HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Crece el PIB estimulado por demanda interna

Impulsada por la obra pública, la construcción creció en el último semestre a 8% anualizado.

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Consumo: Mejor predisposición a la compra de bienes durables. Foto: Fernando Ponzetto

Luego de dos años de estancamiento, la economía uruguaya rebotó en el último semestre. Los datos recientemente divulgados señalan que en el primer trimestre del año el nivel de actividad se incrementó 4,3% respecto a igual período de 2016. Es un dato que sorprende, no por el incremento en si ni por los factores que lo explican, pero sí por la magnitud, lo que lleva a revisar al alza las proyecciones de crecimiento para el resto del año.

No obstante, del análisis de la evolución del PIB, tanto por rama de actividad como por componente del gasto, surge que es un crecimiento que está desbalanceado, con algunos sectores que crecen a buen ritmo y otros que enfrentan dificultades. En particular, el crecimiento se sustenta en buena medida en un atraso cambiario que por un lado alienta el consumo y el turismo receptivo, pero por el otro atenta contra la competitividad del sector exportador de bienes.

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Por definición, para una economía pequeña y abierta como la uruguaya el crecimiento hacia adentro no es sustentable en el mediano plazo. Por esa razón, y atendiendo a los problemas de competitividad del sector exportador, es que no debería gastarse el incremento de la recaudación que derivará del mayor nivel de actividad, sino destinarse a mejorar el resultado fiscal y a abaratar los costos de producción, léase tarifas.

La tasa de crecimiento interanual registrada en el primer trimestre del año (4,3%) lo es frente a un período particularmente malo de la economía uruguaya. Cabe recordar que en aquellos meses se pasó de una sequía importante a fuertes temporales, con un impacto negativo en la cosecha de verano, que es la más importante. Los rendimientos de la soja fueron muy magros, lo que resintió a la actividad agrícola.

A su vez, el consumo también se vio afectado. Por un lado, un gran número de uruguayos fue a vacacionar a Brasil y por el otro, ante la escalada que experimentó el dólar en el mercado local, se frenó el gasto interno, fundamentalmente en bienes importados.

Esa coyuntura adversa se revirtió rápidamente en los meses siguientes, y a partir del segundo semestre la economía se aceleró. Desde entonces, y en particular en los dos últimos trimestres, viene creciendo a un ritmo elevado.

En tal sentido, para entender mejor qué es lo que está aconteciendo, el análisis debe focalizarse en el desempeño del último semestre. Dada la estacionalidad que muestran las distintas ramas de actividad y la economía en general, con un mayor nivel de actividad en el cuarto trimestre del año, el análisis debe efectuarse depurando esos efectos.

El dato desestacionalizado del PIB al primer trimestre de 2017 señala un crecimiento del 1,5% respecto al trimestre anterior, el que a su vez aumentó 1,4% con respecto al tercer trimestre de 2016. En la parte de arriba del cuadro que ilustra esta nota se muestra la evolución del PIB en términos desestacionalizados, donde se ve claramente que la economía estuvo estancada entre 2014 y fines de 2016, recuperándose fuertemente desde entonces. En términos anualizados en el último semestre la economía creció 5,9%.

Lo que recibió la economía en este último semestre fue un shock externo positivo, que se vio reflejado en un incremento del turismo receptivo, acompañado de algunos factores internos que lo amplificaron, pero que por el momento no se traduce en un crecimiento sostenido de todos los sectores.

En términos desestacionalizados, el crecimiento del último semestre se centra en cuatro ramas de actividad. Ellas son, por orden de crecimiento, Suministro de electricidad, gas y agua (15% anualizado), Comercio, restaurantes y hoteles (14%), Transporte y comunicaciones (13%) y Construcción (8%).

El crecimiento del sector energético responde a un clima benigno, que permitió una mayor generación eléctrica en base a energías renovables. En algún día del primer trimestre se anunció que toda la energía generada provenía de esas fuentes. Al ser el costo de generación más bajo que el que resulta del uso del fuel oil y no variar las tarifas, el valor agregado, es decir la ganancia de UTE, es mayor y de esta manera contribuye al crecimiento del PIB. La contracara del crecimiento de este sector es el impacto nulo en el empleo.

El crecimiento del sector Transporte y comunicaciones se explica fundamentalmente por el incremento en la trasmisión de datos.

Las nuevas tecnologías forman parte del día a día de todos nosotros, al tiempo que el intercambio de información a nivel empresarial es cada vez mayor, lo que explica el crecimiento sin cesar de esta actividad, la única que no ha dejado de crecer a lo largo de la última década, tal cual se muestra en el gráfico que aparece en la parte media a la izquierda.

Por su parte, el crecimiento del Comercio y la Construcción, que se muestra en el gráfico que aparece a la derecha en la parte media del cuadro, está asociado a una recuperación de esos sectores. En el caso del comercio, tras una caída del 10% entre 2016 y 2014, el sector se recuperó a partir del segundo semestre del pasado año de la mano del turismo y de la mayor demanda interna. En este caso influyó el descenso del dólar que estimuló el consumo de bienes importados y la recuperación real de los salarios en un contexto de inflación descendente y ajustes nominales pre establecidos. Pese al crecimiento de los últimos meses, el sector comercial aún no recuperó los niveles alcanzados en el año 2014, aunque seguramente los supere en los meses siguientes.

En el caso de la construcción, el sector ingresó en una etapa recesiva tras la finalización de la planta de Montes del Plata que lentamente comenzó a revertirse en los últimos meses. El que explica la recuperación es el sector público.

El inexorable ciclo electoral y las demandas ya a esta altura impostergables por mejoras en infraestructura y también de cara a la cada vez más probable tercera planta de celulosa, lo explican. Ello más que está compensando el descenso de la construcción privada.

Como contrapartida al desempeño de estos sectores, los productores de bienes, fundamentalmente los transables enfrentan dificultades. Como se ve en el gráfico que aparece en la parte baja del cuadro, desde mediados del año 2014, tanto el nivel de actividad del agro como el de la industria manufacturera están prácticamente estancados. Ello responde fundamentalmente a los problemas de competitividad que enfrentan, con costos crecientes e ingresos que caen por el doble efecto del descenso de los precios internacionales y del dólar.

Esos problemas de competitividad se ven reflejados en el mercado laboral. El dato del primer trimestre fue muy elocuente, aumentó el desempleo al 8,5% promedio, al tiempo que creció la economía. Este es uno de los puntos débiles, que puede verse agravado según cómo evolucione el salario real en los próximos meses.

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