Diego Fischer
Diego Fischer

El libro del Centenario

Hay un libro que retrata de forma extraordinaria el Uruguay de las primeras dos décadas del siglo XX.

Es El Libro del Centenario de Uruguay, un enorme volumen de más de mil páginas que fue editado en 1925 y reimpreso en 1930, en una edición ampliada. Recorrer sus páginas es descubrir un país pujante en el que se construían a ritmo de vértigo escuelas, facultades, hospitales, puentes, carreteras, vías férreas, hoteles, balnearios, teatros y museos. También surgían fábricas, industrias, comercios que formaban una cadena productiva cuyo motor fundamental era el agro.

El libro fue obra de la agencia de publicidad Capurro y se imprimió las dos veces en Inglaterra. Estimo que la iniciativa fue de las autoridades de entonces para celebrar los primeros cien años de vida independiente y dar a conocer Uruguay al mundo.

En él se ve claramente a un país que crecía, se desarrollaba y distribuía su riqueza. Nadie quedó afuera de esa radiografía: están los gobernantes, los parlamentarios, los empresarios (no eran mala palabra entonces), los militares, los científicos, los maestros de renombre, los artistas de diferentes disciplinas y los escritores. Con cifras y datos elocuentes muestra a los inmigrantes que aún seguían llegando a Montevideo y encontraban aquí la esperanza, el trabajo y el futuro que sus patrias les negaban.

Leerlo sirve para comprender muchas cosas, pero también para preguntarse otras tantas. A través de sus páginas se comprueba cómo la paz que sobrevino a la Guerra de 1904 y la institucionalidad que colorados y blancos le aseguraron al país, posibilitó el crecimiento económico.

De la lectura uno concluye que los hombres de aquel tiempo tenían fe en el Uruguay y poseían una mirada a largo plazo y un compromiso mayor con su país. En esos años, en Montevideo y en las capitales departamentales, se construyeron los edificios más importantes y de mayor calidad, que le dieron identidad propia a la ciudades. Asombra la cantidad de escuelas que se hicieron, entre muchísimas otras, la escuela Felipe Sanguinetti sobre la avenida 8 de Octubre. La red ferroviaria cubría todo el territorio. La Estación Central de Ferrocarriles era un orgullo arquitectónico de la ciudad. Es cierto, el servicio de trenes y la mayoría de las líneas de tranvías, eran propiedad de capitales ingleses.

Uno puede pensar que adentrarse en El Libro del Centenario, es hacer un viaje nostálgico a un tiempo pretérito. Puedo asegurar que no. Recorrer esas páginas es comprobar que hubo un país habitado por hombres y mujeres que tenían fe en sí mismo. Que eran liderados por una clase política que miraba hacia adelante a sabiendas que el porvenir se construye día a día. Leer El Libro del Centenario le sería muy útil a los que gobiernan hoy, porque se darían cuenta que el Uruguay democrático, próspero, socialmente justo y de igualdad de oportunidades para su gente, se comenzó a construir y en paz, noventa años antes de 2005. A los opositores también se los recomiendo, porque de su lectura podrían aprender cómo las grandes transformaciones se fueron gestando en el país, teniendo como norte el bienestar de todos. Advierto que El libro del Centenario no se encuentra en librerías, pero sí está en la Biblioteca del Palacio Legislativo y en casi todas las bibliotecas del país.

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