EDITORIAL

Ahora sí: Montevideo

Pero la clave es que la estrategia de concertación de partidos para enfrentar al Frente Amplio en la capital, y aportar así una esperanza real de cambio, debe quedar establecida ya para los comicios internos de junio próximo.

Entrado marzo, con todos los precandidatos ya anunciados y con las elecciones internas en el horizonte de tres meses, se hace absolutamente necesario que los partidos desafiantes fijen una estrategia de real alternancia para Montevideo.

Cualquiera puede constatarlo fácilmente: en ya prácticamente tres décadas que lleva de gobierno municipal, el Frente Amplio no ha sido capaz de hacer de la capital del país una ciudad hermosa y de vanguardia en la región. Apenas se sale de la franja costera, la desidia de los servicios municipales es tremenda, tanto en materia de transportes públicos, como en recolección de basura, tránsito fluido y servicios eficientes brindados por la Intendencia. Y por supuesto que la mugre se esparce por todas partes: es el santo y seña característico del gobierno de izquierda, con su total incapacidad por lograr mantener una ciudad limpia y digna.

Además, nada estructural se ha logrado en todo este tiempo para cambiar radicalmente la vida de los montevideanos y que haya estado originado en el gobierno municipal. Ni la terminal de Tres Cruces, ni la Torre de Antel, ni la faraónica Antel Arena: busque cualquier otro ejemplo y verá que no se verifica ninguna gran obra de infraestructura que haya acompañado el fenomenal crecimiento en estos años del parque automotor, o la mayor necesidad de transporte colectivo en la capital. El Frente Amplio, ya sea con Vázquez, Arana, Ehrlich, Olivera o Martínez, ha hecho de Montevideo una ciudad que ha perdido pie en relación al desarrollo de otras capitales de la región, como por ejemplo Santiago de Chile o Buenos Aires.

Todo esto es bien sabido. Sin embargo, también es bien sabido que Montevideo es un bastión electoral frenteamplista desde aquel ya lejano 1971 en el que la coalición de izquierdas llegó segunda en la capital. Para poder plantear entonces una alternativa creíble, se precisa que los partidos desafiantes unan sus esfuerzos proselitistas. De acuerdo al actual sistema electoral, es imposible que divididos logren un triunfo municipal en los próximos comicios de mayo de 2020. Precisamente ese fue el razonamiento que estuvo tras la formación en 2014- 2015 de la Concertación, que logró la victoria en dos municipios de Montevideo (uno de los cuales fue el CH, el más urbano y poblado del país).

Pero la clave es que la estrategia de concertación de partidos para enfrentar al Frente Amplio en la capital, y aportar así una esperanza real de cambio, debe quedar establecida ya para los comicios internos de junio próximo. En efecto, las reglas electorales son tales que implican que quien se presente como candidato por un partido en esa instancia de junio no podrá luego, para las municipales de mayo de 2020, ser candidato por otro partido político.

Si se define entonces que Concertación se presente nuevamente en 2020, blancos y colorados deberán dejar “en reserva” ahora a los candidatos de sus partidos que estimen que pueden llevar la bandera de la mejor administración para Montevideo, ya que aquellos que quieran ser candidatos a alcalde, ediles o intendente por Concertación no podrán integrar listas partidarias blancas o coloradas en junio próximo. Y lo mismo ocurre con los candidatos de otros partidos, como los del Partido Independiente o los del Partido de la Gente, si se piensa en una Concertación más amplia que una conformada solo por blancos y colorados.

Todo esto puede resultar muy técnico y propio de la cocina política partidaria. Sin embargo, es tiempo ya de que los partidos desafiantes al Frente Amplio expliquen claramente qué harán con Montevideo: si efectivamente lanzarán al ruedo la Concertación, y en tal caso, quiénes serán concretamente los abanderados en la capital.

En Montevideo votan aproximadamente el 40% de los uruguayos. Para afirmar una alternancia al Frente Amplio, se precisa mostrar y hacer creíble una opción de gobierno que no solamente tienda puentes de entendimiento en lo nacional, sino que también sea capaz de asumir el desafío de dar una chance a un mejor gobierno posible en la capital del país. Que los montevideanos puedan volver a sentirse orgullosos de su ciudad; que los uruguayos todos puedan volver a sentir que la capital del país es una joya de desarrollo y vanguardia en el continente entero.

Es evidente que, más allá de matices y diferencias, los partidos desafiantes están preparando una tarea conjunta de gobierno en lo nacional. Llegó el momento de que se den señales claras también para Montevideo. Se las precisa para ganar la Intendencia departamental.

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