crítica

Un espectáculo recomendable, intenso y emotivo

Con este montaje, la dramaturgia del gran Tennessee Williams vuelve a probar su eficacia más allá del paso del tiempo, aunque lógicamente el feliz resultado que se puede ver en la Sala Verdi tiene que ver con el notable texto pero también con su talentosa escenificación.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Natalia Chiarelli y Claudia Rossi en un clásico del drama psicológico americano.

Antes de empezar la obra ya salta a la vista la calidad y el ingenio de la escenografía de Osvaldo Reyno, quien compuso una verdadera obra de arte, sin apartarse además del carácter de ribetes realistas que se ajusta al texto y a la puesta en escena. Reyno montó las paredes de la enorme habitación donde suceden todas las acciones con elementos que remiten a la época. Pero ese interior del caserón de gente acaudalada se levanta en escena desencajado, con puertas y paredes distorsionadas, materializando los desajustes que viven los habitantes de esa residencia burguesa. Sobre el final, luego de dos horas de ágil espectáculo, las luces valoran aún más la escenografía, matizando sus tonos, muy delicados, y aprovechando sus múltiples nichos para crear un interesante efecto espacial.

Cuando el espectador ve entrar a Natalia Chiarelli en el papel de Maggie, con ese vestido perfecto, espléndido (trabajo de otro veterano de los rubros técnicos, Nelson Mancebo), ya nota que la actriz tiene al personaje en su piel, y que lo llevará con firmeza por todos sus altibajos. No es la primera vez que Chiarelli se luce en un protagónico de Williams. Ya lo había hecho en El zoo de cristal, en 2007, en la Alianza Uruguay-Estados Unidos, bajo dirección de Dumas Lerena. Pero ahora la artista se exhibe aún mejor, en un papel que carga de matices, y en un marco escénico mucho más elaborado.

La primera escena, larga, intensa, es genial, y atrapa a la platea, que pareció muy calma, entregada a ver la función. Fernando Dianesi acompaña a la actriz con un buen nivel, aunque sin llegar al nivel de excelencia de su compañera de elenco. Y en general el desempeño del elenco en su conjunto está a la altura que el texto requiere.

David Hammond, para la gente de teatro, es un viejo amigo que regresó una vez más. La labor de este director norteamericano en Uruguay es esporádica, pero constante y valiosa, habiendo dejado hitos como Perdidos en Yonkers (en 1992) y Hamlet (en 1997). Su sensibilidad y su capacidad para entretener, afloran ahora en la concepción general del montaje, y también en detalles como la banda sonora, que acompaña al espectador con excepcional delicadeza.

El teatro de Williams brinda una galería de personajes femeninos que han permitido con el correr de las décadas que muchas grandes actrices uruguayas crecieran en escena. Con El zoo de cristal, por ejemplo, Nelly Goitiño fue muy elogiada en 1958, y 20 años después con la misma obra, Sonia Repetto cosechaba merecidos elogios. Más acá en el tiempo, Denise Daragnés lograba un gran papel en Un tranvía llamado Deseo, en el Circular. Ahora, esta vieja historia de gente de dinero vuelve a conmover, más allá que su trama pueda pertenecer a tiempos remotos.

SABER MÁS

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Autor: Tennessee Williams. Dirección: David Hammond. Compañía: Comedia Nacional. Elenco: Natalia Chiarelli, Fernando Dianesi, Roxana Blanco, Luis Martínez, Claudia Rossi, Óscar Serra, Juan Worobiov, Diego Arbelo. Escenografía: Osvaldo Reyno. Lugar: Sala Verdi, Soriano 914. Funciones: viernes y sábados a las 21:00, domingos a las 19:00.

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