OPINIÓN

Las condiciones necesarias para un nuevo ciclo de crecimiento económico en Brasil

Está pendiente completar el ajuste fiscal, que será tarea del nuevo presidente.

Foto: Pixabay
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Desde las manifestaciones de 2013, la economía brasileña ha atravesado un período largo y problemático, en gran parte causado por la política. En la economía misma, entramos en una crisis duradera en el segundo trimestre de 2014, que terminó solo a fines de 2016.

La reanudación fue muy lenta. Cuando nos golpeó la pandemia, el mercado laboral aún estaba lejos de recuperarse por completo.

Sin embargo, desde el tercer trimestre de 2020, la actividad se está recuperando rápidamente. En el primer trimestre de este año ya estábamos operando al nivel anterior a la crisis, pero de forma muy heterogénea.

En medio de toda esta confusión, a pasos agigantados, la economía ha ido construyendo desde 2015 las condiciones para un largo ciclo de crecimiento.

En esta columna, presentaremos la dinámica de ajuste inconcluso actual, así como intentaremos documentar el paralelismo entre el proceso actual y el observado entre 1998 y 2005.

La construcción de condiciones macroeconómicas para un ciclo de crecimiento aparece en las siguientes estadísticas: cuentas públicas, sector externo, tipo de cambio real, salarios y rentabilidad del sector privado.

Es difícil monitorear la situación fiscal, ya que cambia mucho con el ciclo económico. Las condiciones se agravan si hay una pandemia y si el país sufre choques externos intensos, como es el caso de una economía especializada en la producción de commodities como Brasil.

La variable fiscal que consideramos es el superávit primario recurrente del sector público consolidado —Unión, estados y municipios— ajustado al ciclo económico. Los ingresos y gastos no recurrentes, como los ingresos por privatizaciones o los gastos pandémicos, no se tienen en cuenta.

Evidentemente, el cálculo del resultado primario estructural depende de la construcción de una medida de la posición cíclica de la economía en el tiempo. Bráulio Borges, mi colega de FGV IBRE, presentó un conjunto de estas medidas en el Blog del IBRE (1).

En posesión de la trayectoria de la brecha de recursos: si es positiva, hay pleno empleo; y ocurre lo contrario, si es negativo; Borges calculó el resultado fiscal primario estructural.

De 1998 a 2003, el primario estructural mejoró en 4,5 puntos porcentuales (p.p.) del PIB: de un déficit del 1,2% del PIB (1997) a un superávit del 3,3%. Desde 2015, la primaria estructural ha mejorado en 1,6 p.p. del PIB: de un déficit del 1,5% del PIB en 2014 a un superávit del 0,1% en 2020.

A fines de 1997, las exportaciones netas acumuladas en el año —datos del IBGE a precios constantes de 1995— presentaban un déficit del 3% del PIB. A finales de 2005, alcanzaron un superávit del 4,3% del PIB. Facturación de 7,3 p.p. del PIB.

En el ciclo actual, al cierre de 2014 las exportaciones netas tuvieron un déficit del 3,7% del PIB y cerraron 2020 con un superávit del 0,8% del PIB, con un repunte de 4,5 p.p. del PIB.

El mismo proceso se puede observar con el tipo de cambio. Para calcular el tipo de cambio real, lo deflactamos por la diferencia entre la inflación brasileña y la inflación promedio de los socios comerciales. El peso de cada socio está dado por la participación en la corriente del comercio con Brasil (2). El tipo de cambio pasa de R $ 2,6 por dólar a fines de 1997 a R $ 4,8 a fines de 2004 (el pico se produjo en el cuarto trimestre de 2002), cuando el intercambio real alcanzó R $ 6,0), con una devaluación del 85%. Todos los valores están a los precios del segundo trimestre de 2021. En el movimiento actual, el tipo de cambio pasa de R $ 3,7 a R $ 5,3 en el segundo trimestre de 2021, una devaluación real del 43%.

En el ajuste de finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, hubo una reducción de los salarios reales. Entre 1997 y 2004, los salarios, medidos por el ingreso promedio real habitual de la Encuesta Nacional por Muestra de Hogares (PNAD), cayeron de R $ 2.010 a R $ 1.658, una reducción del 17%.

No hay caída en los salarios reales para el ingreso promedio real habitual de la PNAD en el reciente ciclo de ajuste macroeconómico. La variable pasó de R $ 2.483 en 2014 a R $ 2.602 en 2020. Sabemos, sin embargo, que el mercado laboral se vio muy afectado por la pandemia y que la composición de la fuerza laboral ha cambiado profundamente.

Es posible que el aumento de los salarios sea el resultado de la mayor participación, en la población ocupada, de los trabajadores más calificados del sector formal, quienes fueron los menos afectados por la crisis pandémica.

Daniel Duque, mi colega de FGV IBRE (3), realizó un análisis que consideró ocho grupos de trabajadores: dos categorías educativas, hasta bachillerato y superior; dos sectores, agricultura e industria (primer sector) y servicios (segundo); y la naturaleza del contrato de trabajo, ya sea formal o informal (4).

Con base en el cuarto trimestre de 2014, hasta el primer trimestre de 2021 el salario, manteniendo constante la composición de la fuerza laboral en las ocho categorías, se redujo en un 12%.

Si los salarios reales caían, la rentabilidad empresarial aumentaba. Los datos de Economática muestran que, para las empresas que cotizan en bolsa, la generación de efectivo como proporción de las ventas (5) aumentó del 15% en 1997 al 27% en 2004. En el ciclo actual, la misma estadística pasó del 16% en 2014 a 23 % en 2020.

¿Qué queda para el ajuste? Completar el ajuste fiscal. Como hemos visto, según la medida de Bráulio Borges, el año 2020 finalizó con un superávit primario estructural del 0,1% del PIB. Para estabilizar la deuda pública es necesario construir un superávit primario estructural en torno al 3-3,5% del PIB, entre R $ 200 y R $ 250 mil millones.

Evidentemente, esta estimación del ajuste fiscal adicional depende del cálculo correcto (mencionado anteriormente) de que, ya en 2020, existía un superávit del 0,1% del PIB en términos cíclicos. Además, las inversiones públicas son muy bajas. Deberán reiniciarse. Así, dependiendo de las hipótesis y el gasto requerido para restaurar la capacidad de inversión del sector público, la brecha fiscal podría ser mayor, llegando a R $ 350 mil millones.

Este será el gran desafío para el próximo presidente. Tendrá que terminar de construir el ajuste fiscal estructural, junto con el Congreso. Será un menú que incluirá mayores ingresos, reducción de subsidios o reformas que reduzcan el gasto (o su tasa de crecimiento).

Cabe recordar que Lula impulsó un fuerte ajuste en 2003. El superávit primario estructural pasó de 1,9% del PIB en 2002 a 3,3%, un ajuste de 1,4 p.p. del PIB. En gran medida, la bonanza que cosechó Lula fue consecuencia de este virtuoso comienzo de su gobierno. Espero que ese arreglo haya sido suficiente para que la sociedad y los políticos aprendan la lección.

(*) Investigador asociado de FGV (Fundación Getulio Vargas) – IBRE (Instituto Brasileiro de Economía). Artículo elaborado para Cojuntura Econômica.

1) Disponible en: https://blogdoibre.fgv.br/posts/evaluar-cuatro-distintas-estimaciones-de-pausas-de-productos-para-Brasil.
2) Agradezco los cálculos de cambio real a mi compañero de IBRE Lívio Ribeiro.
3) Ver la publicación de Daniel Duque en el Blog de IBRE: https://blogdoibre.fgv.br/posts/renda-dotrabalho-tem-trajetoria-negativa-por-categoria Ocupacional-nos-ultimos-anos-o-que-e.
4) La combinación de tres criterios de clasificación, con dos grupos para cada criterio, da como resultado ocho grupos diferentes de trabajadores.
5) La generación de efectivo viene dada por la ganancia antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización, conocido como lajida. La medida de facturación es el ingreso operativo neto, dado por la facturación neta de impuestos indirectos, es decir, ISS, ICMS, PIS / Cofins e IPI.


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