PAULO LEVY

El desafío del crecimiento

La economía brasileña presenta algunas señales tenues de reversión de la trayectoria de retracción que persiste desde el segundo trimestre de 2014. La producción industrial creció 1,1% en junio respecto al mes anterior— el cuarto mes consecutivo de variación positiva, donde el sector de bienes de capital viene liderando la recuperación— movimiento hasta cierto punto sorprendente, dada la fragilidad reciente de la inversión.

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Real brasilero. Foto: Archivo El País

El aumento de la confianza de empresarios y consumidores y el efecto desfasado de la depreciación del Real, están entre los factores que contribuyeron para la mejora. La balanza comercial pasó de un déficit acumulado en 12 meses de casi 10 billones de dólares en diciembre de 2014 para un superávit de cerca de 40 billones de dólares en julio de 2016, influenciada principalmente por la fuerte baja de las importaciones (-25%), asociada a la retracción de la actividad económica. Sin embargo, los volúmenes exportados también han contribuido para esa reversión, habiendo crecido en torno de 15% en la comparación interanual. Su impacto sobre la balanza comercial es en parte neutralizado por la fuerte baja en los precios, que caían en torno del 13% en el segundo trimestre.

No es posible, sin embargo, ser muy optimista en cuanto al ritmo y la intensidad de la recuperación en curso. La producción industrial todavía es 9% inferior a la de un año antes, las ventas del comercio minorista están cayendo (-10% en mayo en relación a igual mes de 2015), el desempleo aumenta y los ingresos caen en términos reales, lo que reduce el potencial de la demanda interna. El sector servicios, responsable por cerca de 2/3 del PIB, aún se encuentra en retroceso y empuja para abajo el crecimiento. La inflación, aunque declinante, se encuentra presionada por un choque de precio de los alimentos, en parte transitorio por razones climáticas, en parte de carácter más permanente asociado a la desvalorización del tipo de cambio. La perspectiva es de reducción de la tasa de interés, actualmente en 14,25% anual, a partir del segundo semestre de 2016, aunque permanecerá elevada en términos reales.

La continuación de ese movimiento de recuperación depende crucialmente del encaminamiento de las cuestiones estructurales que determinaron la reversión del ciclo anterior de expansión. Esas cuestiones —fiscal, previsional, regulatoria, laboral y, tal vez la más importante, política— están en el origen del agotamiento del experimento desarrollista colocado en práctica después de 2006 y precisan ser enfrentadas por medio de reformas que exigen fuerte apoyo político por involucrar , frecuentemente, cambios constitucionales.

El reequilibrio de las cuentas públicas y la implementación de reformas que produzcan un ambiente de negocios más favorable a las inversiones y el aumento de la productividad son pre-requisitos para que la economía pueda retomar el crecimiento a tasas más elevadas de loas que prevalecieron entre 2011 y 2014, antes de que la economía entrase en el actual período recesivo. Es importante notar que las dos cuestiones no son independientes: el ajuste fiscal o, por lo menos, la percepción de su adecuado encaminamiento en una perspectiva de reversión de la trayectoria de crecimiento de la deuda pública a mediano plazo, es fundamental para el aumento de la confianza en la economía y, por tanto, para una recuperación de la demanda doméstica, especialmente de las inversiones. Sin embargo, el desequilibrio fiscal alcanzó un nivel tan elevado que apenas la reducción de los gastos públicos— conforme la propuesta constitucional que congela su valor en términos reales, ya enviada al Congreso— no será suficiente para impedir que la deuda pública continúe creciendo en los próximos años. La reforma previsional —introducción de la edad mínima para jubilarse y modificación en el cálculo de beneficios— es un elemento importante de ajuste fiscal de mediano plazo, y su aprobación —a pesar de las fuertes resistencias— debe mejorar significativamente las expectativas, pero su efecto sobre las cuentas públicas a corto plazo es reducido.

Por tanto, es preciso estimular la recuperación del crecimiento para aumentar la recaudación. En parte, eso deberá ocurrir con la reducción de las tasas a medida que la inflación converge en la meta de horizonte relevante para el Banco Central, actualmente fijado en 2017, proceso que tiende a beneficiarse también de la reciente valoración cambiaria que ha reflejado, en parte, el ambiente internacional favorable. Sin embargo, la recuperación cíclica debe tomar nota del hecho de que el crecimiento potencial, especialmente en lo que se refiere a la productividad total de los factores, se redujo mucho en los últimos años. Serás preciso entonces enfrentar reformas en otras áreas.

Entre ellas se destaca el marco regulatorio en infraestructura. Existe una gran expectativa de que este año se puedan reanudar las subastas de concesiones de transporte (carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos), basadas en normas más flexibles y mayor poder de atracción para los inversores privados. Reformas adicionales incluyen la flexibilización del mercado de trabajo, permitiendo que acuerdos entre trabajadores y patrones, mediados por los sindicatos, atiendan las necesidades sectores o momentáneas de las empresas, y la revisión del sistema tributario, con el objetivo de simplificación y una mayor eficiencia. En este terreno, las discusiones apenas han comenzado.

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