Tomás Linn
Tomás Linn

Quién desestabiliza

Cuando en 2004 el Frente Amplio ganó las elecciones, el país vivió un momento especial pero no hubo efecto "desestabilizador". Por primera vez ninguno de los dos viejos partidos ganaba.

Por primera vez la izquierda, incluidos sus sectores marxistas, llegaban al gobierno, y por primera vez en mucho tiempo un grupo político lograba por sí solo la mayoría parlamentaria. Aún así, siendo tan importante, no se modificó la marcha institucional del país.

Hubo un profundo cambio político dentro de la permanencia y continuidad institucional.

Bastaría recordar ese hecho para preguntarse qué quiso decir el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, cuando alertó la semana pasada sobre la existencia de "intentos desestabilizadores".

No los hay, ni en el país ni en la región.

Es verdad, y esta puede ser una llamativa excepción, que ante la rígida dictadura venezolana, el país arde. Pero es uno con un falso parlamento, una Suprema Corte que responde a Nicolás Maduro, con líderes opositores presos y otros inhabilitados para ser votados, con una crisis sanitaria y de hambre y con los medios acallados por la prepotencia del régimen.

Es lógico que haya malestar. Ante tan feroz dictadura, ¿puede hablarse de "intentos desestabilizadores"? ¿No sería lógico estar del lado de los presuntos "desestabilizadores"? ¿Y hacerlo al clásico grito de "se va a caer"?

Tal vez Miranda perciba en los burdos esfuerzos del kirchnerismo por voltear a Macri, otro intento desestabilizador. Si así fuera, los intentos no parecen efectivos.

A ese sector le importa poco que Macri fue elegido por el voto popular y reconfirmado en las elecciones de mitad de período: simplemente quieren derrocarlo. Al negarse Cristina Kirchner a traspasarle la banda el día que asumió, mandó una clara señal de qué hacer. Sus intentos fallan y algunos terminan siendo un boomerang.

Macri no es Fernando de la Rúa. Es capaz de mantener una calma impertérrita. Ninguno de estos burdos juegos logran provocarlo. Si Argentina sobrevivió a 12 años de perturbada prepotencia "K", lo demás será mucho más sencillo.

¿En Chile desestabilización? La presidenta saliente le pasará la banda al entrante. Son de diferentes partidos. Y este traspaso es una escena repetida. Bachelet ya le pasó antes la banda a Piñera, Piñera a Bachelet y ella otra vez a él. A mucha gente no le gustó la gestión de Piñera y a otros tantos, la de Bachelet. Pero no estamos hablando de presidentes negados, obtusos, prepotentes, dispuestos a incendiar el país.

Brasil sí está complicado. Son complicaciones de factura interna. Una trama de corrupción involucró a los últimos tres presidentes (Lula, Rousseff y Temer), todos en una misma alianza electoral y en una misma coalición de gobierno. Los que le gritan "Fora Temer", lo votaron como vicepresidente de Dilma Rousseff. Se discute cuán directamente involucrado estuvo cada uno en esa trama. En el mejor de los casos lo estuvieron por omisión. Saber sabían.

Donde no hay intentos desestabilizadores es en Uruguay y si Miranda quiso insinuarlo, se equivocó feo. Hay oposición, como en toda democracia, que cuestiona al gobierno, pero nunca por fuera de las instituciones.

El enojo del campo es algo que "no agrada" (al decir del diputado Alejandro "Pacha" Sánchez) pero no hay más remedio que aguantarlo. Es natural que si un sector productivo siente la asfixiante presión estatal, reaccione. También es razonable que el gobierno le preste atención. De lo que el campo produce vive buena parte del país.

No están desestabilizando, solo reclaman. En una democracia donde convive tanta gente libre, que discrepa y tiene intereses genuinos distintos, el "desagrado" no sirve para mucho.

Lo paradójico es que el oficialismo instaló la imagen de una oposición a la que "no se le cae una idea" (o sea nada desestabilizadora). La afirmación es falsa.

No todos tienen, es verdad, imaginación para encontrar modos alternativos de acción al no tener mayoría parlamentaria. Pero ideas hay: buenas y malas.

Algunos opositores, lamentablemente, no se dieron cuenta que la sensibilidad popular cambió y que lo que antes nadie criticaba, ahora sí lo hace. Peor que el nepotismo, o los sueldos altos de funcionarios, o los acuerdos con empresas personales, es justificarlos.

Aún así, hay sectores con ideas realistas y las divulgan. No me refiero a las trilladas que piden reducir el número de intendencias (que no solo no es buena sino que nunca se aplicará), sino a ideas sensatas, que implican cambios positivos y razonables. Tenerlas, no es desestabilizar.

En el mundo democrático los partidos se alternan en el gobierno. Unos van al llano para acomodarse a los nuevos tiempos, desintoxicarse y buscar cómo volver.

Los que recién llegan traen aire fresco y renovación. Eso está pasando en América Latina luego de un largo (y autoritario) ciclo "populista".

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