EDITORIAL

Elecciones en Chile

El exitoso proceso chileno deja una gran enseñanza: es posible tener gobiernos de izquierda y conducir una política exterior que entienda y atienda las necesarias aperturas comerciales del país. Aquí, con el Frente Amplio, eso es imposible.

Mañana en Chile se vota la primera vuelta presidencial y opciones parlamentarias claves. El favorito según todos los sondeos de opinión, es el candidato presidencial de la derecha Sebastián Piñera, quien probablemente deberá enfrentar en una segunda vuelta al oficialista Alejandro Guillier el próximo 17 de diciembre.

Chile ha cobrado importancia para nosotros en estas semanas porque está sobre la mesa la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) que el año pasado firmaron los presidentes Bachelet y Vázquez. Por un lado, el Frente Amplio ha planteado discrepancias muy fuertes con relación a este acuerdo. Incluso más, trascendió hace algunos días que la izquierda en el Parlamento no apurará ningún trámite para urgir su ratificación, ya que ha decidido esperar los resultados electorales trasandinos.

Por otro lado, los partidos de oposición en general y sobre todo el Partido Nacional, ya han señalado claramente que frente a las dificultades que tiene el presidente en el Parlamento con su propia fuerza política, ellos están dispuestos a garantizar con sus votos la ratificación de este TLC. Es una decisión importante porque marca un rumbo de cooperación fundamental en política exterior. Y lo es también porque la política exterior de Vázquez-Nin tiene como objetivo avanzar en estas aperturas comerciales bilaterales y por tanto precisa de apoyos parlamentarios pluripartidarios, ya que evidentemente no cuenta con el sustento del Frente Amplio.

En efecto, el último argumento de la casa Líber Seregni, que consistió en afirmar que no sería conveniente ratificar el TLC con Chile por la eventualidad de un posible triunfo de Piñera, da francamente vergüenza ajena. Primero, porque no entiende que la política exterior de Chile ha fijado un rumbo aperturista formidable sobre todo a partir de iniciativas de gobierno tomadas por la izquierda: así, por ejemplo, los TLC firmados con Estados Unidos y con la Unión Europea en el período de presidencia del socialista Ricardo Lagos (2000-2006). Así también, hace algunos días nada más, se produjo la ratificación y actualización del TLC de parte de la actual presidenta de izquierda Bachelet con China. Si eventualmente ganara Piñera las elecciones presidenciales, no habrá ningún cambio sustancial en las políticas comerciales de ese país que ponga en tela de juicio lo que es una política de Estado chilena que ya lleva lustros.

Segundo, porque muestra hasta qué punto el Frente Amplio cree que la política exterior de un país se fija en función de afinidades ideológicas con gobernantes de turno. Pocas definiciones de la izquierda en el poder han sido más infantiles, pueriles, menores, ahistóricas y torpes que esta. Allí está, justamente, el caso de una izquierda responsable en el gobierno como la chilena, capaz por ejemplo de oponerse por un lado en 2003 a la invasión de Irak por parte de Estados Unidos, mostrando claramente que no existía ninguna afinidad ideológica por aquel entonces con Washington, y por otro lado negociando al mismo tiempo la apertura comercial recíproca con esa capital.

En la casa Líber Seregni todo esto tan profesional y tan evidente, no se entiende, no se admite, no se concibe. Para el adolescente mundo del Frente Amplio, si se es amigo del gobierno de turno entonces se hacen negocios, y si no, se encajonan los acuerdos alcanzados, incluso si quien logra esos acuerdos ha sido el jefe de esa fuerza política, como es el caso de Vázquez.

Más allá de los resultados concretos de las elecciones chilenas de mañana, mirar un poco más de cerca el proceso político de ese país deja una gran enseñanza: es posible tener un gobierno de izquierda, como el caso del de Bachelet, capaz de conducir una política exterior que defienda los intereses nacionales. Que busque la apertura comercial para beneficio del trabajo y de la empresa del país: allí está Chile formando parte del acuerdo transpacífico de cooperación económica que continúa adelante a pesar del retiro de Estados Unidos. Que no reniegue de valores democráticos fundamentales: allí está la embajada de Chile en Venezuela, por ejemplo, dando cobijo a los dirigentes opositores a la dictadura de Maduro, esa que el Frente Amplio sigue apoyando vergonzosamente.

Es posible ser gobernado por una izquierda democrática y aperturista. Si Piñera llega al poder no se pondrán en tela de juicio los grandes principios de política exterior con los que la izquierda y la derecha en Chile están de acuerdo. Que el Frente Amplio mire a Chile: tiene allí mucho para aprender.

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