Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Cúpula estrecha

Curioso fenómeno el Frente Amplio. Cruza de Hydra con camaleón y, últimamente, aspirante a Fénix (por aquello de: "el Fénix no baja").

El Frente Amplio empezó, allá por los 70s como la reacción política ante la realidad de los iluminados. Los autodenominados "partidos de ideas" (consideraban que los otros partidos carecían de las mismas). Se veían a sí mismos como el único partido democrático. Para ellos, los Tradiciona-les eran manejados por cábalas que digitaban los candidatos y armaban propuestas medio cambalachescas, para que atrajeran a todo el mundo. Sus intelectuales los llamaban partidos "catch all".

Pues aquel proyecto original de 1971, en el que tanto gravitaban la Democracia Cristiana y los batllistas de izquierda, sufrió muchos cambios, por el devenir del tiempo y también por algunos fenómenos externos, como el golpe de Estado, la caída del muro de Berlín y los tupamaros. Porque estos fueron un fenómeno totalmente externo al Frente, que los miró con malos ojos desde el comienzo. Tan malos como los de aquellos a este. No fue por nada que el MLN tardó hasta 1989 en ingresar al Frente Amplio y cuando se decidió lo hizo con muy pocas ganas y mucha desconfianza. Propia y del resto de la dirigencia frentista.

En ese andar, el conglomerado político mutó mucho: desapareció la Democracia Cristiana, desaparecieron la mayoría de los sectores autodenominados "socialdemócratas" (el último fue la Vertiente Artiguista), quedando apenas unos vestigios llamados Asamblea Uruguay. A excepción de viejos núcleos duros, mayoritariamente enquistados en el movimiento sindical, el "partido de ideas" pasó a ser una versión rousseauniano-corporativa del batllismo, agradecida del derrumbe del muro. Carlos fue sustituido por Viglietti y Zitarrosa. Mucho más fácil de vender.

Y después, estaban los tupamaros, fantástica quimera que nadie (ni ellos) acierta a explicar en qué creen y cómo es que terminaron dominando al Frente en el plano político.

Mutación exitosa, ya que al cooptar el cerno de la cultura uruguaya urbana, alcanzó el poder y no una, sino tres veces. ¡Pavada de catch all!

Pero todo tiene su precio. La mutación y el poder: desgaste, envejecimiento, aislamiento de la realidad. Lo que queda de ideología está atrincherada en un leninismo sindicalista, poco funcional a la tarea de gobierno. El resto no recuerda ya muy bien de qué se trata.

Desde hace un tiempo asistimos al "baile de las candidaturas", con la dirección estelar de José Mujica y un elenco creciente de actores de reparto. Cada semana aparece uno nuevo (y no siempre desaparece el viejo). El chiveo ha llegado al punto de proponer a Ernesto Murro, que no está jurídicamente habilitado.

Es obvio que la cúpula frentista no cree que las candidaturas sean un tema que debe resolverse democráticamente, en elecciones internas —como manda la constitución. Rige el dedómetro, como en los viejos tiempos de los apparátchiki comunistas. De hecho, casi todo el funcionamiento interno del Frente es ajeno a las reglas de la Democracia. Al punto de que el gobierno electo debe cabrestear a los comités y a las corporaciones que de democrático no tienen mucho.

Ningún otro partido funciona así. No serán "partidos de ideas" al gusto intelectual, pero sí que son partidos democráticos.

Cada vez más el Frente Amplio muestra una imagen de fin de régimen, con una cúpula envejecida que no entiende para dónde va el mundo, buscando un salvador que le permita disfrutar de unos añitos más de poder y, más importante aún, postergar el resquebrajamiento que anuncian sus crecientes rajaduras. La cúpula sabe que al Frente le va la vida en la próxima elección: si pierde, fue. Sobrevivirán los sectores que tienen ideología, estructura y disciplina. Los demás, desaparecidas las figuras que hoy los encabezan y les dan sentido, es muy difícil que puedan sobrevivir si ya no tienen el pegamento del poder.

Las vueltas que da la vida: el partido más catch all de todos se está quedando sin carnada. Precisa de un salvador. El problema es que, por lo general, los salvadores no son sumisos a las cúpulas.

Continuará.

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