Danilo Arbilla
Danilo Arbilla

¿Quién le teme a Guido Manini?

La respuesta concreta no la tengo. Pero puedo especular, barajar datos, hacer mi análisis.

Por muy mal que lo haga pienso que no voy a caer en las contradicciones -en la prensa y ante la justicia- del presidente Tabaré Vázquez, del secretario Miguel Ángel Toma y del exsubsecretario de Defensa Daniel Montiel. Todo muy feo. No creo incluso que pueda llegar a conclusiones como las del fiscal Rodrigo Morosoli respecto al “caso Gavazzo-Gomensoro”: todos inocentes y archivados, menos Manini.

Lo único cierto hasta ahora es que a todos -incluido al excomandante del Ejército- les viene muy bien que Jorge Menéndez, ministro de Defensa, haya fallecido.

Volvamos a la pregunta. Pienso que a quien más le inquieta el candidato de Cabildo Abierto es al colorado Ernesto Talvi. Le viene pisando los talones. No es improbable que con el pasar de los días le quite el lugar preferencial para reclamar y embroncarse por quedar fuera del debate por TV.

El que podría temerle algo es Luis Lacalle Pou, segundo cómodo en los muestreos y uno de los favoritos para pelear la presidencia en una segunda vuelta. Esa “victimización” -como gusta manejarse en los mentideros políticos- puede empujar a muchos indecisos a decidirse por Manini. Sobre todo los que no solo quieren el cambio si no que están podridos del gobierno y del Frente Amplio y ansían una sonora bofetada para bajarle los humos y como respuesta a su soberbia, a las arbitrariedades, y el mal manejo de la economía, de la seguridad ciudadana, de la educación y todo lo relativo a las “manos en la lata”.

Esos votos, en circunstancias normales, sin estas cosas raras, deberían en su mayoría ser de Lacalle. No es que esté en riesgo su liderazgo, pero le puede quitar algo de respaldo y fuerza para su propósito de gobernar, llegado el caso, en alianza con todo el bloque opositor.

El que no tendría razón para temer es el FA. Ningún voto frentista -militante o tradicional- se va a pasar a Cabildo Abierto y muy difícil que los indecisos que están cómodos o no les va tan mal, se decidan por eso o por el tema Venezuela. Por muy vergonzosa que sea la política exterior del gobierno, no creo que incida en el elector (además no podrían estar indecisos ante algo tan claro: se está a favor o en contra de la dictadura y de la violación de los derechos humanos en Venezuela).

Veamos algunos comentarios. Carlos Tanco, más conocido y superconocido como Darwin Desbocatti, entre otras cosas dijo en emisora del Sol: “Morosoli le arrimó muchos votos a Manini y eso antes de que hablara Murro. Así que imagínense”.

“Más que sospechosa es alevosa esa conclusión del fiscal de que el único que se ha portado mal sea Manini”.

“Los ataques del Ejecutivo son más votos para Manini”… “y si siguen en este empeño, la campaña le saldrá gratis”.

“Toma hizo lo que quiso, dijo lo que quiso… y al Fiscal en ningún momento le llamó la atención las volteretas entre lo que dijo a la prensa y a él”.

“No sé si van a lograr meterlo en el balotaje pero su libro va a ser un best seller”.

Parece joda, pero no lo es. Tanco es uno de los mayores analistas políticos del país, y no se atiene a lo políticamente correcto.

Dados los hechos podría decirse que Manini es un invento del Gobierno. Quizás involuntario, al principio. Hoy ya parecería que se está en una búsqueda de la polarización.

El camino elegido es muy peligroso. Óscar Bottinelli alertó ayer en El Observador sobre lo que está pasando: “Esta judicialización política ensucia el concepto de elecciones libres y justas de una de las nueve repúblicas de democracia plena que existen en el mundo. Allí está su importancia y su gravedad. La judicialización política -como la politización de las funciones judiciales de los parlamentos- es uno de los elementos que ha irrumpido en las últimas décadas como afectación de las poliarquías. Y no es un fenómeno que afecte a la derecha o a la izquierda, sino a todos, según el lugar y el momento”.

En más de un artículo alertamos sobre que esta sería una campaña sucia. Se abusa de los instrumentos del Estado y se usan a favor del candidato oficialista o del gobierno; los cuer- pos colaterales -Pit-Cnt, FEUU, oficina de DDHH- se desenmascaran sin pudor y con arrogancia. Parece que no hay límites y que están dispuestos a utilizar cualquier recurso. Estamos ante algo muy serio, como lo señalo Bottinelli.

Lo que más me llama la atención es la indiferencia de los otros candidatos (Lacalle hizo una referencia, pero no más).

¿No les preocupa? ¿No les parece que el Ejecutivo ha actuado mal y que inquieta el proceder del fiscal (y aún no se sabe cómo actuará la jueza que ya apresuradamente cito a Manini)? ¿Hay cancha libre para el Frente Amplio? ¿No saben de la doctrina y el dogma a que se aferran y no ven lo que hacen y han hecho a lo largo de la historia sus correligionarios?

Es a todo esto que hay que temerle. Y falta todavía un mes.

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