crítica 

Retrato escénico del elenco oficial al poeta Horacio Ferrer

Algunos momentos de diversión y hasta de placer estético ofrece Evocación a Horacio Ferrer, que los fines de semana está haciendo la Comedia Nacional, como espectáculo periférico al de su programación anual, en un ciclo que busca desarrollar creadores en sus filas en las áreas de dramaturgia y dirección escénica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Canciones, música, relatos y poesía se dan cita sábados y domingos en la Sala Verdi.

Y si uno pasa raya a la hora del espec- táculo, se queda con un manojo de buenos momentos, enmarcados en un montaje que no tiene decaimientos.

En lo que tiene que ver con la obra de Ferrer —es decir, con el legado artístico de este poeta uruguayo fallecido el 21 de diciembre—, el público se encontrará con cosas muy conocidas y otras menos. Por supuesto que está Balada para un loco, y la exquisita Balada para mi muerte, complementadas por una serie de obras menos difundidas de la fecunda carrera del gran poeta del lunfardo experimental. Canciones y poemas se alternan con relatos realmente jugoso, que describen personajes pintorescos, ambientados en un Montevideo reconocible, antiguo, al que Ferrer le dio toques surrealistas que consiguen hacer reír. Está la muchacha que va a clases de lunfardo, y la que se prácticamente crió dentro de un organillo, historias insólitas que vale escuchar desde la platea.

Lucía Sommer ofrece algunos tramos de arte escénico, con pasajes vocales bien resueltos, y escenas, o segmentos de ellas, realizados con soltura, en las que asoma el talento que ya ha demostrado repetidas veces, dentro y fuera de la Comedia Nacional. Worobiov la acompaña también con desigual desempeño, con momentos más felices y otros menos. Quizá faltó ensayo: pero ambos intérpretes se manejan de a ratos con imprecisión en el escenario, con momentos de dureza, al menos desde lo que se vio en la función del pasado sábado.

Más allá de los reparos, el espectáculo focaliza sobre la obra de un artista valioso, que además exhibió un aire de dandy, de teatralidad, que Evocación a Horacio Ferrer no refleja demasiado. Tampoco se centra mucho sobre los aspectos más alegres del personaje evocado. Por contrapartida, hay un aporte musical de interés a cargo de Sebastián Mederos, aunque en algunos pasajes el fuelle tapa un poco las voces, asunto particularmente clave, dado que no es fácil seguir en todo momento los versos intrincados de Ferrer y su lunfardo surreal y personal.

El teatro y el tango convivieron en escena un siglo atrás, en tiempos del sainete. Luego el teatro independiente, mucho después, buscó recrearlo en escena, y el propio Ferrer contribuyó, desde el escenario del Teatro Circular, en esa tarea. Desde entonces, el arrabal no siempre ha encontrado un reflejo artístico en los escenarios teatrales. Rolando Speranza, en su libro El lunes me habló Candeau, contaba los problemas que conllevaba, sin caer en el vacío, representar al compadrito y su mundo en escena.

Evocación a Horario Ferrer logra un lindo fresco, que en la función del pasado sábado fue dedicado por los actores al fallecido actor Delfi Galbiati, destacado actor del elenco oficial cuya memoria fue saludada por un cerrado aplauso por una platea a medio llenar.

Evocación a Horacio Ferrer (**)


Textos: de Horacio Ferrer y Lucía Sommer. Dirección: Miguel Pinto. Elenco: Lucía Sommer y Juan Worobiov, de la Comedia Nacional. Músico en escena: Sebastián Mederos. Preparación vocal: Sara Sabah. Teatro: Sala Verdi, Soriano 914. Días de función: Sábados a las 21 horas y domingos a las 20 horas. Entradas: $ 110, en TickAntel y en la boletería de la sala.

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