Editorial

En busca de la fama internacional

Tanto Vázquez como Mujica, por distintos caminos, han logrado ciertas distinciones a nivel internacional y el aplauso de extranjeros que no han padecido sus errores ni sus políticas equivocadas.

Tabaré Vázquez recibe premios y distinciones en el extranjero por su lucha contra el tabaco mientras José Mujica se convierte en una suerte de estrella cinematográfica internacional. Un presidente y un expresidente de Uruguay a los que parece importarles mucho gozar de prestigio en el exterior aunque por distintos motivos. Así las cosas, hay que reconocer que, en distinta medida, lo han conseguido. Llamativo ¿no es así?

Tanto en su primer gobierno como en el segundo, Vázquez llamó la atención por la agenda de sus viajes. Al repasarla es común hallar junto a actividades propias de un jefe de Estado las presentaciones típicas de un académico. Incluso se nota que algunas de las escalas en tales periplos responden más a esta segunda faceta profesional de Vázquez que a su condición presidencial, algo que no debería ocurrir. Como es obvio, un presidente es elegido, entre otras cosas, para representar al país en el exterior en asuntos de Estado antes que para dictar conferencias o participar en foros de su especialidad.

Es cierto que en su campaña antitabaco logró ubicar a Uruguay en la avanzada de los países con las normas más restrictivas en la materia. Incluso durante su segundo mandato obtuvo una resonante victoria cuando un tribunal internacional rechazó la demanda iniciada por una multinacional tabacalera contra esas medidas antitabaquistas. Su reciente designación como "héroe de la salud de las Américas" por parte de la Organización Panamericana de la Salud significó un reconocimiento a sus esfuerzos en la lucha contra el tabaquismo.

De todos modos, en esas instancias internacionales a Vázquez siempre le costó explicar por qué junto a esa lucha denodada su gobierno ponía en práctica la liberalización del cultivo y consumo de la marihuana. En una gira por Europa un par de años atrás le preguntaron varias veces si no veía una contradicción entre su postura respecto al consumo de cigarrillos de tabaco y la actitud más abierta con relación a los cigarrillos de marihuana. A tal punto llegó el planteo de ese dilema, que a los asistentes a la exposición de Vázquez en ese país europeo se les sugirió que no insistieran con formularle preguntas sobre tan paradójica situación.

El caso de José Mujica es distinto. Su fama no procede de sus méritos académicos ni de sus inquietudes por temas sanitarios, sino de su condición de exguerrillero devenido en político así como de su verborragia capaz de atraer a multitudes. También hay en esa carrera hacia el aplauso universal algunas contradicciones, entre las cuales la mayor es la aureola que consiguió de luchador por la democracia, un galardón que no le corresponde en virtud de su pasado de saboteador de las instituciones democráticas. Abundan narradores de nuestra historia reciente que retratan a los tupamaros como un grupo armado alzado contra la dictadura militar, una imagen que no se compadece con la realidad, pues cuando ocurrió el golpe de Estado en 1973 el MLN había dejado de existir y la mayoría de sus miembros estaban en la cárcel. De esto se habla poco cada vez que se elogia a Mujica en el exterior como si hubiera sido un luchador por la democracia y la libertad.

Es que el marketing desarrollado en torno a la figura de Mujica ha sido de una tremenda eficacia. "El presidente más pobre del mundo", el más austero, el que vive en una modesta vivienda y labra la tierra con sus manos, el que lanza mensajes anticonsumistas, el que está a favor del cuidado del medio ambiente y de cuanta causa noble circula por los cinco continentes; todos esos atributos consolidaron su perfil exitoso. Tanto que el cine lo tiene actualmente como un nuevo astro con motivo del estreno de dos películas sobre su vida, al extremo de convertirse en una atracción en los festivales cinematográficos

Cada uno en su estilo, tanto Vázquez como Mujica (con clara ventaja para es-te último) han buscado y obtenido notoriedad en el exterior, precisamente allí donde la gente no ha sufrido las consecuencias de sus políticas ni soportado sus errores. Se percibe incluso una larvada tendencia a competir entre ambos por esa popularidad ganada fuera de fronteras. En suma, un conjunto de actividades desarrolladas por el actual presidente y por el expresidente no siempre dirigido a hacer un buen gobierno sino más bien encaminado a lograr su minuto de fama.

Si sus gobiernos hubieran alcanzado la excelencia y el Uruguay viviera ahora sus mejores días, podría llegar a tolerarse tamaño despliegue de Vázquez y Mujica en pos del relumbrón internacional. Pero no es el caso.

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