EDITORIAL

Un silencio y una voz

Las propuestas de Lacalle Pou tocan varios problemas del país, como la crisis de seguridad, el abuso de recaudar con las tarifas de UTE y Ancap, la crisis del agro, el gasto del Estado, la pérdida de empleos y la parálisis de la educación.

Los uruguayos nos habíamos acostumbrado a que el primero de marzo hablara el presidente Vázquez por cadena, y a que el 2 de marzo le contestara el senador Luis Lacalle Pou. Así fue en 2016 y en 2017, y lo mismo se esperaba en 2018. Pero, este año, el presidente de la República prefirió mandar su informe de gestión y memoria anual al Parlamento sin dirigirse en forma directa a la población. Tampoco lo hizo nadie en su lugar. En ese cruce de guantes al que nos habíamos acostumbrado, este año quedó vacío el rincón del oficialismo.

El que sí habló, como todos los 2 de marzo, fue el senador Lacalle Pou. Y, como todas las veces, presentó un conjunto de medidas de gobierno que pueden ser ejecutadas durante el año en curso y que ayudarían a solucionar problemas que castigan a los uruguayos, pero que el oficialismo no está siendo capaz de solucionar.

Las propuestas del líder blanco tocan los problemas que más preocupan a los uruguayos de a pie: la crisis de seguridad, las tarifas de electricidad y de combustibles que se usan para recaudar, la crisis del agro, el gasto del Estado que sigue creciendo y le pasa factura a quienes trabajan, la pérdida de empleos, la parálisis en la educación, la imposibilidad para decenas de miles de jóvenes de acceder a una vivienda, entre varios más.

Las medidas se presentan en doce secciones, y cada sección está precedida de un cuidadoso análisis de la situación. Esos análisis nos permiten enterarnos de cosas que los uruguayos no tenemos muy presentes. Por ejemplo, que UTE ha hecho aumentar enormemente el número de hogares que tienen tarifa subsidiada (pasaron de 176 mil en 2014 a 243 mil en 2016) con el argumento de que así se reducirá el número de "colgados", es decir, de quienes se conectan irregularmente (y sin pagar nada) a la red. Pero el número de "colgados" no disminuye (sigue estando arriba de los 70.000) mientras los subsidios crecen. La cosa huele a clientelismo a gran escala.

También nos enteramos de por qué el gobierno sigue insistiendo en el pesado (y hasta ahora infructuoso) sistema de PPP. No es porque le parezca un buen método para hacer obra pública. Lo ha-ce porque le permite buscar inversiones sin aumentar el déficit fiscal, dado que el financiamiento y las garantías las ponen los privados. Al final, todo es una cuestión de registro en los libros contables. Si los ciudadanos pierden porque no se hace casi nada, mala suerte.

Pero lo más interesante está en la parte final del paquete de propuestas. Allí, el senador Lacalle Pou no plantea medidas, sino que anuncia públicamente su apoyo a medidas propuestas desde otros partidos. Y lo hace con una gran libertad política y mental. Por ejemplo, anuncia su apoyo a la propuesta de ley sobre vivienda popular presentada por el diputado Enrique Rubio: un legislador de un partido que está a la izquierda del Frente Amplio. También anuncia su apoyo a un proyecto de ley del senador Pablo Mieres, del Partido Independiente, y a otro del senador Amorín Batlle, del Partido Colorado. En algunos casos el senador blanco propone cambios parciales, a ser incluidos durante el proceso parlamentario, pero su decisión de votar en general esos proyectos se anuncia sin poner condiciones.

Hace mucho que se dice que la oposición tiene que coordinar esfuerzos, sin que eso se haya traducido hasta ahora en acuerdos concretos. Tal vez eso tenga que ver con el método empleado hasta ahora, que es proponer medidas a los demás y pedirles su apoyo. Lacalle Pou sigue el camino inverso: no pide apoyo para sus medidas, sino que anuncia el suyo a medidas ajenas. Es posible que este sea un camino mucho más rápido y directo.

Lacalle Pou tendrá virtudes y defectos, como tienen todos los políticos, pero una vez más confirma que es un distinto: hace cosas que, en general, los demás no hacen. Así ocurrió cuando se convirtió en el primero en proponer la legalización del autocultivo de marihuana, o cuando lanzó su campaña por la positiva. Ahora vuelve a cambiar el tablero con un planteo inédito.

El paso del senador nacionalista también muestra que tiene algo de lo que carece el oficialismo: sentido de urgencia. No hay dudas que este país está harto de seguir aceptando pasivamente que los delincuentes tomen el control de las calles y los barrios, ni que se sigan perdiendo empleos por falta de competitividad, ni que nuestros alumnos sigan creciendo sin aprender lo necesario para tener oportunidades en la vida. Hay que actuar rápido.

El tiempo dirá qué va a pasar con esta propuesta. Pero sin duda es algo nuevo.

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