PERFIL ACADÉMICO

La mitad de los estudiantes de la UdelaR no tiene familiares con títulos universitarios

El relevamiento encontró, además, que entre los “pocos” que terminan el bachillerato hay un alto porcentaje que sí se inscribe en la universidad.

Fachada de la Universidad de la República. Foto: Gerardo Pérez
La descentralización de la oferta educativa y las becas incrementaron la movilidad social. Foto: Gerardo Pérez

Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, no ha pasado desapercibido con sus frases. Cuando le preguntaron por qué conformó un gabinete paritario, respondió: “Porque estamos en el 2015”. Cuando le consultaron por el aborto, señaló: “No es el rol de ningún gobierno legislar en lo que una mujer decide hacer con su cuerpo”. Y cuando se presentó ante la elite empresarial, en Davos, expresó: “Los canadienses saben que lo que se necesita para crecer y prosperar no es solo lo que está bajo nuestros pies (los recursos naturales), sino lo que tenemos entre los oídos (el cerebro)”.

Más de la mitad de los adultos canadienses tiene título universitario. Se trata de un logro al que solo se le acercan tres países en el mundo, los tres asiáticos. América Latina, en cambio, mira desde lejos este desarrollo. Menos de la séptima parte de su población acabó la formación terciaria. Y Uruguay, a su vez, está más rezagado que el promedio regional.

Pero entre ese bosque de malas noticias florece una esperanza: la mitad de los estudiantes de la Universidad de la República son la primera generación de su familia en alcanzar la formación terciaria. No solo eso: entre los nuevos alumnos, esos que ingresaron a la UdelaR por primera vez en 2018, el porcentaje asciende del 49% al 54%. Así lo demuestra el relevamiento continuo que presentó ayer la Dirección General de Planeamiento.

En la trayectoria educativa de los uruguayos parecen convivir dos fenómenos contradictorios. Por un lado, hay una especie de embudo que va eliminando a los estudiantes por el camino. El dato más contundente es que menos de la mitad de la población finaliza la enseñanza obligatoria en tiempo y forma. O, más concluyente aún, menos de la mitad ni siquiera lo logra a destiempo. Eso hace, según el rector de la UdelaR, Rodrigo Arim, “que el trecho de crecimiento de la universidad es mucho más grande” que los avatares de la demografía.

Pero, por otro lado, entre los “pocos” que terminan el bachillerato, “es alto el porcentaje que luego se inscribe a la universidad”, dijo el sociólogo Nicolás Fiori, quien presentó los datos de seguimiento estudiantil. De hecho, en este aspecto “Uruguay está al nivel de los países más desarrollados”. Eso, sumado a las becas, la descentralización de la oferta educativa y otras políticas, explica para el analista que mejore el ascenso social.

Dos de cada diez alumnos de la UdelaR reciben, o recibieron alguna vez, una beca que les permite estudiar. “En la mayoría de los casos es una beca del Fondo de Solidaridad, en menor medida de la propia universidad y, en menor medida todavía, de otros orígenes como intendencias departamentales o sindicatos”, dijo Fiori.

El informe estadístico muestra, además, que crece la oferta educativa en el interior del país, captando así a un público que anteriormente debía trasladarse hasta la capital.

Estudiantes en un salón de universidad. Foto: Archivo El País
Estudiantes en un salón de universidad. Foto: Archivo El País

Unos 19.000 alumnos acuden a centros fuera de Montevideo, lo que equivale al 10% de la matrícula universitaria.

Hay un dato que, según comentó el decano de Economía, Jorge Xavier, explica todavía mejor el proceso de descentralización: mientras la tasa de nuevos ingresos a toda la UdelaR aumenta, en promedio, algo más del 4% por año, en el interior lo hace a un ritmo del 15%. “Es impresionante”, afirmó.

Entre las autoridades de la UdelaR, la buena noticia de la movilidad social fue tomada con moderación. ¿Por qué? Otros indicadores presentados ayer, advierten que pese a la crecida de la matrícula y su heterogeneidad, aún persisten obstáculos que dificultan el exitoso camino de los estudiantes. Uno de ellos es el trabajo.

De los 135.757 estudiantes de la UdelaR, más de la mitad trabaja. Y de quienes están empleados, más del 70% le destina a sus labores 30 o más horas a la semana. Pese a que el estar ocupado puede parecer una buena señal, lo es siempre y cuando no impida el seguir estudiando. También lo es cuando se trabaja de lo que se estudia, beneficio que solo goza la mitad.

El perfil del estudiante de UdelaR

¿Emancipados? El 45% vive en la casa de sus padres. A la inversa, son pocos (13%) los estudiantes que tienen al menos un hijo.

¿En pareja? El 77% está soltero. El 14% está en pareja en una unión libre. El 7% está casado y el resto divorciado o es viudo. En menos de 30 años se invirtió la relación entre las uniones libres y los casamientos.

¿Jóvenes? En promedio, un estudiante de la UdelaR tiene 26 años. Y la edad más repetida -esa que tiene la mitad o más del alumnado- es de 24 años. En cualquiera de los casos, señaló el sociólogo Nicolás Fiori, “es una población más envejecida que el promedio de universidades de la región”.

¿Feminizada? Seis de cada diez matriculados en la UdelaR son mujeres. En el área de salud, el porcentaje crece. En las áreas tecnológicas, cae. El extremo es Ingeniería, que tiene solo un tercio de mujeres.

¿Públicos? El 23% de los estudiantes acabó el bachillerato en un colegio privado. Y la mitad del alumnado de la UdelaR acudió a un privado alguna vez.

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