Javier García
Javier García

La magia es la libertad

En esta semana tan particular para los Blancos se ha escrito mucho, y bien, sobre la historia de nuestro Partido. No voy a insistir porque además no podría hacerlo mejor. Sin embargo hay sí un misterio político digno de mirar con atención.

En esta semana tan particular para los Blancos se ha escrito mucho, y bien, sobre la historia de nuestro Partido. No voy a insistir porque además no podría hacerlo mejor. Sin embargo hay sí un misterio político digno de mirar con atención.

En un mundo tan cambiante, abrumador, revolucionario en sus formas, en sus tecnologías y comunicaciones, cómo se entiende que miles de personas desperdigadas por todo el país, se convoquen a militar en un partido que cumple 180 años. Cuando todo es tan inmediato y lo habitual es el consumo, el uso y tiro, “el cambio” como forma de relación social e integrarse gregariamente a lo último y más moderno, cómo se explica que haya tantos uruguayos que se emocionan, que quieren y defienden, que gritan y que lloran las victorias -pocas- y las derrotas -muchas-, del Partido Nacional. Porque en verdad somos hijos del llano y no del poder, nuestra crónica histórica le canta y le escribe a la construcción de valores desde muchos lados pero casi todos fuera de los edificios de gobierno. Hay una sola explicación para descifrar la fórmula que hizo que sin administrar las mieles del poder festejemos tantos años: la causa que nos une vale la pena. No es otra que la causa de la libertad. Todo se resume a garantizarle a cada uruguayo, porque el nuestro es un partido por definición uruguayo y oriental, que no se entiende con internacionalismos de ningún tipo, que nada es posible, ni duradero, sin el sagrado derecho de la libertad. Que en la sociedad que defendemos no permitimos que haya patrones que por ser más fuertes tengan derecho a ir contra la libertad y la dignidad del obrero, ni obreros que ejerzan violencia contra la libertad para emprender y producir de una persona.

No hay cosa más difícil que integrar, en una relación social lo más armónica posible, intereses que parecen contrapuestos pero que son complementarios si no ven con el ojo de la lucha de clases, sino con el de las libertades que se complementan. La libertad para elegir sin duda, pero la libertad para reclamar por justicia y para impedir que las corporaciones de todo tipo se adueñen de la sociedad. Esa es una libertad que garantiza que no haya nada más prioritario que dar a los más pobres lo mejor, para que sean justamente dueños de su destino y no peones de intereses políticos y dependientes del poder de turno.

El Partido Nacional es y ha sido desde siempre el partido más popular que tiene el Uruguay. Es por esa razón sociológica y política que 180 años después está a las puertas de gobernar el país. Solo porque tiene mucho pueblo. No hay oligarquía política que pueda explicarlo. Le duele a muchos de los intelectuales de izquierda esto, pero es incontestable.

Blancos “pillos”, rebeldes, orejanos, hijos de internas cálidas y exuberantes, medio rurales en contraposición a lo urbano, de estas formas y tantas más, nos han tildado. Pero ninguna de ellas fue obstáculo para permanecer en el corazón de buena parte de nuestro pueblo. Con nuestros errores y nuestras miserias humanas, porque nada de ello es ajeno a un colectivo de individuos, pero seguramente donde ha sido y es más fuerte la luz de los valores y las ideas que representamos y defendemos. No es desmerecer a ningún partido, no tenemos por qué hacerlo, es simplemente estar orgullosos, soberbiamente orgullosos, del nuestro.

Feliz cumpleaños querido Partido Nacional.


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