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Food halls salen de la capital argentina y llegan a Córdoba

Patios de comida se crean en viejas edificaciones con valor patrimonial

Inversión. El nuevo patio de comidas demandó cerca de US$ 700.000.  (Foto: La Nación/GDA)
Inversión. El nuevo patio de comidas demandó cerca de US$ 700.000. (Foto: La Nación/GDA)

Los polos gastronómicos culturales ganan adeptos y un caso es Mercado Alberdi, el proyecto que se levantó en el corazón del histórico barrio de la ciudad de Córdoba. El mismo funciona en el predio de la ex Usina Mendoza y promete ser una de las atracciones turísticas de la ciudad.

«Nació con la intención de crear un espacio gastronómico dentro de la ‘Plaza de la Música’. La idea era que Córdoba también se sumara a esta tendencia mundial de los food halls», dice Analía Jacoud, una de sus responsables.

«Este proyecto se inspiró en el Mercado San Miguel de Madrid. A ambos los une el pasado industrial. Hoy el antiguo edificio de la usina eléctrica es sede de shows artísticos. Mercado Alberdi se creó de cero y convive en armonía con el inmueble original. Para ello se recrearon paredes de ladrillos desgastadas, techos industriales y la estructura de baños, así como las columnas y capiteles», agrega.

Diseño. El edificio mantiene el aire industrial de los grandes mercados. (Foto: La Nación/GDA)
Diseño. El edificio mantiene el aire industrial de los grandes mercados. (Foto: La Nación/GDA)

El espacio gastronómico, que demandó una inversión de US$ 700.000 y que está abierto desde octubre último, cuenta con 11 locales que ofrecen propuestas que van desde lomillos, pizzas, sushi, comida árabe hasta tragos y cerveza, entre otros. En un futuro la idea es duplicar la oferta de locales.

Con Mercado Alberdi se completó el trabajo de re-funcionalización de la ex Usina Mendoza, un sitio de gran valor histórico y arquitectónico de la ciudad. «Creemos que el lugar se instala como un punto de encuentro y disfrute para los cordobeses y para todo aquel que visite la ciudad», cuenta José Palazzo, otro de los responsables del proyecto.

Integrando la historia

El arte cumple un rol fundamental en esta propuesta comercial. Para ello, convocaron a Michael MacLeod. El reconocido escultor y director de arte, participó en la construcción, dirección de arte y fabricación de elementos arquitectónicos especiales que son los que hoy le dan identidad al espacio. Además, varias de sus obras hoy tienen espacios de privilegio en el hotel Atlantis de Dubai, en el Hotel & Casino MGM de Macau, China y en el Hotel Factoría-La Alondra de Asunción en Paraguay, entre otros. En Nueva York, intervino y restauró la mayoría de las fachadas importantes de la Gran Manzana como, por ejemplo, el edificio de la Bolsa de Valores, el Carnegie Hall y el icónico edificio Woolworth en Manhattan.

Ahora su impronta artística se observa en cada rincón del Mercado Alberdi desde las grandes instalaciones artísticas hasta en detalles de techos, mostradores y hasta las barandas de las escaleras.

«La propuesta consistió en crear una identidad única, concebida a partir de una narrativa elaborada y desarrollada para justificar la existencia de la obra. MacLeod y su equipo crearon el concepto y realizaron las piezas arquitectónicas y dirección de arte», explica Jacoud.

Para MacLeod su función fue darle un nuevo sentido al espacio. «La gente encontrará en el lugar espejos de otros tiempos que conservan las manchas de humedad que dejaron el paso de los años, las chimeneas exteriores, las cicatrices de la lluvia y el trabajo del tiempo. Durante la reconstrucción encontramos en cajas arrumbadas piezas de porcelana que pertenecían a la vieja industria eléctrica. Esos artefactos hoy iluminan los mostradores y forman parte de los dos imponentes candelabros que están en los extremos y que recuerdan esos días de hierro y sol», dice el artista.

Otorgarle un nuevo propósito a las viejas construcciones es una de las principales tendencias para espacios de esparcimiento y el Mercado Alberdi no será la excepción. «Hay muchísimos casos de éxito en proyectos de este tipo en todo el mundo, como el Chelsea Market en Nueva York y el Mercado de San Miguel en Madrid, entre otros. Acá debíamos hacer algo similar. Ese era mi desafío», concluye MacLeod.

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