Björn Lomborg
Bjorn Lomborg

Cuidado con el cambio climático

¿Cuál es el objetivo de las políticas sobre el cambio climático? Hacer del mundo un lugar mejor para todos nosotros y para las generaciones futuras. Debemos frenar los aumentos de temperatura y ayudar a que los más vulnerables puedan adaptarse.

Pero las actuales -y muy populares- políticas climáticas de desplegar paneles solares y turbinas de viento aumentan los costes de la energía, perjudican a los pobres y reducen las emisiones de manera ineficaz.

Reducir el calentamiento global es solo una de las muchas cosas que podemos hacer para conseguir que el mundo sea mejor. También deberíamos invertir en atención sanitaria, educación y tecnología. Pero no podemos hacerlo todo. La política climática actual es tan costosa y lastrará tanto las posibles ganancias futuras en el PIB, que dejará menos dinero para políticas que aumentan la riqueza.

Las políticas climáticas inteligentes, como una mayor investigación en energía verde y la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles, deberían ser definitivamente parte de las soluciones. Necesitamos centrarnos más en las políticas más eficaces. Una de ellas es evitar la desnutrición en los dos primeros años de vida de un niño, lo que cuesta unos US$ 100 por niño. Dado que una buena nutrición ayuda a desarrollar el cerebro del niño, conduce a una mejor educación y a una productividad enormemente mayor en la edad adulta. De hecho, los US$ 100 gastados en nutrición aumentarán de media los ingresos de cada niño en US$ 4500 a lo largo de su vida. Cada dólar gastado en la lucha contra la malnutrición infantil genera US$ 45 de bienestar social. También hay razones de peso para emplear más recursos en la lucha contra la principal enfermedad infecciosa mortal del mundo, la tuberculosis. Esta enfermedad es muy pasada por alto por los filántropos y los gobiernos. La tuberculosis mata sobre todo a los adultos en el mejor momento de sus vidas, dejando a los niños sin padres. Por unos 6.000 millones de dólares anuales, podríamos salvar la vida de casi 1,6 millones de personas cada año. Los padres podrían seguir trabajando y los niños no quedarían huérfanos. Cerrar la brecha de acceso a la anticoncepción también sería un logro transformador. En los países pobres hay 214 millones de mujeres en edad de procrear que desean evitar el embarazo, pero que no utilizan un método anticonceptivo moderno. Resolver este desafío costaría solo 3.600 millones de dólares por año más que lo que se gasta hoy. Esto evitaría que 150.000 madres mueran cada año en el parto, debido a un menor número de embarazos. Cada dólar gastado en anticoncepción y educación en planificación familiar generará US$ 120 de beneficios en las sociedades más vulnerables. Desafortunadamente, en torno a una cuarta parte de la ayuda extranjera se desvía a proyectos de "ayuda climática".

El dinero que se gasta actualmente solo en ayuda climática podría financiar todas estas intervenciones en anticoncepción, tuberculosis, malaria, inmunización y nutrición, y aún sobraría dinero.

Si realmente queremos hacer del planeta un lugar mejor, debemos tener mucho cuidado de que nuestra preocupación por el cambio climático no nos distraiga de otros problemas cruciales.

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