Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Pobreza y señorío

Búsqueda publicó el diálogo que un Director de ASSE, Cnel. Montagno, tuvo con un exintegrante de Cabildo Abierto. Dijo tales barbaridades que en el mismo jueves el involucrado debió dejar su cargo.

¡Mérito inextinguible de la libertad de prensa, que permite que la ciudadanía se entere de desaguisados como los que desnudó la quemante transcripción!

El senador Manini atribuyó la obligada renuncia a que “en las expresiones hay sentimientos hirientes hacia algún colega del directorio” y por tanto “la relación con los demás directores de ASSE no iba a ser fluida”. A su vez, el sector despidió al dimitente situándolo entre “los mejores directores de ASSE en los últimos tiempos”.

Lo arroparon como a un jerarca modelo, que hubiera debido irse por honorables desinteligencias con sus pares. Pues no. Ni por asomo.

No puede ser “uno de los mejores directores” de una repartición pública alguien que se ufana de haber hecho entrar a un batallón de empleados, que los siente enrolados como propios y se jacta de saber cómo paralizar el servicio de salud cuya continuidad está precisamente a su cargo.

Tampoco debe despedirse como “de los mejores” a quien usó un lenguaje soez, peyorativo-intestinal, para referirse al Presidente del Directorio que integra y al partido mayoritario que le permitió auparse al cargo por cuota de coaligados. Por menos que eso, a un funcionario de carrera le abren un sumario y lo sancionan -no le palmean la espalda- por transgredir los arts. 29 -Deberes y Obligaciones- y 30 -Prohibiciones- del Tofup, hoy ley 19.121.

Se hizo bien, pues, en cerrar rápido el episodio, indigno de la política límpida que, a pesar de todo, anida en el corazón de una inmensa mayoría de gente de todas las tiendas, como quedó a la vista en las horas siguientes al deplorable traspié, en la unánime despedida al Alcalde Andrés Abt. Su muerte se transfiguró en vida y siembra. Lo llevó la falta de oxígeno por el Covid, pero se fue oxigenando a la República con las bocanadas de aire puro que dimanaron de su tránsito. Paradoja del espíritu, que siempre vuelve y siempre nos sobrepasa.

Por encima de cultores del odio, todos tenemos muchos rincones del alma que vibran en el plano superior que nos une como ciudadanos. No fue extraño, entonces, que el estremecimiento haya sobrepasado la dimensión de la Alcaldía del Municipio CH de Montevideo. El señor Abt lo mereció. No so-lo porque para ejercer esa función de cercanía con la gente, había renunciado a su banca de diputado -y eso es mucho. Además, porque su entrega la hizo desde una luz filosófica que no se consigue de encargo para la ocasión electoral. Brota desde adentro, con verdades como éstas:

“Si vecino a vecino, cada uno en su manzana intenta buscar un gesto que aporte, una ciudad se transforma. Solo se necesita confiar en los plazos y enamorarse de un proyecto para todos.”

“La semilla y el cuidado del árbol serán dos etapas igualmente claves, pero que solo siguen a continuación de la primera: preparar la tierra. Quizás no nos toque recoger los frutos a nosotros, pero no hay política si no hay un cierto espíritu de trascendencia.”

¡Y vaya si a esta época de miedos, virus y salpicón de formularios on-line, le hace falta revivir el espíritu de trascendencia por el que luchó Andrés Abt!

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