Editorial

El malhumor con el FA

Si Mujica, por acción, fue el peor presidente, Vázquez por omisión, fue tan dañino como aquel. Nada cambió entre un gobierno y otro, solo se acentuaron las dificultades y la gente se cansó.

El malhumor con el gobierno no es un invento de la oposición. Es una realidad que viene de la mano con la convicción de su fracaso y la imperiosa necesidad de rendir cuentas en este año electoral.

Hasta el politólogo Daniel Chasquetti, una figura del mundo académico pero bastante cercana al Frente Amplio, debió reconocer en un reportaje de Crónicas Económicas que “Hay un malhumor con el gobierno, una acumulación de problemas no resueltos, una situación económica que no es como la de antes -la economía crece pero tenemos desempleados-, y algunos temas de seguridad que no terminan de solucionarse. Entonces es natural que haya un movimiento hacia la oposición en la intención de voto. También tiene que ver con los inconvenientes que ha tenido el FA, por ejemplo, con el ‘caso Sendic’.

Y no es solo Sendic y el mamarracho de cómo manejó el asunto el FA, que pasó de una encendida y cerrada defensa colectiva a través de su famoso Plenario -con acusaciones incluidas a la oposición y a los medios de comunicación de debilitar la institucionalidad democrática por denunciar sus irregularidades- a enrolarse masivamente en la drástica doctrina del juez Charles Lynch y hacerlo desaparecer, sino que ha sido protagonista de una de las más anodinas y vacías presidencias de nuestra historia. Si Mujica, por acción, fue el peor presidente, Vázquez por omisión, fue tan dañino como aquel. En su haber solo le queda haber parado la impiadosa sangría de Ancap, aunque descargó sobre el pueblo con más impuestos y tarifas más caras el legado de su antecesor. Poco y nada después.

Eso sí, no toda la culpa de esta gestión recae sobre Vázquez. En sus primeros meses, algo quiso hacer, algo quiso cambiar. Pero no pudo superar la negativa de su fuerza política. Perdió todas las pulseadas iniciales y se resignó a ver como pasaban las hojas del almanaque. El gran responsable ha sido todo el Frente Amplio, esa colcha de retazos manejada por el MPP y el Partido Comunista con su control en el Plenario. ¿O alguien recuerda alguna derrota de ese tandem en el escenario partidario?

Las encuestas empiezan a marcar una acentuada tendencia hacia una rotación de los partidos en el gobierno. Eso es bueno en cualquier democracia; lo malo es cómo deja el Frente Amplio al país en asignaturas esenciales. Porque las mismas críticas que se le hicieron a Mujica se aplican a Vázquez. La única diferencia es que los vientos de bonanza económica han amainado: no hay plata -si malhumor- y el déficit fiscal se mantiene intacto en el entorno del 4%.

En materia de seguridad pública siguen abrazados a la simplista teoría de que el delito es una consecuencia de la pobreza, que los delincuentes son víctimas de la sociedad y que la represión es injusta. Pero poco se ha hecho para terminar con la pobreza y, en consecuencia, los récords en materia de homicidios y rapiñas se superan todos los meses. Hay barrios enteros copados por los delincuentes y prohibidos para la policía. Con Mujica y con Vázquez.

Siguen creyendo que los resultados educativos dependen del monto del dinero invertido. Para el FA el tema se ha reducido a un 4,5% o a un 6%. Más recursos no significan mejor educación. Todo depende cómo se gaste y en qué se gaste. Para evitar problemas se optó por terminar con la repetición aunque no aprendan nada. Empezó con Vázquez en su primera presidencia, siguió con Mujica y continuó ahora con Vázquez.

El enfrentamiento con el campo es algo innato en el Frente Amplio, y Vázquez y Mujica comulgan con ello. Es por lejos la principal fuente de ingresos del país: sobre un total de exportaciones que ronda los 8.500 millones de dólares por año, el 85% de ello corresponde a bienes agroindustriales. Con algo de desidia y mucho de soberbia, Vázquez ninguneó hace un año al campo y sus problemas. Hasta que en Santa Bernardina -el 23 de enero hará un año- se le vino la noche. Parece absurdo y es suicida para el país que un Presidente no esté atento a los reclamos de su principal sector productivo; es más, debería estar un paso adelante. Pero no, la cabecita frenteamplista es más fuerte. Ahora tenemos crisis en el sector lechero y en el sector arrocero, que por años fueron puntales de la economía, mientras otros andan a los tumbos.

Si después de casi quince años de gobierno ese es el panorama en algunos sectores fundamentales de la vida de un país y a la mayoría le cuesta mucho llegar a fin de mes, lo menos que puede ocurrir es que los ciudadanos anden molestos. Lo único que los tranquiliza es saber que dentro de pocos meses, los molestos y malhumorados serán los que hoy están en el gobierno.

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