El Niño, el cambio climático, la mala suerte o que todos se vinieron en patota, pero lo cierto es que por momentos se ensañó sobre este pequeño país con vientos en forma de tornado y descargas de agua interminables por todo el territorio.

Diez muertos, más de 12.000 evacuados y una cifra aproximada a los 100 millones dólares por daños según cálculos del gobierno. Son los grandes números del saldo primario.

La ciudad de Dolores fue el epicen-tro del drama: los vientos cargaron sobre las casas hasta convertirlas en escombros, voltearon autos y arrancaron árboles de cuajo en una exhibición de furia con escasos antecedentes en el país. La reconstrucción de Dolores (17.000 habitantes), donde un relevamiento de la Dirección Nacional de Bomberos precisó que unas 500 viviendas (800 dijo ayer el presidente Vázquez en el Consejo de Ministros) quedaron con daños muy graves y una cantidad similar sufrió daños de mediana gravedad, tendrá la prioridad.

Si algo se rescata de este episodio fue la unidad y formidable solidaridad que exhibió desde el primer momento el pueblo uruguayo. En silencio, sin aspavientos innecesarios pero con la firme convicción de sus sentimientos, el pueblo hizo suyo el dolor de los compatriotas topados por la desgracia, abrazó su causa y su drama y buscó de cualquier manera hacer llegar su mensaje de "todos somos Dolores". Vaya como ejemplo, espectacular en su sencillez, el gesto y la carta de dos jubilados, de 73 y 69 años, que donaron su colchón: "Decidimos donar nuestro colchón en el cual dormimos todos los días, nosotros tenemos todo y ustedes nada. Dios los va a proteger y muy pronto volverán a tener todo, mucha suerte, un abrazo".

Pero, no es solo Dolores y el orgullo de ser uruguayos lo que, lamentablemente, nos han dejado estos días. Las fuertes lluvias y las inundaciones han castigado seriamente otras ciudades del país y obligado a los vecinos a abandonar sus casas: se dirá que es un tema endémico, pero lo cierto es que necesita solución. Durazno, Colonia y Paysandú fueron los departamentos que registraron mayor número de evacuados. La producción agropecuaria se ha visto severamente afectada: corren riesgo las cosechas de soja (US$ 1.600 millones) y arroz (US$ 500 millones), vuelve a golpear en el sector lechero que ya estaba contra las cuerdas y las pérdidas —según estimaciones— podrán superar los 780 millones de dólares que costó la epidemia de fiebre aftosa del 2001. El agua que cayó, más los desbordes de ríos y arroyos, han dañado carreteras, puentes y caminos que ya llevaban a cuesta más de cinco años de olvido gubernamental: a fines de 2015 un 53% de las carreteras nacionales se encontraban en estado "regular", "malo" o "muy malo". Paysandú quedó con 700 kilómetros dañados, Salto 180 y Río Negro 150.

Lo que complica más el tema es que la situación económica del país no es la misma que disfrutó en los últimos 10 años. Han cambiado los vientos de afuera, no se aprovechó la bonanza para hacer caja y ha desaparecido aquel crecimiento "a tasas chinas" que ahora es mínimo. Las expectativas para esta administración Vázquez estaban signadas por un alerta amarillo, el año pasado se le descolgó el abultado déficit de Ancap (800 millones) que habrá que pagar y ahora la feroz secuela de las inundaciones. El panorama se agravó.

Hace un par de días, el ministro Astori fue contundente en que se "agudizará la restricción del gasto" y se dejarán de lado inversiones y programas que no son prioridad para conseguir los recursos. A poco que se repase, el gasto público es un rubro donde se pueden hacer sensibles ahorros. Ha crecido demasiado y el Estado se ha convertido en algo gordo. También hay inversiones, algunas con nombre propio —como el Fondes o el Antel Arena— que parecen innecesarias en el corto plazo, que podrían esperar (o desaparecer). Solo con ser cuidadoso en estos dos puntos, el Estado funcionará mejor, se podrán afrontar las erogaciones extras de las inundaciones y el país, agradecido.

"Lo que más interesa es que los recursos van a estar", afirmó Vázquez tras el Consejo de Ministros. "Como gobierno estamos seguros que (los uruguayos) salimos todos juntos".

No hay duda de ello: si el Presidente de la República sigue en la línea de hablar de "todos juntos" no tenga dudas de que todos estarán dispuestos a recoger el guante y a encarar el desafío de una verdadera reconstrucción. Y no solo de Dolores, aunque en este momento sea el objetivo.

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